Melilla expresó ayer su dolor y sus condolencias a familias y amigos de las víctimas mortales del terrible accidente ferroviario que se produjo la tarde del pasado domingo a la altura de la población cordobesa de Adamuz, un pueblo de apenas quinientos habitantes que se volcó por completo para ayudar en las tareas de rescate, personas solidarias que llegaron al fatídico punto del descarrilamiento con mantas, agua, comida y linternas, entre otros artículos de primera necesidad.
El presidente de la Ciudad Autónoma, Juan José Imboda, puso voz al sentimiento de tristeza y de pena de los melillenses por tan horrible accidente en su calidad de representante de todos los ciudadanos al término del minuto de silencio que, a modo de homenaje, se llevó a cabo en la puerta del Palacio de la Asamblea. Allí se reunieron representantes políticos y de las instituciones públicas de Melilla, incluido una representación de la Comandancia General en nombre de las Fuerzas Armadas.
Nadie entiende qué puso pasar para que se produjera esa colisión. El propio presidente de Renfe habla de algo "extraño" tras descartar que el desastre se debiera a un fallo humano. Al cierre de la Redacción eran cuarenta las víctimas mortales y cuarenta y tres los heridos que permanecían ingresado en el hospital, doce de ellos en estado muy grave en la UCI. Las familias de los fallecidos, los afectados directos y el conjunto de los españoles quieren saber qué fue lo que causó semejante accidente, el primero en el que se ve involucrado un tren de alta velocidad en España.
En la tarde de ayer la prensa nacional empezaba a comentar la existencia de posibles fallos en las soldaduras de las vías del Iryo, el otro tren que se diría a Huelva y contra el que chocó el AVE a Sevilla después de su descarrilamiento. No obstante, hay que ser muy prudentes ante un siniestro de esas características y esperar a que los técnicos hagan su trabajo, analicen todas las circunstancias que se dieron en ese tramo de Adamuz y obtengan conclusiones bien argumentadas.
Es de la mayor importancia que las investigaciones se desarrollen con absoluta transparencia, que la opinión pública esté puntualmente informada de cada avance y que los pasajeros puedan volver a confiar en el transporte ferroviario. Esperemos que no suceda como con el apagón de abril de 2025, cuyas causas reales siguen siendo un misterio después de que la Justicia archivara cualquier posibilidad de que se tratara de un sabotaje, como el propio Gobierno especuló en su momento.








