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Once jinetes melillenses desafían en Luanco la dificultad de competir con caballos desconocidos

El Club High Quality Melilla firma un destacado papel en el CSN2 & CST Luanco 2026, con podios durante los tres días de competición y dos victorias en 0,80 metros

por Alejandra Gutiérrez
14/08/2026 10:21 CEST
Once jinetes melillenses desafían en Luanco la dificultad de competir con caballos desconocidos

Jinetes del Club High Quality junto a Mireya Ambrós en Luanco. -Cedida por el Club-


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El viernes 24 de julio, once jóvenes de Melilla entraron en la pista de Luanco con una dificultad que no aparecía en las clasificaciones: los caballos que iban a montar no eran los suyos. Los conocían desde hacía apenas uno o dos días. En la equitación, ese margen es poco tiempo para aprenderse las reacciones de un animal, su ritmo, la manera en que afronta un salto o cómo responde cuando cambia la velocidad del recorrido. Los alumnos del Club High Quality Melilla habían viajado hasta Asturias con esa desventaja frente a jinetes acostumbrados a competir durante toda la temporada con el mismo caballo. Aun así, el primer día acabó con una victoria melillense en 0,80 metros y varios puestos entre los primeros clasificados en 0,60.

Mireya Ambrós Serón lo cuenta todavía con la satisfacción de quien sabe lo que costó llegar hasta allí. En Melilla, sus alumnos pueden encontrarse con dos o tres competiciones al año. En la península, los jinetes que se dedican habitualmente a la competición pueden salir prácticamente cada fin de semana. Esa diferencia se nota cuando llega el momento de entrar en una pista nueva, rodeado de decenas de participantes y con un caballo que apenas se ha podido conocer. “Ellos tienen esa desventaja”, explica Ambrós. Y, precisamente por eso, los resultados obtenidos en Luanco adquieren para el club un significado especial.

La expedición melillense participó por segundo año consecutivo en el CSN2 & CST Luanco 2026 · W2, celebrado entre el 24 y el 26 de julio. Fueron tres jornadas de competición en las categorías de 0,60 y 0,80 metros, denominaciones que corresponden a la altura de los obstáculos. En 0,60, el recorrido exige superar saltos de esa altura; en 0,80, la dificultad aumenta y participan los alumnos que cuentan con mayor experiencia. En total, viajaron once alumnos, con edades que iban aproximadamente desde los 10 hasta los 17 años. Algunos repetían la experiencia del año anterior y otros se estrenaban en un concurso nacional.

El primer día, Vega Lomeña terminó tercera en 0,60. Detrás de ella quedaron también en posiciones destacadas India Rosello, cuarta; Valeria Navajas, quinta; Marta Matamala, sexta; Cristina Martín, octava, y Selena Belmonte, décima. En la categoría de 0,80, Myriam García consiguió el primer puesto entre 49 participantes. El sábado, Cristina Martín fue tercera en 0,60, Selena Belmonte cuarta, India Rosello quinta y Carla Gutiérrez séptima, en una prueba con 17 jinetes. Y el domingo, en la última jornada, Marta Matamala logró la segunda posición en 0,60. En 0,80, Myriam García volvió a ganar y Jesús Terradillos acabó cuarto entre 39 participantes.

La competición en imágenes -Cedidas por Ambrós-

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Para Ambrós, la importancia de esos resultados está también en la regularidad. No se trató de una clasificación aislada en una de las tres jornadas. Los alumnos fueron apareciendo durante todo el fin de semana en los primeros puestos. En 0,80, además, Myriam García consiguió repetir la victoria. Y todo ello después de un periodo de preparación condicionado por las propias posibilidades de la ciudad.

El club tiene una relación con una hípica asturiana que permite a sus alumnos disponer de caballos durante la competición. Esos animales son prestados para las pruebas y los jóvenes tienen que adaptarse a ellos en muy poco tiempo. “No conocemos realmente a los caballos”, explica Ambrós. La frase resume una parte importante de la dificultad. En la práctica cotidiana, jinete y caballo construyen una relación que va mucho más allá de aprender un recorrido. Se conocen las reacciones, los ritmos, los días buenos y los días malos. En Luanco, esa relación tenía que construirse deprisa.

