El dibujo como forma de mirar, el color como vehículo para expresar emociones y el contacto con aquello que nos rodea son algunos de los caminos que atraviesan ‘Los Sentidos’, la exposición que la artista plástica Toñi Ortega Caballero inaugurará el próximo 18 de agosto. La muestra, que podrá visitarse hasta el 31 de agosto en horario de mañana y tarde, reunirá 15 obras nuevas junto a otros trabajos anteriores, pequeñas piezas de fotomontaje y composiciones pictóricas que dialogan con la idea central de la propuesta. La inauguración tendrá lugar el mismo día 18, a las 20.00 horas, en un encuentro abierto a quienes quieran acercarse a conocer el trabajo de la artista.
Para Ortega, llegar hasta las artes plásticas no fue tanto una decisión puntual como una inclinación que la ha acompañado desde niña. Recuerda que siendo una niña ya disfrutaba especialmente de los concursos de dibujo y de aquellas actividades aparentemente sencillas en las que había que representar un animal, una figura o cualquier elemento propuesto en clase. Desde entonces, dibujar y pintar se convirtieron en una presencia constante. También encontró en su propia familia un entorno próximo a lo creativo: su madre era modista y tenía facilidad para el dibujo, mientras que su padre había estudiado aparejadores. Un contexto que, aunque no determinara su camino, sí contribuyó a que el dibujo formara parte de su manera natural de relacionarse con el mundo.
Con el paso de los años, esa afición terminó convirtiéndose en formación y posteriormente en una trayectoria vinculada tanto a la creación artística como a la docencia. Ortega ha sido profesora de Dibujo en Secundaria desde 2009 y, desde el pasado año, forma parte de la Universidad de Granada, aunque su labor allí se desarrolla dentro del ámbito educativo y no específicamente en el artístico. Esa experiencia, sin embargo, le ha permitido mantener la creatividad como una herramienta presente en sus proyectos y en su forma de trabajar con los alumnos. Antes de llegar a esta exposición individual, su recorrido también ha estado marcado por iniciativas colectivas, colaboraciones con otros artistas, trabajos de ilustración y proyectos vinculados a la literatura, además de experiencias desarrolladas en colaboración con la Unesco y diferentes espacios educativos y culturales.
‘Los Sentidos’ representa, precisamente, un paso más en ese recorrido. La exposición nace de una idea que llevaba tiempo rondando la cabeza de la artista y que finalmente decidió materializar cuando encontró el momento adecuado para hacerlo. La muestra se construye alrededor de aquello que vemos, tocamos, sentimos y percibimos, pero también de la dimensión emocional que acompaña a esas experiencias. No se trata únicamente de representar los sentidos desde una perspectiva física, sino de explorar cómo estos intervienen en la manera en que las personas se relacionan entre sí y con su entorno.
Las 15 obras nuevas que forman el núcleo de la exposición se mueven principalmente entre el dibujo, el lápiz, la tinta y la acuarela. A ellas se suman otras piezas realizadas con anterioridad, algunos fotomontajes de pequeño formato y trabajos pictóricos de carácter más matérico. La artista ha querido que las distintas técnicas convivan sin que ninguna termine imponiéndose sobre las demás. En ese juego de materiales y procedimientos aparece también su interés por experimentar con diferentes superficies y texturas, una manera de reforzar aquello que pretende transmitir sin cargar excesivamente unas obras que, en su mayoría, no presentan grandes dimensiones, adaptadas a formato A3.
El cartel de la exposición resume de alguna manera esa intención. En él, un ojo de carácter realista concentra la mirada mientras diferentes elementos superpuestos introducen una dimensión táctil y material. Ortega explica que ha recurrido a una especie de rejilla para trabajar sobre la imagen y generar una composición diferente, utilizando técnicas diversas para dotar de mayor fuerza al conjunto. Es precisamente en esa combinación donde aparece una de las características que definen su trabajo actual: una base realista que puede abrirse después a recursos más libres, especialmente en las acuarelas y en el tratamiento del color.
Aunque ha experimentado con distintos lenguajes a lo largo de su trayectoria, el dibujo continúa siendo para ella una de las herramientas fundamentales. En esta exposición, buena parte de las obras parten de una representación realista, aunque posteriormente puedan incorporar manchas de color, transparencias o elementos menos precisos. Ortega entiende el dibujo como la estructura sobre la que después se construye el resto de la obra. Incluso cuando se trabaja directamente con pintura, explica, existe una necesidad de encajar, componer y decidir dónde se sitúa cada elemento. La mancha puede parecer espontánea, pero detrás existe una organización previa que permite que la imagen funcione.
