El Congreso de los Diputados celebró este pasado jueves una larga sesión relacionada con la crisis que vive Ceuta desde que los días 30 y 31 de julio pasado sufriera una invasión, que a día de hoy mantiene en aquella ciudad a miles de inmigrantes irregulares, tanto marroquíes como subsaharianos. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, compareció para dar explicaciones no solo de lo sucedido sino se supone también de las prevenciones adoptadas en la ciudad caballa.
Sin embargo, no se tiene constancia, al menos por ahora, de medidas dirigidas a garantizar que eso no se va a repetir ni en Ceuta ni ocurrirá nunca en Melilla. Y, lógicamente, esa falta de iniciativas que impidieran cualquier intento de avalancha en las fronteras de las dos ciudades autónomas lindantes con Marruecos preocupa, y mucho, al presidente Imbroda, como al resto de los melillenses.
Es decir, no solo no se ha diseñado un dispositivo en el caso de que sea necesario reforzar la seguridad fronteriza sino que todo se ha limitado a instalar unas boyas en el espigón del Dique Sur que, según afirman distintas fuentes, tendrá poca efectividad en el momento en que las corrientes rompan los anclajes. Lo que se esperaba era un paquete de medidas legislativas para ampliar las competencias y acciones de los cuerpos y fuerzas de seguridad, así como de las Fuerzas Armadas, entre otras cuestiones.
Tampoco se ha anunciado nada relacionado con actuaciones diplomáticas frente a Marruecos más allá de que Sánchez afirmara que se había convocado a la embajadora marroquí, palabras que fueron desmentidas muy poco después cuando trascendió que ella ni siquiera estaba en España en la fecha en que se aseguró que se le citó; al final resulta que todo se limitó a una charla con el encargado de negocios de la Embajada.
Por eso no extraña nada que Imbroda exija movimientos diplomáticos ante Rabat que pongan de manifiesto que España tiene "ideas y firmeza" frente al un vecino del sur que se muestra hostil y no deja de reivindicar unos territorios que jamás le pertenecieron.
En definitiva, que este Gobierno del PSOE "se siente de una manera firme y de una manera contundente con Marruecos" para exigirle "lealtad, firmeza, reciprocidad", en palabras del propio Imbroda. O sea, un cambio en la política ante Marruecos que deje de lado la actitud de "dar, dar y recibir desaire" por parte del régimen alauita.








