Categorías: Editorial

Números para animar a los consumidores

Las previsiones de los expertos y los augurios del Gobierno central vuelven a caminar por la misma senda después de años de desavenencias. Ambos ofrecen un panorama distinto del precipio por el que parecíamos condenados a caer hace sólo unos meses, cuando España era un  país sentenciado por muchos a la quiebra. El pasado lunes el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, hablaba en televisión de nuestra economía con el optimismo de quien está ingresado en planta después de haber permanecido durante meses en la Unidad de Cuidados Intensivos. Ayer el Fondo Monetario Internacional (FMI) triplicó su previsión de crecimiento para España durante este año. Hace sólo tres meses auguraba un incremento del PIB del 0,2% y ahora calcula la subida en el 0,6%, lo que nos permite imaginarnos pronto recibiendo el alta médica.
Sin embargo, para poder abandonar el hospital antes debe llegar a los ciudadanos este optimismo de nuestro Gobierno y de los organismos internacionales. Mientras la demanda interna no alcance los niveles correspondientes al peso económico de España, no podremos decir que nuestro país ha recuperado la salud. La paradoja está en que para que los ciudadanos sintamos la recuperación, debemos consumir más, pero no lo haremos mientras no empecemos a percibir una mejoría económica. Únicamente entonces y sólo a partir de ese momento, comenzarán a bajar los niveles de desempleo, el talón de Aquiles de un país como el nuestro, con unas pequeñas y medianas empresas mayoritarias que empiezan a descubrir la importancia de las oportunidades en el exterior, pero que cuando piensan en hacer negocio tienden a quedarse en casa.
Muchos de estos retos de la economía española los podemos observar a diario en el microcosmos de nuestra ciudad. Melilla también se asoma a la recuperación, pero a corto plazo sólo será una realidad cuando aumente el consumo y crezca la inversión en obras e infraestructuras. A años vista, el futuro de nuestra ciudad está más allá de la valla fronteriza. Saber aprovechar las posibilidades económicas que ofrece el país vecino y servir de puente para inversores del resto del país son los dos pilares sobre los que debería sustentarse nuestro futuro. Para ello es necesario empezar por cambiar de modo radical la imagen que ofrece Melilla al resto de los españoles. Nuestra ciudad debe ser vista como una tierra de oportunidades, no como un lugar vinculado de manera irremediable a la inmigración ilegal, a los problemas sociales, a puntuales sucesos... noticias con las que habitualmente entramos a través de la televisión en los hogares de todo el país. Hoy resulta muy difícil borrar esas imágenes para convencer a potenciales inversores de las posibilidades que ofrece una ciudad como la nuestra.

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