El presidente del Gobierno local afirmó que la actuación “merece la pena”, pues pondrá en valor un nuevo atractivo cultural y turístico en la futura pinacoteca.
Representantes de la Ciudad Autónoma de Melilla, encabezados por su presidente, Juan José Imbroda, visitaron en la jornada de ayer la Torre de la Vela (popularmente conocida como la Casa del Reloj) para admirar en persona la capilla del siglo XVI que se ha descubierto recientemente en el edificio mientras se realizaban las obras para transformarlo en una pinacoteca.
Imbroda, que acudió acompañado del consejero de Fomento, Miguel Marín; la consejera de Cultura, Simi Chocrón y el historiador oficial de Melilla, Antonio Bravo, no dudó en examinar al detalle los restos encontrados e interesarse por su historia y actual descubrimiento. En palabras a los medios de comunicación, el presidente autonómico destacó que la intención de su Gobierno es poner en valor esta capilla para así añadir un atractivo más a la futura pinacoteca.
El hallazgo ha provocado que las tareas para remozar la Torre de la Vela se demoren un poco más de lo previsto, ya que su finalización está prevista para el próximo 26 abril. También se ha incrementado levemente el precio final de la obra, en concreto 86.000 euros, que vienen a sumarse a los 500.000 euros iniciales.
No en vano, para el presidente de la Ciudad Autónoma ha merecido la pena detener la obra para recuperar “este trozo de historia local” y poder ofrecérselo a melillenses y visitantes para que puedan admirarlo. “Hemos conseguido un nuevo pedacito de patrimonio local y una atracción turística que vendrá a sumarse a todas las expuestas en el casco viejo”, añadió.
Asimismo, recordó que la pinacoteca que habrá en la Torre de la Vela contará con 80 piezas de arte clásico y contemporáneo, “desde la época de Francisco Goya hasta nuestros días”. Por tanto, Imbroda se mostró “muy satisfecho” con esta obra y con el añadido de las ruinas de la basílica. “Es patrimonio local vivo al alcance de la mano”, destacó el presidente.
El historiador oficial de la ciudad autónoma fue el encargado de explicar al detalle las características de la basílica encontrada tras los muros de la Torre de la Vela. “Sabíamos de su existencia porque así se refleja en documentos oficiales de la época, pero creíamos que había sido derruida con el paso de los años”, afirmó.
Tres puntos de vista
Su construcción concluyó en el siglo XVII, en 1.610 exactamente, para responder a las necesidades religiosas de la población que vivía en el casco antiguo. Sin embargo, cuando se creó la Torre de la Vela, quedó totalmente integrada en el edificio, oculta tras una pared y dividida entre dos pisos.
Según pudieron comprobar ayer los miembros del Ejecutivo melillense, en la planta baja se encuentra la sección correspondiente al ábside, mientras que en los pisos superiores se puede apreciar la altura que tenía esta infraestructura religiosa.
La recuperación se ha llevado a cabo en todos los niveles, por lo que los visitantes de la pinacoteca podrán admirar la vieja basílica desde tres puntos de vista: El ábside, situado en la planta baja; una perspectiva cenital mediante una abertura realizada en uno de los muros del primer piso y gracias a la cual se puede observar la estructura general del edificio y una tercera, también en el segundo piso, donde se pueden ver de cerca las paredes superiores.
En lo que se refiere a este último punto, hay que subrayar que cuando se creó la Torre de la Vela, la basílica quedó seccionada en dos de manera horizontal, por lo que se ha aprovechado el actual suelo para que los visitantes puedan apreciar las paredes superiores del edificio religioso.
“Hay que observar las distintas partes imaginando que no existe la Torre de la Vela”, explicó Bravo, quien detalló que la basílica fue construida de manera posterior a la Capilla de Santiago.
Dentro de poco, melillenses y turistas podrán disfrutar de este importante hallazgo histórico en primera persona, tan pronto como se abra la pinacoteca al público.
“El ojo y la experiencia de Bravo posibilitaron el descubrimiento”.
El presidente de la Ciudad Autónoma no dudó en señalar al historiador oficial de Melilla, Antonio Bravo, como el artífice del hallazgo de la basílica. “Ha sido su ojo y los años de experiencia los que han permitido descubrir que el edificio aún seguía aquí”, afirmó la máxima autoridad local. Por otro lado, también aplaudió la labor realizada por la Consejería de Fomento y por la empresa constructora de la obra, a la cual agradeció el esfuerzo por parar las tareas de remozado de la Torre de la Vela mientras se recuperaba la basílica. Por su parte, Bravo quiso agradecer a todos aquellos que habían participado en la tarea de poner en valor la infraestructura del edificio religioso y la “sensibilidad” de la Ciudad Autónoma al respecto.
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