Este domingo, la Calle Marqués de Montemar fue el escenario elegido para cerrar la ruta de “Los Buscadores de Cuentos ¡Salvemos el Planeta!”, una propuesta de teatro callejero que ha llenado de magia, música y valores los barrios de Melilla durante estas navidades. Bajo la dirección y dramaturgia de Alejandra Nogales, el espectáculo ha logrado algo tan difícil como conectar con el público infantil a través del juego, los cuentos y una historia que combina conciencia ambiental y creatividad.
En esta última función, la protagonista no fue solo la bibliotecaria Atenea, ese personaje que ya forma parte del imaginario de muchos niños melillenses, sino también Renata, una lata parlanchina que aparece en el contenedor equivocado, preocupada porque la reciclen sin darle una segunda oportunidad. “Renata no quiere ser fundida ni tirada. Quiere seguir siendo útil, tener una nueva vida, y para eso necesita convencer a los personajes para que la reutilicen”, cuenta Alejandra Nogales, autora del texto y también responsable de la creación del personaje.
La historia, construida con humor, ritmo y participación del público, propone una reflexión sobre el destino de los residuos y la importancia de darles una nueva utilidad. Renata, lejos de resignarse, se convierte en el motor de la trama al buscar su transformación: pasar de ser una simple lata vacía a un objeto nuevo con propósito. “Es una metáfora sobre el valor que aún tienen las cosas antes de desecharlas. Y eso, contado a través del teatro, es una forma muy poderosa de llegar a los niños”, explica Nogales.
El espectáculo forma parte de un proyecto iniciado en 2021 con un enfoque intercultural. La idea original era rescatar cuentos tradicionales de las diferentes culturas presentes en Melilla: hindú, china, hebrea, cristiana, entre otras. “Nacimos con el objetivo de recopilar relatos que forman parte de la identidad cultural de la ciudad. En cada edición nos hemos centrado en una temática distinta, y esta vez le ha tocado al reciclaje”, señala la dramaturga.
Desde entonces, Atenea, la bibliotecaria de la historia, ha guiado al público en distintas misiones acompañada por otros personajes como Zeta o Ele, con quienes forma un equipo de “buscadores de cuentos” enviados por el Ministerio de Educación ficticio que plantea las misiones a través de la fantasía. A lo largo de estos años, los niños han llegado a identificar tanto a los personajes que no es raro que los paren por la calle. “Nos dicen: ‘¿Zeta, por qué no vas maquillada?’. Nos reconocen, nos reclaman, se han encariñado con ellos”, relata Alejandra Nogales.
Esta edición, como las anteriores, ha apostado por un teatro de calle que sale del centro para acercarse a los barrios, generando comunidad y haciendo de la cultura una experiencia accesible. “Creo que es muy positivo descentralizar las actividades. En Melilla tendemos a concentrarlo todo en el centro, pero esta ciudad también necesita hacer barrio, que la gente sienta que el arte puede llegar a su calle”, afirma la creadora.
La obra, pensada para mantener la atención de un público infantil cada vez más expuesto a pantallas, intercala canciones, escenas participativas y manualidades. “Estamos asistiendo a una gran pérdida de concentración, especialmente en los más pequeños. Por eso el ritmo del espectáculo es dinámico: una canción, una escena, un juego… y los niños incluso participan recogiendo basura como parte de la historia”, señala.
Renata, la nueva protagonista, fue construida por el propio equipo pocos días antes de las funciones. La original, cuenta Nogales, desapareció misteriosamente del almacén. “Creo que fue reciclada sin querer, así que tuvimos que crear otra con lo que teníamos a mano. Pero salió bien. Esa es la esencia del reciclaje también: construir desde lo disponible”, dice entre risas.
“Los Buscadores de Cuentos” es más que un espectáculo navideño. Es un proyecto pedagógico, artístico y emocional que conecta generaciones a través del teatro. Además, está vinculado a la escuela de teatro El Invernadero, donde Alejandra Nogales imparte clases a niños, adolescentes y adultos durante todo el año. Esa cercanía con su público objetivo es lo que le permite ajustar el lenguaje, el tono y el ritmo a lo que realmente funciona.
“El teatro aporta imaginación, valores, convivencia. Es un espejo en el que los niños se ven reflejados, se sienten escuchados. Siempre se dice que el teatro está en crisis, pero lleva así toda la vida. Y aquí seguimos. Somos superhéroes”, concluye.
Con el aplauso de las familias en la Calle Montemar y la emoción visible en los rostros de los más pequeños, Renata cerró su misión con éxito: ser reciclada, sí, pero también recordada. Como ella misma diría, no todo lo que va al cubo está acabado. A veces, es solo el comienzo de una nueva historia.








