Alejandra Acedo, Aranzazu Mansilla y Marina Requena. -Cedida por Mansilla-
A veces no hace falta que ocurra nada extraordinario para que todo se complique; basta, simplemente, con no contar algo. Desde esa premisa, aparentemente sencilla pero cargada de consecuencias, arranca ‘Por tus muertos’, la nueva obra de la compañía Phoenix con la que Aránzazu Mansilla cierra una trilogía construida desde la amistad, la experiencia compartida y esas pequeñas tensiones que surgen incluso entre quienes mejor se conocen, entre la familia que uno elige. La pieza, que se representará en el Teatro Kursaal Fernando Arrabal —aún sin fecha pública confirmada—, vuelve a reunir sobre el escenario a Marina Requena (Valentina), la propia Mansilla (Úrsula) y Alejandra Acedo (Estrella).
Las tres amigas se sientan, una vez más, alrededor de un sofá que trasciende su condición de mero elemento escenográfico para convertirse en el verdadero centro de la acción. Es ahí donde todo ocurre: donde se habla, donde se calla y donde, en muchas ocasiones, lo dicho y lo no dicho terminan generando interpretaciones cruzadas. En esta tercera entrega, el foco se desplaza hacia Estrella, un personaje más reservado, más contenido, que decide no compartir con sus amigas una parte esencial de su vida: su situación laboral. Ese silencio, lejos de diluirse en la conversación, se convierte en un elemento activo que despierta sospechas y altera la dinámica del grupo.
A partir de ese punto, lo que se genera no es tanto un conflicto directo como una acumulación progresiva de pensamientos. Las preguntas empiezan a surgir —por qué no habla, qué está pasando, qué está ocultando— y, con ellas, las interpretaciones. Ante la ausencia de respuestas, el vacío se llena con hipótesis, con anticipaciones, con relatos construidos desde la intuición más que desde el conocimiento. Es en ese proceso donde aparece el enredo, donde el malentendido toma forma y donde, casi sin advertirlo, se cruzan límites que no estaban previstos.
La obra mantiene así una de las claves que atraviesan toda la trilogía: la manera en que la falta de comunicación dentro de un entorno cercano puede derivar en confusión. Mansilla traslada esta idea al escenario desde la comedia, utilizando un lenguaje que permite abordar estas situaciones sin recurrir al dramatismo, pero sin eludir lo que subyace en ellas. La risa aparece, pero lo hace sostenida sobre situaciones reconocibles, ancladas en lo cotidiano.
Cada una de las tres piezas que conforman la trilogía ha puesto el foco en una de las protagonistas, desarrollando historias propias que parten de sus vivencias, de sus contextos y de su forma particular de habitar el mundo. ‘Bondage’, estrenada en 2023, giraba en torno a Valentina; ‘Cómo conquistar a los 40’ lo hacía sobre Úrsula; y ahora es Estrella quien asume ese protagonismo. No se trata de revisitar una misma historia desde distintos ángulos, sino de trasladar al escenario la historia de cada una y convertirla en acción dramática a través de la relación que mantienen entre ellas.
En ese sentido, las conversaciones funcionan como el verdadero motor de la obra. Es en ese intercambio donde se construyen los conflictos, donde emergen los juicios y donde se instalan las dudas. La amistad, lejos de configurarse como un espacio completamente seguro, aparece también como un lugar donde se opina, se interpreta y, en ocasiones, se hiere sin una intención explícita.
Hay, además, una base que atraviesa todo el proyecto, pues Mansilla escribe pensando directamente en las actrices. Los personajes no nacen como construcciones abstractas, sino que están diseñados a medida de Marina Requena, Alejandra Acedo y de ella misma, lo que permite que evolucionen con el tiempo. No solo porque la historia lo requiera, sino porque las propias intérpretes cambian, atraviesan experiencias y esas vivencias terminan filtrándose, de forma natural, en el escenario.
A esa idea se suma otra clave del proceso creativo: los textos no se conciben como estructuras cerradas. Aunque exista una base escrita sólida realizada por Mansilla, es en los ensayos donde la obra adquiere su vitalidad. Las aportaciones de cada una, su manera de entender el personaje e incluso sus propias experiencias terminan de definir lo que ocurre en escena, dando lugar a piezas que se construyen en movimiento, abiertas al cambio y a la evolución.
Todo ello no puede entenderse sin el origen de Phoenix. La compañía nace cuando Mansilla tenía 15 años, en el entorno del instituto, junto a compañeros con los que comenzó a hacer teatro de forma casi espontánea. Con el paso del tiempo, ese grupo ha mantenido su vínculo con el ámbito escénico, formando parte de la cantera de actores y actrices melillenses. Con el tiempo, la compañía ha reforzado una dinámica basada en la confianza, la complicidad y el conocimiento mutuo.
Esa cercanía se percibe sobre el escenario. Las historias que se cuentan no buscan lo extraordinario, sino que parten de lo cotidiano: de amistades, de relaciones que están presentes aunque no aparezcan físicamente, de inseguridades y de comentarios que se dicen —o se evitan— dentro de un grupo. También de esos juicios que surgen, a veces sin una intención consciente, pero que dejan un mensaje en el aire, dispuesto a ser recogido e interiorizado, también por el público.
La trilogía permite abrir ese espacio sin necesidad de imponer una lectura única. Se habla de cuerpos, de relaciones, de decisiones personales, integrándolo en el diálogo como parte de la realidad compartida. La risa funciona, en ese sentido, como un puente que facilita el reconocimiento, como una forma de acercarse a lo que ocurre sin que resulte ajeno. El sofá, presente en todas las obras, termina de articular ese universo, reforzando esa idea de intimidad compartida que atraviesa el conjunto de las obras.
‘Por tus muertos’ supone, además, una despedida. No solo porque cierra la trilogía, sino porque los propios personajes alcanzan un punto final tras haber acompañado a sus creadoras durante años. Hay en ese cierre una dimensión personal que se filtra en la obra, donde, de algún modo, también se despiden de sí mismos.
Aun así, el camino no queda completamente cerrado. El universo construido deja abiertas nuevas posibilidades, como la de dar voz a personajes que han estado presentes en la historia sin aparecer en escena, como las parejas. Al mismo tiempo, la compañía trabaja en la unificación de las tres obras en un único guion que permita llevar la trilogía fuera de Melilla, manteniendo su esencia mientras adapta su forma.
Con ‘Por tus muertos’, Phoenix no solo presenta una nueva obra, sino que pone fin a una etapa construida desde la amistad y desde una forma de entender el teatro como espacio de libertad: un lugar donde se puede decir —o no decir—, donde se puede exagerar, reír y, sobre todo, reconocerse en lo que ocurre sobre el escenario.