Cada año, más de 300.000 jóvenes en España se enfrentan a una de las decisiones más importantes de su vida: ¿qué carrera estudiar? Incluso una vez hecha la PAU, entre la incertidumbre y las presiones externas, la gran mayoría sigue sin tenerlo claro. Según la última edición del estudio Unitour, solo uno de cada cinco estudiantes de segundo de Bachillerato sabe con certeza qué grado quiere cursar. El resto (el 80%) está indeciso o baraja varias opciones.
Lo cierto es que elegir carrera no es una decisión sencilla. Para muchos jóvenes, esta elección determinará no solo sus próximos años, sino su trayectoria laboral e incluso su proyecto de vida. Sin embargo, pocos se sienten verdaderamente preparados para asumir esa responsabilidad.
“La mayoría de los adolescentes no ha tenido un proceso real de orientación vocacional”, advierte la psicóloga educativa María de Jesús Rodríguez, quien lleva más de 15 años trabajando con jóvenes en centros escolares. “Muchos llegan a la recta final del instituto sin conocerse bien, sin saber qué les gusta, y con la presión de sus padres o del entorno para que elijan algo ‘seguro’ o ‘prestigioso’, aunque no les motive”.
Entre la vocación y la presión
Esta situación genera ansiedad, parálisis y, en muchos casos, decisiones equivocadas. Claudia Messing, pedagoga especializada en adolescencia, describe cómo muchos jóvenes llegan a sus consultas completamente desmotivados. “Nada los convence ni los seduce. Hay una desconexión emocional con el deseo. Están apáticos, emocionalmente bloqueados”.
El resultado es que una parte significativa de los estudiantes elige por descarte, por presión familiar o por modas. “Tengo alumnos que me dicen que van a estudiar Derecho porque su padre es abogado, o Psicología porque les gusta escuchar a sus amigos, sin haber investigado realmente lo que implica esa carrera”, señala Gonzalo Pool, orientador vocacional.
El problema se agrava cuando, años después, llega el arrepentimiento. Según un informe de LinkedIn, el 38% de los profesionales españoles cambiaría de carrera si pudiera volver atrás. Una encuesta de ZipRecruiter eleva ese porcentaje al 44%. Entre los grados con mayor índice de arrepentimiento, destacan Periodismo, Historia, Comunicación y Filosofía. En el lado opuesto, Informática, Ingeniería y Enfermería son los más valorados por quienes los estudiaron.
Conocerse a uno mismo
Para evitar este tipo de situaciones, los expertos coinciden en que el primer paso es el autoconocimiento. “Antes de mirar qué carreras tienen más salidas, hay que saber qué te gusta, en qué eres bueno, y qué valoras”, afirma Pool.
Existen diferentes herramientas para ello, desde tests de intereses vocacionales hasta pruebas de personalidad o aptitudes. Aunque no ofrecen respuestas mágicas, ayudan a delimitar un perfil y a orientar la reflexión.
“Un buen proceso de orientación vocacional no se basa solo en un test”, subraya María de Jesús Rodríguez. “Incluye entrevistas individuales, ejercicios de introspección, análisis del contexto familiar y educativo, y, por supuesto, información contrastada sobre las carreras disponibles”.
Los test más utilizados suelen agrupar a los estudiantes según preferencias generales: actividades prácticas, creativas, sociales, científicas o administrativas. También se analizan habilidades como la lógica matemática, la expresión verbal o la percepción espacial. “Lo importante no es el resultado en sí, sino la conversación que genera”, apunta la especialista.
Carreras con más y menos salidas
Uno de los factores que más preocupa a las familias es el futuro laboral de sus hijos. Y con razón: la tasa de paro entre los menores de 25 años sigue siendo una de las más altas de Europa. Por eso, muchos padres empujan hacia carreras “seguras”.
Según el informe Infoempleo–Adecco, las titulaciones con mayor demanda laboral en España fueron Enfermería, Medicina, Educación, Ingeniería Informática y Administración de Empresas. En conjunto, representan casi el 45% de las ofertas de empleo dirigidas a universitarios.
En cambio, otras como Historia del Arte, Filosofía, Conservación y Restauración o Bellas Artes figuran entre las de menor empleabilidad. Según el Ministerio de Universidades, los graduados en Conservación y Restauración tienen una tasa de paro del 25,8% cinco años después de terminar la carrera.
Aun así, los orientadores insisten en que el mercado no debe ser el único criterio. “Es un error pensar que estudiar algo con menos salida implica un futuro laboral condenado al fracaso”, afirma Claudia Messing. “Lo importante es que el estudiante sienta pasión por lo que hace. Esa motivación es lo que le permitirá especializarse, innovar o incluso emprender en su sector”.
¿Dónde buscar información?
Además del trabajo interior, es fundamental investigar a fondo las opciones. Los expertos recomiendan asistir a ferias educativas que ofrecen charlas, stands y encuentros con universidades. También conviene consultar portales especializados como Educaweb o Universia, donde se pueden comparar planes de estudio, salidas profesionales y testimonios de alumnos.
Una estrategia muy útil es realizar entrevistas informativas con profesionales en activo. “Habla con alguien que trabaje en lo que te interesa. Pregúntale cómo es su día a día, qué fue lo más difícil de la carrera, qué haría distinto”, aconseja Gonzalo Pool. Estas conversaciones aportan una visión realista que los folletos no siempre transmiten.
También es importante revisar los programas académicos en las webs de las universidades: qué asignaturas se cursan, cuántas prácticas se realizan, si hay posibilidad de estudiar en el extranjero, etc.
La decisión no es para siempre
Aunque elegir carrera puede parecer una decisión definitiva, no lo es. Muchos estudiantes cambian de grado durante el primer año o incluso más adelante. Otros descubren nuevas pasiones con el tiempo y optan por especializaciones, másteres o segundas titulaciones.
“Lo importante es que el estudiante no sienta que se juega su vida en esta elección”, concluye María de Jesús Rodríguez. “Es un paso importante, sí, pero también reversible. Lo que no debe hacer es decidir por miedo, por presión o por impulso. Con tiempo, reflexión y apoyo, se puede elegir con más seguridad y menos ansiedad”.
Porque al final, más que elegir la mejor carrera, se trata de encontrar tu mejor camino.








