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Menos luz y más cansancio ¿qué ocurre con el estado de ánimo en otoño?

Cambios de luz y de rutina pueden afectar al estado de ánimo, pero no todo bajón otoñal es un trastorno afectivo estacional (TEA)

Por Redacción El Faro
22/09/2026 10:32 CEST
Menos luz y más cansancio ¿qué ocurre con el estado de ánimo en otoño?

Algunos especialistas señalan una incidencia mayor en mujeres jóvenes con responsabilidades. -Internet-

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La llegada del otoño trae consigo menos horas de luz, cambios de temperatura y, para muchas personas, la vuelta a los horarios de trabajo, colegio y otras rutinas. En este periodo pueden aparecer cansancio, menor motivación, dificultades para concentrarse o cambios en el sueño. Son sensaciones que pueden producirse con el cambio de estación, pero no significan necesariamente que exista un trastorno depresivo.

La llamada "astenia otoñal" se utiliza de forma habitual para describir este conjunto de molestias, aunque no constituye un diagnóstico clínico reconocido como tal en las principales clasificaciones médicas. El trastorno afectivo estacional (TAE), en cambio, sí está contemplado dentro de la clasificación de los trastornos del estado de ánimo. La Organización Mundial de la Salud (OMS), en la CIE-11, incluye el "patrón estacional de inicio del episodio del estado de ánimo" como una característica que puede especificarse en determinados trastornos del estado de ánimo. La Asociación Americana de Psiquiatría (APA), por su parte, utiliza en el DSM-5-TR el especificador "con patrón estacional" para determinados trastornos depresivos y bipolares. El concepto de TAE describe, por tanto, un patrón recurrente de episodios relacionado con determinadas épocas del año, no simplemente cualquier bajón asociado al otoño.

El patrón más frecuente es el de invierno. Según el National Institute of Mental Health (NIMH), los síntomas suelen comenzar a finales del otoño o principios del invierno y remitir durante la primavera y el verano. Existe también un patrón de verano, pero es menos habitual. El NIMH señala además que, para establecer un patrón estacional, los episodios deben producirse aproximadamente en la misma época del año y repetirse durante al menos dos años. Por eso, encontrarse más cansado o desmotivado durante un otoño concreto no basta por sí solo para hablar de un trastorno afectivo estacional.

Los síntomas pueden ser similares a los de otros episodios depresivos: tristeza persistente, pérdida de interés o placer, falta de energía, dificultades de concentración, alteraciones del sueño y cambios en el apetito o el peso. En este último punto es importante distinguir entre los distintos patrones. En el TAE de invierno, el NIMH señala específicamente un aumento del apetito, especialmente con antojos de alimentos ricos en hidratos de carbono, y un posible aumento de peso. La APA también recoge el incremento del apetito y del peso entre las características asociadas al patrón invernal.

La pérdida de apetito y de peso puede aparecer, en cambio, en el patrón de verano, mucho menos frecuente. El NIMH incluye entre sus síntomas la disminución del apetito y del peso, junto con problemas para dormir, inquietud, agitación y ansiedad. Por tanto, no sería correcto presentar simultáneamente la pérdida y el aumento de apetito como características indistintas del TAE invernal. En términos generales, los trastornos depresivos pueden producir cambios de apetito y peso en ambas direcciones, pero cuando se habla específicamente del patrón estacional de invierno, el aumento del apetito y del peso es el rasgo descrito con mayor frecuencia por las fuentes clínicas.

Uno de los elementos que más atención ha recibido en la investigación es la reducción de la exposición a la luz. El NIMH explica que la luz ayuda a regular los ritmos circadianos y que, en las personas con TAE, pueden producirse alteraciones relacionadas con la serotonina, la melatonina y el reloj biológico que afectan al sueño, la energía y el estado de ánimo. La institución señala, no obstante, que las causas del trastorno todavía se están investigando. Por ello, resulta más preciso hablar de una interacción de mecanismos biológicos y circadianos que reducir el fenómeno a una explicación sencilla basada únicamente en "menos serotonina" o "más melatonina".

La relación con la luz también ayuda a entender por qué el trastorno no debe confundirse con cualquier malestar asociado al calendario. La APA señala que el TAE es más frecuente en latitudes altas, donde las diferencias en la exposición a la luz entre invierno y verano son mayores, y que las mujeres y las personas jóvenes presentan un mayor riesgo. Un metaanálisis publicado en 2025 en Journal of Affective Disorders, que reunió 24 estudios y 32.866 participantes, encontró una prevalencia agrupada del 5,01 % y una asociación estadísticamente significativa entre latitud y prevalencia. Estos datos, sin embargo, proceden de diferentes países y no pueden trasladarse directamente a España.

