Que en Jueves Santo puede llover y que las procesiones no puedan salir a la calle por ello, no es nada anormal. Sí lo es en cambio el empeño de las Cofradías por no plegarse ante el mal tiempo. Un empecinamiento que en el caso de la Cofradía del Rocío pudo costar caro pero que, finalmente, permitió vivir momentos más épicos que trágicos, cuando sobre el Cautivo y el Rocío la lluvia se convirtió en chuzos, y un tremendo aguacero terminó por cubrir la popular procesión del Barrio de la Victoria.
Ese mismo empeño, pero en circunstancias mucho más favorables, permitió que el Cristo de la Paz pudiera realizar una corta estación de penitencia en la Plaza de Menéndez Pelayo, y que los cofrades del Flagelado vivieran el Jueves Santo en su Casa de Hermandad, mientras que un preso era liberado en el Barrio de la Victoria al paso del Cristo Cautivo.
Nuestra Semana Santa sigue creciendo en la adversidad y en ese anhelo conquista el corazón de miles de melillenses, más allá de las particulares creencias de cada uno, porque el fervor cuando se hace con extrema devoción siempre es admirable y respetable. Esperemos que este Viernes Santo el tiempo acompañe, las previsiones fallen y nuestra Semana Santa pueda escribir un pletórico broche de oro para nuestras procesiones penitenciales. La histórica procesión oficial y la muy seguida de la Virgen de la Soledad, estarán prestar a salir. Melilla debe arroparlas porque forman parte de nuestra historia, de nuestra tradición y de nuestra identidad.
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