Los resultados demostraron que los alumnos fueron capaces de hacerlo. Para los responsables del club, además, el viaje permitió que los jóvenes comprobaran qué ocurre cuando salen del reducido circuito competitivo que tienen a su alcance en Melilla. Allí se enfrentaron a jinetes que compiten habitualmente y que acumulan muchas más horas de competición. “Fuera, cada fin de semana, con ese mismo caballo se compite”, explica Ambrós. La diferencia no está necesariamente en las capacidades del jinete, sino en la cantidad de ocasiones que tiene para ponerlas a prueba.

La experiencia fue especialmente llamativa para los más pequeños. En Luanco coincidieron con pruebas de mucha mayor dificultad, con obstáculos de hasta 1,40 metros y jinetes que compiten a nivel nacional e internacional. Algunos de esos participantes son deportistas que después acuden al Campeonato de España. Los alumnos de High Quality pudieron verlos de cerca y observar cómo trabajan en pista. Para ellos, dice Ambrós, eran referentes. La competición que habían ido a disputar se convirtió también en una oportunidad para mirar hacia arriba y entender qué existe después de los niveles en los que ellos están ahora.

Llegar hasta ese punto requiere, antes, superar los llamados galopes. En el sistema ecuestre, estos niveles funcionan como una acreditación progresiva de los conocimientos y las habilidades del jinete. Ambrós recurre a una comparación que resulta más fácil de entender que toda la terminología federativa: “Es como el judo, que están los cinturones”. Se empieza por el galope uno y se van adquiriendo conocimientos y habilidades hasta alcanzar niveles superiores. Al principio se trabaja el manejo básico del caballo pie a tierra y las nociones fundamentales de paso, trote y galope. A medida que se avanza, aumentan las exigencias y, desde determinados niveles, el jinete puede orientarse hacia una modalidad concreta.

Los técnicos del Club High Quality están titulados para preparar a los alumnos en este recorrido. Ambrós cuenta con galope siete en las distintas modalidades, una convalidación vinculada a su formación como técnica deportiva nacional. Es esa estructura de formación la que permite que los jóvenes puedan acceder después a determinadas competiciones. Antes de llegar a Asturias, por tanto, hay un trabajo que no se ve en las fotografías de los podios: clases, preparación, aprendizaje de los niveles y la adquisición de los conocimientos necesarios para poder competir fuera.

Ahora el club quiere que Luanco deje de ser una salida puntual. La cita asturiana ya está incorporada al calendario del proyecto y la intención es regresar cada verano. Al mismo tiempo, High Quality está contactando con hípicas de Andalucía para participar en concursos territoriales. La distancia sigue siendo un inconveniente, pero permite plantear desplazamientos más frecuentes que los viajes a otras zonas de la península. La idea es que los alumnos no tengan que esperar muchos meses entre una competición y otra, sino que puedan acumular experiencias y aprender a desenvolverse en diferentes pistas.

En septiembre comenzará de nuevo la actividad con el curso escolar y el club confía en el proyecto del Centro Hípico Multifuncional que permita la mejora de las instalaciones y el incremento del número de caballos. Para Ambrós, las condiciones de entrenamiento tienen una relación directa con la posibilidad de competir: si los alumnos pueden entrenar más, pueden prepararse mejor y, a partir de ahí, desplazarse con mayor frecuencia. El objetivo es construir una actividad competitiva estable desde Melilla, aunque para conseguirlo haya que salvar las dificultades de transporte, disponibilidad de caballos y falta de determinados servicios especializados.

El proyecto que manejan las responsables de High Quality tiene, además, otra vertiente que quieren desarrollar en Melilla: la equitación adaptada y la inclusión de la equinoterapia. No parte de una idea nueva para ellas. Ya trabajaron en la Granja Escuela con personas con autismo, síndrome de Down y otras discapacidades o trastornos. Aquella experiencia les dejó claro que el caballo podía convertirse en una herramienta de trabajo y que existía margen para ampliar las personas a las que se dirige la actividad. Ahora quieren integrar esa posibilidad y abrirla también a personas con discapacidad física, siempre dentro de las condiciones que permita cada caso.

