Aunque los avances tecnológicos corren como la pólvora, aunque vivimos en la era de la digitalización, aunque la sociedad de la información es lo habitual en cualquier aspecto de nuestra vida, lo cierto es que existe un colectivo que se siente desplazado, incomunicado, maltratado y está absolutamente desconectado de todo lo que suene a online. Se trata de las personas mayores, muchísimas de las cuales apenas si conocen la técnica para sacar dinero del cajero automático o sacar una cita por internet para cualquier gestión que necesiten hacer.
Comentaba ayer un señor mayor que ya ni siquiera puede pedir una bombona de butano. Antes, decía en conversación telefónica con este Diario, él llamaba por teléfono, daba su número de abonado y se le servía a domicilio el producto en cuestión. Ahora, sin embargo, se quejaba amargamente de que todo debe hacerse a través de internet y no conseguía de ninguna de las maneras rellenar el formulario que se le exige para tener acceso a su bombona.
Se trata de una realidad que afecta a miles de personas en toda España y también aquí en Melilla. Este interlocutor solo pedía que hubiera un teléfono habilitado para que personas como él, ajenos al mundo tecnológico, no se encontraran desamparados en algo tan básico como disponer de gas en su casa. Y en eso no le faltaba su razón. No se puede obligar a un colectivo tan numeroso como es el de las personas de edad que se adapten ahora a un sistema que les es completamente desconocido, que nunca han utilizado, que nadie les ha enseñado a manejar.
La sociedad tiene que ser consciente de este problema. No todos los mayores tienen un hijo o un familiar cerca que les pueda resolver la papeleta. Tampoco nadie puede obligarles a manejar una tecnología que les suena a chino, ante la que no se sienten seguros, pero que deben utilizar sí o sí porque hay sectores poco sensibles a sus necesidades más básicas.
Es el momento de hacer una reflexión sobre cómo se puede hacer la vida más fácil a nuestros mayores. Ellos merecen toda la comprensión de la sociedad y que se les ayude en este trance, que para ellos se presenta como una cuesta arriba muy empinada. No estaría de más que la empresa encargada del butano tuviera una línea telefónica para este sector de la ciudad porque el esfuerzo sería mínimo para ella y una gran labor de solidaridad para esas personas.
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