Esa mirada también está presente en su relación cotidiana con el entorno. Ser artista, cuenta, ha terminado modificando incluso la manera en la que observa las cosas más comunes. Un paseo por la calle puede convertirse en una sucesión de colores, combinaciones y formas que llaman su atención. Puede reparar en un tono concreto, en una determinada combinación de prendas o en una composición que para otra persona pasaría desapercibida. Es una mirada aprendida y ejercitada durante años, pero también una forma particular de estar en el mundo. El arte, en ese sentido, no se limita al momento en el que se toma un lápiz o un pincel, sino que continúa cuando la artista observa, compara, descubre y encuentra posibles estímulos para una futura creación.
En ‘Los Sentidos’, esa forma de mirar se convierte en materia artística. Una mirada puede representarse a través de un ojo; una caricia, mediante unas manos; el tacto puede aparecer sugerido a través de texturas; y la expresión encuentra uno de sus espacios más singulares en una serie inspirada en el lenguaje de signos. Esta última parte tiene además un origen personal relacionado con su experiencia docente en la universidad. Ortega recuerda a un alumno que contaba con un intérprete y cómo aquella situación le llevó a reflexionar sobre las diferentes formas que existen para comunicarse cuando las palabras no son suficientes. Las manos, en ese contexto, dejan de ser únicamente una parte del cuerpo para convertirse en una herramienta de expresión, comunicación y vínculo.
La dificultad, reconoce, ha estado precisamente en intentar representar sensaciones que, por naturaleza, no siempre pueden verse. Expresar visualmente un contacto, una emoción o una percepción exige buscar equivalencias. El arte permite acercarse a ellas a través de símbolos, gestos, texturas, colores o composiciones que sugieren aquello que no puede mostrarse de manera literal. Esa búsqueda es uno de los aspectos que más interés despierta en una exposición concebida desde una idea tan cotidiana como profunda: la forma en la que los seres humanos perciben y sienten lo que ocurre a su alrededor.
Detrás de cada una de las piezas existe, además, un proceso mucho menos inmediato de lo que podría parecer al contemplar el resultado final. Ortega suele comenzar buscando referencias visuales y estudiando distintas posibilidades antes de decidir cómo quiere construir una obra. Si necesita representar una mano, una caja o una determinada postura, observa diferentes imágenes para encontrar la composición que mejor se adapta a aquello que pretende contar. Después llegan los bocetos, las pruebas y las decisiones relacionadas con el color, la intensidad o la técnica. En el caso de las nuevas obras de ‘Los Sentidos’, ese trabajo previo ha sido especialmente importante porque la intención no era simplemente reproducir determinados elementos, sino encontrar la manera de convertirlos en una experiencia visual que interpele a quien la observa.
La experimentación también forma parte de ese proceso. Ortega recuerda que no existe una fórmula cerrada para crear y que buena parte del aprendizaje artístico procede precisamente de los años de práctica, de la observación y de la capacidad para probar. Materiales, texturas y técnicas pueden combinarse para descubrir resultados inesperados. Incluso algunos de sus trabajos anteriores incorporan materiales naturales que, con el paso del tiempo, han exigido pequeñas intervenciones para conservar la obra. Esa relación entre creación y materia forma parte también de su manera de entender el arte: probar, equivocarse, corregir y descubrir qué puede aportar cada recurso.
Su mirada hacia la creación contemporánea está igualmente atravesada por los cambios tecnológicos. La artista reconoce en la inteligencia artificial una herramienta que puede ofrecer posibilidades y servir de apoyo, pero también advierte del riesgo de que la facilidad para obtener un resultado termine debilitando el proceso creativo. Desde su experiencia como docente, ha observado cómo algunas herramientas pueden favorecer la repetición y reducir el esfuerzo necesario para desarrollar una idea propia. Para ella, la personalidad del artista continúa siendo uno de los valores esenciales del oficio. La tecnología puede aportar recursos o inspiración, pero no debería sustituir la capacidad de realizar, observar, pensar y construir una mirada propia.
Esa defensa de la creatividad conecta directamente con el sentido de una exposición como ‘Los Sentidos’. Frente a un entorno cada vez más dominado por imágenes producidas de manera instantánea, Ortega reivindica, a través de su trabajo, el tiempo necesario para observar y transformar una percepción en una obra. El dibujo exige detenerse, encajar, corregir y volver a mirar. La acuarela obliga a aceptar parte de lo imprevisible. La textura introduce la dimensión de lo material. Cada procedimiento incorpora un tiempo y una forma distinta de relacionarse con aquello que se está creando.
La exposición llega, además, en un momento especialmente significativo de su trayectoria, después de años compaginando la creación artística con la enseñanza y de una participación constante en proyectos colectivos. Ahora será el público quien pueda acercarse a una selección que nace de una mirada personal, pero que pretende activar experiencias reconocibles en quien la contempla. Porque los sentidos que propone Ortega no pertenecen únicamente a la artista: forman parte de la memoria cotidiana de cualquiera. Una mirada, una textura, un color, una mano que toca otra mano o una forma diferente de comunicarse pueden despertar emociones que no siempre necesitan palabras.