En España, los datos epidemiológicos específicos son más limitados. Una revisión publicada en 2015 en la Revista de la Asociación Española de Neuropsiquiatría por profesionales del Servicio de Psiquiatría del Hospital Universitario de Basurto señalaba que la prevalencia descrita del TAE en la población general se situaba entre el 1 % y el 10 %. Los autores advertían, no obstante, de que este rango dependía de los estudios y criterios utilizados y de factores como la latitud, el clima y las características socioculturales. En este sentido, ese intervalo no puede presentarse como una prevalencia nacional española. Tampoco existen datos epidemiológicos suficientemente sólidos que permitan establecer cuántas personas presentan TAE específicamente en Melilla. Esta cautela es relevante porque la latitud puede influir en la exposición estacional a la luz, pero no permite por sí sola calcular la frecuencia del trastorno en una población concreta.

Tampoco los datos científicos publicados permiten afirmar que las mujeres de entre 30 y 45 años con un elevado nivel de responsabilidad constituyan el principal grupo de riesgo. No obstante, la experiencia clínica de Javier Álvarez, psicólogo y miembro de Top Doctors Group, señala que en su práctica observa un incremento de consultas relacionadas con síntomas atribuidos a la astenia otoñal y al trastorno afectivo estacional durante octubre y noviembre y que entre las personas atendidas es frecuente encontrar mujeres de 30 a 45 años con un elevado nivel de responsabilidad. Se trata de una observación de su actividad profesional y no de un estudio epidemiológico que permita extrapolar ese perfil al conjunto de la población a falta de investigaciones específicas.

Algo similar ocurre con la idea de que octubre sea el mes de mayor incidencia. Las fuentes médicas describen un comienzo habitual del patrón invernal a finales del otoño o principios del invierno, pero no establecen octubre como un pico universal. La APA señala que, en Estados Unidos, enero y febrero suelen encontrarse entre los meses más difíciles para las personas con TAE. El incremento de consultas en estos meses de otoño observado por un profesional durante octubre y noviembre puede presentarse como una experiencia clínica concreta que sirva de punto de partida para estudios más amplios, pero no como una medida de la incidencia del trastorno en toda la población.

Desde la psicología, el trastorno se aborda teniendo en cuenta también la relación entre los cambios estacionales, las rutinas, la actividad cotidiana y la manera en que cada persona responde a ellos. La American Psychological Association explica que el TAE comparte los criterios generales de la depresión y que lo que lo diferencia es precisamente el patrón estacional recurrente. La psicóloga Kelly Rohan, investigadora especializada en este ámbito, ha señalado también en contenidos divulgativos de la APA que pueden existir cambios estacionales en el sueño, la energía o la alimentación sin que necesariamente exista una depresión clínica. La relevancia médica depende de la intensidad de los síntomas y de cuánto interfieran en la vida de la persona.

Cuando existe un trastorno afectivo estacional, existen tratamientos con respaldo clínico. El NIMH señala entre ellos la fototerapia, la psicoterapia y determinados medicamentos, según las características de cada caso. La terapia cognitivo-conductual adaptada al TAE también ha sido estudiada específicamente para este trastorno. La fototerapia busca compensar mediante una exposición controlada a luz intensa parte de los cambios asociados a la reducción de la luz natural. La vitamina D también se ha investigado, aunque el NIMH señala que los resultados de los estudios no permiten considerarla una solución universal.

Más allá de los tratamientos específicos, el NIMH recomienda mantener horarios regulares de sueño, realizar actividad física, conservar el contacto social y aprovechar las horas de luz natural. Estas pautas pueden ayudar a afrontar los cambios estacionales, pero no sustituyen una valoración profesional cuando los síntomas son intensos, persistentes o interfieren de manera significativa en la vida cotidiana.

Por eso, más que hablar de una "depresión de octubre", la cuestión clínica es observar qué ocurre con los síntomas. Un periodo de cansancio o menor motivación coincidiendo con el cambio de estación no constituye necesariamente un trastorno. En cambio, una tristeza persistente, la pérdida de interés por actividades habituales, una marcada falta de energía, alteraciones importantes del sueño o del apetito, problemas de concentración o aislamiento social, especialmente si aparecen de forma recurrente en una determinada época del año y afectan al funcionamiento diario, justifican consultar con un profesional sanitario. Ante pensamientos de muerte o suicidio, es necesario buscar ayuda urgente.

El otoño puede coincidir, por tanto, con cambios reales en la exposición a la luz, los ritmos biológicos, el sueño y las rutinas, pero la evidencia médica invita a distinguir entre esas respuestas estacionales y un trastorno afectivo estacional. La clave no está en el calendario por sí solo, sino en la intensidad de los síntomas, su duración, su impacto y, sobre todo, en si se repiten siguiendo un patrón estacional.

Tags: trastorno afectivo estacional

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