Editorial

No puede ser que todos estén equivocados

Melilla debería sentirse más segura que ninguna otra autonomía de depender del Gobierno central -o, lo que es lo mismo, del Estado- en asuntos como la sanidad y la educación, aspectos esenciales para la vida de un país cuyas competencias no están transferidas a Ceuta ni a Melilla.

Sin embargo, lo grave es que no suceda así. Es verdad que hay algunas comunidades, como Madrid, que también están teniendo problemas en la sanidad y que salen más en televisión por ser quien es. Pero la situación que se está viviendo en Melilla, con tanto tiempo de protestas, concentraciones y huelgas por parte de los médicos, no tiene parangón en ningún otro lugar de España salvo, quizás, en Ceuta.

Lo último es lo de la carta de la ministra de Sanidad a la consejera del ramo en la ciudad autónoma, Randa Mohamed, en la que básicamente hablaba de las bonanzas de la gestión del Gobierno central. Citaba, entre otros puntos, el aumento de un 15 por ciento de las plazas en el grado de Medicina –que, por cierto, visto lo visto, cada vez está más claro que debería implantarse en Melilla para poder mantener aquí al personal- e instaba a un Gobierno local que, hay que recordar, no tiene competencias a “retener el talento” ofreciendo contratos de tres años a unos MIR que ni siquiera se encuentran en la ciudad.

Como no podía ser menos, desde diversos ámbitos de Melilla no tardaron en responder a la misiva de la ministra. Empezando por la consejera, a quien iba dirigida la carta personalmente, y que dijo que le parecía que se trataba poco menos que de una broma de mal gusto.

Pero no fue la única, ni mucho menos. Desde el Sindicato Médico de Melilla, César Feliú indicó que, como no puede ser de otra forma, es el Instituto Nacional de Gestión Sanitaria (Ingesa), dependiente del Ministerio de Sanidad, el que ha de ofrecer esos contratos a los MIR. El presidente del Ilustre Colegio de Médicos de Melilla, Justo Sancho-Miñano, fue más tajante, si cabe, cuando afirmó que “la carta de la ministra a la consejera de Sanidad es la prueba palpable de que no tiene ni puñetera (sic) idea de nada”. Por su parte, tanto la consejera como el presidente de la Ciudad Autónoma, Juan José Imbroda, aprovecharon la coyuntura para reclamar la tan cacareada encomienda de gestión.

En definitiva, el Gobierno central cada vez se va quedando más solo en la defensa de su gestión de la sanidad en Melilla, pero, cuando todos apuntan en la misma dirección, no puede ser que todos estén equivocados.

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