La situación en el ‘Comarcal’ está traspasando todos los límites, especialmente en el área de Tocología. El intento ayer de agresión a una ginecóloga da cuenta de la enorme presión a la que está sometido un equipo médico y de matronas que, en función del número de partos que se atienden en nuestra ciudad, debería duplicarse cuando menos.
Resulta además especialmente ofensivo que ante ello la única respuesta del Ingesa sea la de minimizar la realidad, con calificativos permanentes de “normalidad” cuando la realidad demuestra todo lo contrario.
Ya no es sólo ‘El Faro’ el que recoge en solitario las denuncias anónimas de personal y usuarios del centro. Melillenses afectados por el deficitario servicio que presta el Hospital y que suplen, con dedicación extrema, médicos, matronas y enfermeros, están dando cuenta con sus propios relatos de cuál es la auténtica situación de “normalidad”.
Las avalanchas de partos de marroquíes, que llegan sin historia clínica ni control de su embarazo, determinan el estado de saturación que caracteriza a la planta y que anda mermando el mejor servicio al que tiene derecho la población melillense.
Melilla siempre ha sido consciente de su papel solidario respecto de un hinterland donde la sanidad pública es prácticamente inexistente y las condiciones de vida de sus habitantes paupérrimas en un altísimo porcentaje. Sin embargo, no es justo que esa función se preste a costa de menguar la calidad asistencial que merece el pueblo de Melilla, o de sobreexplotar y saturar al máximo el servicio de Tocoginecología del Hospital Comarcal.
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