Para trabajar en este ámbito, las propias técnicas han seguido formándose. Viajaron a Madrid para realizar un curso relacionado con la preparación de caballos destinados a terapias impartido en el ámbito de la Federación Hípica Española. Allí aprendieron a valorar qué animales pueden trabajar con determinados perfiles y qué características deben reunir desde el punto de vista físico, mental y de entrenamiento. “No cualquier caballo vale”, explica Ambrós. El animal tiene que estar preparado para las situaciones que pueden producirse durante una terapia y responder con estabilidad.

Esa preparación tiene que ver con algo que Ambrós repite durante la conversación: el caballo percibe lo que ocurre con la persona que tiene encima. Lo nota en la manera de montar, en la tensión, en el comportamiento. Por eso considera que montar exige una capacidad de autogestión que también forma parte del aprendizaje. Ella misma explica que hay días en los que prefiere no montar porque sabe que su estado de ánimo puede trasladarse al animal. En una disciplina en la que ambos tienen que trabajar juntos, el jinete no puede separar completamente lo que le ocurre fuera de la pista de lo que sucede dentro de ella.

El caballo tampoco permite desconectar del todo cuando termina una jornada de trabajo. “No entiende de festivos, no entiende de domingos, no entiende de fines de semana”, dice Ambrós. Hay que alimentarlo, atenderlo, vigilarlo y reaccionar cuando aparece un problema. Las vacaciones de las responsables del club tampoco son exactamente vacaciones: cuando viajan para formarse o para buscar nuevas oportunidades para el proyecto, tienen que dejar organizada la atención de los animales y seguir pendientes de lo que ocurre en Melilla.

A esa exigencia se suma una cuestión mucho más práctica: la falta de determinados profesionales y recursos especializados. El herrador que trabaja con el club se desplaza desde Málaga aproximadamente cada 45 días. En el ámbito veterinario, aunque recientemente ha llegado un profesional con experiencia en caballos, todavía existe la necesidad de traer desde la península determinados equipos para realizar pruebas como radiografías o ecografías. Ante una complicación que requiera medios que no están disponibles en Melilla, también puede ser necesario recurrir a profesionales de fuera. Todo ello encarece, ralentiza y complica cualquier actividad relacionada con los caballos.

Ambrós no oculta esa parte cuando habla del proyecto. La competición, los podios y las imágenes de los alumnos en Asturias son el resultado visible, pero mantener una actividad ecuestre implica una organización diaria que no se detiene cuando termina un concurso. En Melilla, además, muchas de esas dificultades tienen que resolverse recurriendo a la península. Por eso el crecimiento del club no depende únicamente de conseguir más alumnos o participar en más concursos. También necesita instalaciones, caballos, personal cualificado y recursos que permitan sostener la actividad durante todo el año.

En Luanco, los once alumnos pudieron comprobar qué ocurre cuando ese trabajo sale de Melilla y se encuentra con un circuito mucho más amplio. Llegaron con caballos que apenas conocían y con menos horas de competición que buena parte de sus rivales. Tres días después habían conseguido podios en las tres jornadas y dos victorias en 0,80. Para el club, esas posiciones son importantes, pero quizá lo sea todavía más lo que ocurrió entre una salida y otra: los jóvenes aprendieron a adaptarse, compitieron contra personas a las que no conocían, observaron a jinetes de mayor nivel y regresaron con una idea más concreta de hasta dónde pueden llevar su propia formación.

Ahora queda mantener ese ritmo desde Melilla. El próximo curso volverán las clases, continuarán los entrenamientos y se intentará ampliar el calendario de competiciones. También quieren recuperar la equinoterapia y abrir la puerta a la equitación adaptada. La intención de High Quality, en palabras de Ambrós, es sencilla de explicar aunque mucho más difícil de ejecutar: “Expandir el mundo del caballo en Melilla de todas las maneras posibles”.

Tags: caballosClub High Qualitycompetición LuancoCSN2 & CST Luanco 2026 · W2

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