Samsara llega este martes al Espacio Joven con la intención de convertir el escenario en un punto de encuentro entre músicos y público. El grupo actuará a las 22 horas, después de Innato, que abrirá la noche, en una sesión doble protagonizada por dos formaciones locales. Para Samsara, la cita supone una nueva oportunidad de llevar al directo un repertorio construido a partir de composiciones propias, pero también de compartir escenario y sonido con una banda de la escena local. Enrique Catalinas, "Cata", guitarra solista del grupo, afronta la actuación con las ganas propias de quien conoce ya el escenario, aunque reconoce que siempre queda ese pequeño margen de nervios ante la posibilidad de que algo falle: un instrumento, un aspecto técnico o, simplemente, un error durante la interpretación. Después, dice, todo eso queda atrás. Cuando empieza la música, toca disfrutar.
La historia de Samsara comenzó de una manera mucho más sencilla que el resultado actual. "Nos juntamos tres amigos y dijimos: oye, vamos a tocar un poquillo de lo que nos apetezca, versiones y otras cosas así", explica Cata. A partir de ahí, los músicos fueron entrando y saliendo de la formación hasta que el proyecto encontró su propia dirección. El punto de inflexión llegó cuando decidieron dejar de limitarse a interpretar canciones de otros y empezar a construir las suyas. "¿Y si empezamos a hacer lo que nosotros queramos de verdad?", se plantearon. La respuesta fue comenzar a componer, cerrar la formación y buscar un nombre. Así nació Samsara, una banda que ha ido consolidándose entre cambios de músicos y reajustes hasta alcanzar su configuración actual.
La formación que subirá al escenario está integrada por Enrique Rubio al bajo, Juanjo Brecia a la batería, José Zamudio a la guitarra rítmica, Enrique Catalinas "Cata" a la guitarra solista y José Castillo a la voz. El núcleo actual, explica Cata, quedó establecido después de la Feria del año pasado y lleva aproximadamente un año funcionando con la última configuración. El camino no ha sido completamente lineal: diferentes circunstancias obligaron a introducir cambios y a buscar nuevos músicos, algo que también ha terminado influyendo en la evolución de las canciones. Cada incorporación ha supuesto, cuando ha sido necesario, readaptar líneas vocales o instrumentales para que las composiciones siguieran encajando en el conjunto. El propio nombre de la banda terminó adquiriendo una dimensión especial en ese proceso. Samsara hace referencia al ciclo de "vida, muerte y renacimiento", una idea que, según explica el guitarrista, encajó desde el principio con lo que querían transmitir y que ha permanecido vinculada al proyecto.
Componer canciones propias ha sido uno de los grandes desafíos de la banda, pero también una de sus principales señas de identidad. Cata cuenta con formación musical y pasó por el Conservatorio, donde adquirió además nociones de composición. El resto de integrantes aporta su propio oído, criterio y sensibilidad para decidir qué elementos permanecen y cuáles deben modificarse. El proceso no responde a una fórmula fija. En ocasiones la canción parte de una letra y después se construye la música alrededor de ella; en otras, la música aparece primero y la búsqueda de palabras llega más tarde. También puede surgir una idea espontánea que después el cantante adapta a la estructura. "Siempre hay que ajustarla", resume Cata, porque la interpretación vocal obliga a encontrar el ritmo, el orden y las palabras que mejor funcionan. En ese intercambio, una frase puede cambiar, aparecer un sinónimo o modificarse el orden de una idea, sin que necesariamente cambie lo que la canción quiere expresar.
Esa forma de trabajar explica también el carácter colectivo de Samsara. Aunque cada músico pueda aportar una parte concreta, las canciones terminan siendo construcciones compartidas. Para Cata, incluso después de haber trabajado una composición, sigue existiendo cierta sensación de pudor cuando llega el momento de presentarla ante otras personas. Ese vértigo desaparece, sin embargo, cuando recuerdan la razón principal por la que componen: porque disfrutan haciéndolo. Si una canción les transmite algo a ellos, confían en que alguna de sus partes —la música, la voz, una letra— pueda encontrar también un punto de conexión con quien la escucha.
Samsara tampoco nació con una etiqueta estilística perfectamente definida. De hecho, Cata cuenta que durante buena parte del proceso ni siquiera se plantearon en qué género podían encuadrarse. Simplemente comenzaron a componer y dejaron que las canciones adquirieran su propia personalidad. Fue después, cuando alguien les preguntó qué estilo hacían, cuando se encontraron con una respuesta que ellos mismos no habían buscado. La percepción de quienes escuchaban sus canciones les llevó a situarse dentro del nu metal, un género especialmente abierto a la mezcla de recursos y a diferentes formas de entender las voces y la instrumentación. En su caso, uno de los elementos más característicos está precisamente en el contraste entre una base instrumental contundente y la voz de José Castillo, concebida desde el principio con un carácter más lírico. Esa voz, explica Cata, se sitúa "por arriba, por el medio", flotando sobre la música y generando un contraste con la fuerza instrumental que forma parte de la personalidad de la banda.
