Este jueves 29 de agosto se han cumplido 24 años de uno de los accidentes aéreos más trágicos registrados en la historia reciente del aeropuerto de Málaga. En la mañana de aquel día del año 2001, un avión de la aerolínea Binter Mediterráneo, que había despegado desde Melilla con destino a la Costa del Sol, se estrelló durante la maniobra de aterrizaje, dejando un saldo de cuatro personas fallecidas y decenas de heridos. La tragedia provocó una profunda conmoción tanto en Málaga como en Melilla, ciudades unidas por una ruta aérea habitual para centenares de pasajeros cada semana.
El vuelo siniestrado partió del aeropuerto de Melilla a las 7:20 horas. A bordo viajaban 43 personas: 39 pasajeros y 4 tripulantes. El avión, un modelo CASA CN-235, cubría una de las rutas más utilizadas por residentes melillenses, trabajadores, estudiantes, turistas y profesionales con vínculos entre ambas ciudades. Se trataba de un trayecto corto, pero de gran importancia para las comunicaciones de la Ciudad Autónoma con la península.
Durante el vuelo, el comandante reportó una avería en uno de los motores del avión. Poco antes de iniciar el descenso hacia el aeropuerto de Málaga, declaró una situación de emergencia ante la torre de control. Según se recogió en las investigaciones posteriores, el fallo en el motor izquierdo limitó las posibilidades de maniobra de la aeronave, lo que obligó a preparar un aterrizaje de emergencia.
En la maniobra de aproximación, el avión se desvió ligeramente del eje de pista. Al tomar tierra, no logró mantenerse dentro de los márgenes del asfalto y se salió por el lateral. Segundos después, colisionó violentamente contra un talud de tierra situado en las inmediaciones del aeropuerto. El impacto fue tan fuerte que la aeronave se partió en varios segmentos.
El comandante y el copiloto murieron en el acto. También fallecieron dos pasajeras que ocupaban asientos en las primeras filas, zona que sufrió los daños más severos. Otros ocupantes resultaron heridos, algunos de ellos de gravedad, aunque la mayoría pudo sobrevivir. La rápida actuación de los servicios de emergencia, que acudieron inmediatamente al lugar del siniestro, fue clave para evitar una mayor tragedia.
La noticia del accidente tuvo una fuerte repercusión tanto a nivel local como nacional. En Melilla, la consternación fue notable, dada la familiaridad de la población con la aerolínea y la frecuencia con la que muchos vecinos utilizaban ese mismo trayecto. En Málaga, el suceso también generó un amplio impacto por producirse en uno de los aeropuertos con más tráfico de España.
Las investigaciones oficiales apuntaron a una combinación de factores en el origen del accidente. Según recoge el diario Sur, el fallo mecánico en el motor izquierdo fue determinante, pero también se señalaron posibles errores humanos en la ejecución de la maniobra de aterrizaje, así como condiciones del terreno en el entorno del aeropuerto.
El avión pertenecía a la flota de Binter Mediterráneo, especializada en rutas regionales en el sur peninsular. Tras el siniestro, la compañía fue absorbida por Air Nostrum, y los aviones del mismo modelo fueron retirados de manera progresiva.
A día de hoy, 24 años después, el suceso continúa presente en la memoria colectiva de ambas ciudades. Aunque no se celebran actos conmemorativos oficiales, algunos familiares, amigos de las víctimas y ciudadanos que recuerdan el suceso han compartido mensajes en redes sociales para rendir homenaje a quienes perdieron la vida.
La tragedia marcó un punto de inflexión en las operaciones de aviación regional en España y supuso un impulso a la revisión de los protocolos de seguridad. Para Melilla, el accidente también reafirmó la necesidad de contar con medios de transporte seguros y eficaces, dada su condición de ciudad no peninsular.









Porque no cuentan que el copiloto se equivocó y paro el único motor que estaba funcionando?