La Consejería de Medio Ambiente y Naturaleza ha culminado recientemente una serie de reformas integrales en la estación depuradora de aguas residuales de Melilla con el objetivo de mejorar su funcionamiento y garantizar un tratamiento más eficiente del agua. Estas actuaciones forman parte de una estrategia de gestión hídrica impulsada por el Gobierno de la Ciudad en un contexto marcado por las limitaciones estructurales del sistema y la dependencia de infraestructuras cuya gestión corresponde al Estado.
Según ha explicado el consejero de Medio Ambiente y Naturaleza, Daniel Ventura, las reformas llevadas a cabo en la depuradora eran necesarias para actualizar unas instalaciones que presentaban un notable deterioro y para asegurar que los procesos de tratamiento se desarrollen en condiciones adecuadas. La depuradora constituye una pieza clave dentro del ciclo integral del agua, ya que de su correcto funcionamiento depende tanto la protección del medio ambiente como la seguridad sanitaria.
Las actuaciones realizadas han permitido mejorar la operatividad de la planta y reforzar la fiabilidad del sistema, reduciendo el riesgo de incidencias y optimizando los procesos de depuración. Desde la Consejería se ha señalado que estas mejoras responden a una planificación orientada a mantener infraestructuras esenciales en condiciones óptimas, dentro del ámbito de competencias de la Ciudad Autónoma.
Agua para el riego
No obstante, a pesar de estas mejoras, la gestión del agua en Melilla continúa condicionada por diversos factores que limitan las opciones disponibles. Uno de ellos es la imposibilidad de utilizar agua regenerada procedente del tratamiento terciario para el riego de parques y zonas verdes, debido a la falta de autorización correspondiente por parte del Gobierno central. Desde Medio Ambiente se ha advertido de que esta situación impide aprovechar un recurso que podría contribuir a aliviar la presión sobre otras fuentes de abastecimiento.
La falta de autorización para el uso de agua regenerada supone, según ha expuesto la Consejería, una restricción relevante en la planificación hídrica de la ciudad. Este escenario obliga a mantener una elevada dependencia de la desalación y de los recursos almacenados, lo que reduce el margen de maniobra ante posibles incidencias en el sistema.
En este contexto, Daniel Ventura ha defendido el uso del pantano como una herramienta fundamental para garantizar el suministro de agua en situaciones de emergencia o ante posibles cortes. El consejero ha subrayado que esta infraestructura permite disponer de una reserva estratégica que aporta seguridad al sistema, especialmente en un territorio con recursos hídricos limitados y con una fuerte dependencia de instalaciones externas.
Desde el Gobierno de la Ciudad se insiste en que el pantano no debe entenderse como una solución aislada, sino como parte de un conjunto de medidas destinadas a garantizar el abastecimiento. Su utilización se enmarca en una gestión preventiva que busca anticiparse a posibles problemas derivados de averías, mantenimientos o limitaciones en la producción de agua desalada.
Precisamente, la desalinizadora continúa siendo uno de los principales puntos de preocupación para la Ciudad Autónoma. El Ejecutivo local ha detallado en varias ocasiones las deficiencias que presenta esta instalación, tanto en lo relativo a su capacidad de producción como a su estado general. Estas carencias, según se ha denunciado, afectan de manera directa a la estabilidad del suministro de agua potable en Melilla.
La Ciudad ha trasladado al Ministerio de Transición Ecológica la necesidad de acometer actuaciones que permitan mejorar el funcionamiento de la desalinizadora y adaptarla a las necesidades reales de la población. Desde la Consejería de Medio Ambiente se subraya que, al tratarse de una infraestructura cuya gestión ha sido cedida al Gobierno local pero con graves deficiencias de funcionamiento, resulta imprescindible que la Administración General del Estado asuma su responsabilidad en las reparaciones y modernización de la planta.
Mientras tanto, la Ciudad continúa actuando en aquellas infraestructuras que sí están bajo su competencia, como es el caso de la depuradora. Las reformas ejecutadas en esta instalación se presentan como un ejemplo del esfuerzo realizado para reforzar el sistema hídrico dentro de los márgenes de actuación disponibles, aunque desde el Ejecutivo local se reconoce que estas medidas no son suficientes para resolver los problemas estructurales existentes.
La combinación de mejoras en la depuración, la defensa del uso del pantano y la reclamación de soluciones para la desalinizadora define el actual escenario de la gestión del agua en Melilla. Desde Medio Ambiente se insiste en que garantizar un suministro estable y seguro requiere tanto inversiones locales como una respuesta adecuada por parte del Estado en las infraestructuras de su competencia.
En definitiva, Melilla avanza en la modernización de sus instalaciones de depuración mientras mantiene abiertas sus reivindicaciones para superar las limitaciones que afectan al sistema de abastecimiento. La gestión del agua sigue siendo una prioridad para el Gobierno de la Ciudad, que reclama una mayor coordinación institucional para afrontar un reto estratégico de primer orden.








