Si los pronósticos que ya fueron señalados por el presidente de la Ciudad, en concreto un aumento de las tasas aeropuertarias, y que ayer volvían a repetir los sindicatos en la protesta que protagonizaron ante las puertas del aeropuerto de la ciudad se hacen realidad, cada vez va a ser más difícil salir de Melilla. La decisión de privatizar AENA está alarmando a todos los sectores y a todos los ciudadanos, principalmente a aquellos que residen en ciudades donde los aeropuertos no son de gran envergadura como es el caso de nuestra ciudad.
El razonamiento que hacían los sindicatos ayer para temer esta medida tiene demasiadas bases sólidas. Cualquier empresa privada que se haga cargo de la gestión de aeropuertos deficitarios –el de Melilla está en los once millones al año– buscará la manera de sacar beneficios. Y eso apunta directamente a las tasas, que a su vez supone un incremento en el precio final del billete.
Cuando parecía verse un rayo de claridad con ese convenio entre Ciudad y Air Nostrum para sacar a la calle 63.500 plazas a precio reducido, ahora el Gobierno central vuelve a cubrir el cielo de nubarrones con ese anuncio de privatizar AENA.
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