Las letras tampoco responden a un único tema ni buscan necesariamente transmitir un mensaje cerrado. Samsara se mueve por terrenos diferentes: hay espacio para la crítica social, pero también para la fantasía, la angustia, el amor, la soledad o la compañía. Algunas composiciones se acercan a cuestiones relacionadas con la vida, la muerte y el renacimiento, como su propio nombre establece; conceptos que pueden leerse literalmente o trasladarse a la idea de transformación y de capacidad para reinventarse. Precisamente esa apertura es importante para el grupo. Cata considera que una canción no tiene por qué ofrecer una interpretación única y definitiva. Cada persona llega a ella desde una experiencia distinta y puede encontrar algo diferente en la misma letra. A algunos les llegan más unas letras, mientras otros se relacionan con la melodía, explica. La canción termina así de completar su recorrido cuando abandona a quienes la escribieron y se encuentra con quien la escucha.
El concierto de este martes permitirá comprobar cómo funciona ese universo propio sobre el escenario. Samsara ya ha tenido ocasión de enfrentarse al directo en un evento benéfico celebrado en el templete del parque Hernández con motivo de una actividad vinculada a la Feria del Libro y a El Sueño de Vicky. Aquella experiencia les permitió disfrutar de un montaje profesional y de unas condiciones de sonido y escenario especialmente cuidadas fuera de los ensayos. Ahora afrontan una nueva cita con ganas de aprovechar precisamente esa posibilidad de tocar con un buen equipo técnico. A las 23 horas, después de la actuación de Innato, llegará su turno, con un repertorio en el que tendrán que hacer algo que a cualquier banda con varias canciones propias puede resultarle especialmente difícil: elegir.
Porque Samsara querría tocarlo todo. Para elaborar el repertorio, han escuchado el feedback recibido después de sus conciertos y también las opiniones de amigos que han pasado por sus ensayos. A partir de ahí, han ido clasificando las canciones y valorando cuáles suelen conectar mejor con quienes las escuchan. Algunas tienen prácticamente asegurado su lugar; en otros casos toca decidir cuál queda fuera. "¿Cuál nos duele menos quitar?", plantea Cata al explicar una selección que, en el fondo, siempre resulta complicada cuando existe apego a las propias composiciones. El repertorio incorpora además algunas versiones reconocibles de grupos que suelen adaptar como Sôber, Skizoo, Hamlet, Avalanch y Kannon. Una manera de combinar las canciones propias con temas que el público puede identificar desde los primeros compases. La intención es que ambas partes convivan durante la actuación y que quienes ya conocen al grupo disfruten de su evolución, mientras quienes se acerquen por primera vez tengan también algún punto de referencia.
El llamamiento de Samsara, de hecho, no se dirige únicamente a sus seguidores habituales. Cata anima también a quienes todavía no conocen al grupo a acercarse al Espacio Joven. La doble sesión permite disfrutar primero de Innato y después de Samsara, dos propuestas que no hacen exactamente lo mismo pero que comparten el trabajo que existe detrás de cualquier banda que intenta abrirse camino desde la escena local. "Lo mismo se llevan una sorpresa y les gusta, que nunca se sabe", apunta el guitarrista. La invitación tiene algo de descubrimiento: acudir sin saber exactamente qué esperar y dejar que sean las canciones y el ambiente el que establezcan el vínculo.
Para Samsara, el directo termina de completar aquello que empieza en el local de ensayo. Los nervios existen, pero no ocupan el lugar principal. Cata habla de ese pequeño temor a que algo inesperado ocurra, aunque la experiencia acumulada permite relativizarlo. Cuando los músicos están arriba, la preocupación deja paso al disfrute. Y ahí aparece una idea que, quizá, resume mejor que cualquier etiqueta la forma en la que entienden un concierto: la simbiosis entre escenario y público. Si los músicos están disfrutando, resulta más fácil que esa energía llegue a quienes están delante; si desde el escenario perciben que el público está disfrutando, la banda también se crece. Es una relación que se retroalimenta durante toda la actuación. Este martes, a las 22 horas, Samsara volverá a buscar precisamente ese momento en el que las canciones dejan de pertenecer únicamente a quienes las han compuesto y pasan a formar parte de quienes las escuchan.








