Salir a Marruecos en estos días se ha convertido en toda una odisea. Los testimonios de varios melillenses preguntados por El Faro señalan a que se tarda entre 7 y 12 horas en cruzar la frontera en el caso de los coches y unas 3 horas si se va andando.
Estas personas han criticado duramente el hecho de que, sin embargo, los emigrantes marroquíes procedentes de la Operación Paso del Estrecho (OPE) apenas si esperan una hora y media para pasar a su país de origen. Tienen incluso un carril propio para no tener que guardar la cola impresionante que se forma en el caso de los residentes en Melilla.
La proximidad de la fiesta del Eid al Adha hace que muchos musulmanes melillenses opten por disfrutar la jornada en distintas poblaciones marroquíes cercanas junto a sus familias. Allí matan el borrego y pasan unos días pero la situación en la que se encuentra la frontera está provocando un gran malestar entre estos ciudadanos, que se quejan del trato discriminatorio que se les brinda con respecto a la OPE.
Y ya no es solo en lo que se refiere a las horas de espera para poder cruzar a Marruecos. Se refieren también al hecho de que ellos no pueden pasar absolutamente nada por la frontera mientras que los extranjeros de la OPE llevan sus coches y furgonetas hasta arriba de productos y enseres sin que tengan el menor inconveniente en el puesto fronterizo de Beni-Enzar por parte de las autoridades marroquíes.
Una mujer se ha dirigido a El Faro para denunciar que en Marruecos no le dejaron pasar ni unos juegos de sábanas usados que pretendía utilizar durante su estancia en una población marroquí cercana. “Llevaba dos juegos de sábanas para los niños y otro de matrimonio junto con unas toallas, todos usados ya. Pues ni eso me han dejado pasar”, comentó.
Después de esperar desde las tres de la tarde a las nueve de la noche para poder pasar la frontera, tuvo que darse la vuelta porque se negaba rotundamente a dejarles a los policías marroquíes sus cosas. “Me las querían quitar porque decían que era cosa del Rey, que había dicho que no se podía pasar nada a Marruecos pero los de la OPE sí pueden”, protestó.
Su decisión fue sellar el pasaporte y darle la vuelta de regreso a la ciudad porque en modo alguno estaba dispuesta a dejar sus enseres a los policías y, más en concreto, a la mujer que le reprochó “gritándome” que dejara allí sus juegos de sábanas.
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