El debate entre franquicias y comercios locales vuelve a situarse en el centro de la conversación económica y social. En un contexto marcado por la inflación, los cambios de hábitos tras la pandemia y la transformación digital, los datos nacionales dibujan un escenario optimista para el pequeño comercio. Sin embargo, la realidad cotidiana de muchos jóvenes melillenses muestra una tendencia distinta: la preferencia clara por las grandes cadenas, especialmente en sectores como la moda y la cosmética.
Las voces recogidas en la ciudad reflejan una inclinación práctica hacia las franquicias, asociadas a comodidad, variedad y precios competitivos. Sin embargo, según el informe “Radiografía del consumo en España”, elaborado por la firma tecnológica Square, tres de cada cuatro consumidores en España compran en negocios locales más que hace tres años, y para un 86,5% es más importante que nunca apoyarlos. Pero, en la práctica, muchos jóvenes melillenses admiten que sus hábitos de compra se inclinan hacia las grandes cadenas. ¿Se trata de una contradicción generacional? ¿O simplemente de una cuestión de facilidad y costumbre?
"Termino yendo a lo fácil”
Sheila lo tiene claro. Cuando se le pregunta dónde suele comprar más, responde sin titubeos: en franquicias. Principalmente adquiere ropa y reconoce que apenas visita comercios locales. “No, no suelo visitar”, afirma con naturalidad cuando se le pregunta por tiendas de proximidad.
Una respuesta similar ofrece Susana. También elige franquicias para comprar ropa, maquillaje y perfume. Aunque admite que en ocasiones podría acudir a una tienda local para adquirir perfumes, confiesa que en el caso de la ropa prefiere la franquicia por comodidad. “Me parece más fácil ir a la franquicia, entonces termino yendo a lo fácil”, explica.
María comparte la misma tendencia. Compra mayoritariamente en franquicias y, aunque su elección depende de lo que esté buscando, asegura que no suele acudir a tiendas locales para adquirir productos como maquillaje, perfumes o ropa.
Estas declaraciones evidencian un patrón común: la franquicia se percibe como sinónimo de accesibilidad, variedad inmediata y experiencia estandarizada. La decisión no parece estar cargada de un posicionamiento ideológico contra el comercio local, sino más bien basada en la practicidad.
El contraste con los datos nacionales
Esta realidad local contrasta con los resultados del estudio Radiografía del consumo en España, elaborado por la firma tecnológica Square tras un año de actividad en el país. Según el informe, tres de cada cuatro consumidores en España afirman comprar en negocios locales más que hace tres años. Además, para un 86,5% de los encuestados es ahora más importante que nunca apoyar al pequeño comercio.
El estudio analiza el impacto de factores como la creciente inflación, la incertidumbre internacional derivada de la guerra en Ucrania y las medidas adoptadas tras la pandemia que aún perduran. En este contexto, el comercio local ha logrado reforzar su imagen como motor económico cercano y resiliente.
Sin embargo, la percepción juvenil en Melilla parece alejarse de esa tendencia general. Mientras el discurso nacional habla de compromiso y apoyo, muchos jóvenes priorizan rapidez, precios y facilidad de acceso.
La experiencia física sigue ganando terreno
Uno de los aspectos más llamativos del informe es que, pese al auge del comercio electrónico en los últimos años, los españoles continúan apostando por la compra física. Solo un 11% de los encuestados realiza más de la mitad de sus compras por internet, mientras que el 71,4% limita sus compras online a menos de una cuarta parte del total.
Este dato refuerza la importancia del espacio físico como punto de encuentro entre consumidor y producto. Tres de cada cinco encuestados consideran que comprar en tiendas locales es ahora más agradable gracias a las medidas adoptadas tras la pandemia, especialmente aquellas que facilitan una experiencia sin contacto.
Entre las medidas preferidas para que perduren en el tiempo destacan los pagos contactless (45,7%). De hecho, el pago con tarjeta sin contacto es la opción favorita para el 37,6% de los consumidores, seguido por el efectivo (24,3%) y los pagos tradicionales con tarjeta (23,8%).
La modernización tecnológica, por tanto, no solo afecta a las franquicias. El pequeño comercio también ha sabido adaptarse, incorporando herramientas digitales que agilizan el proceso de compra y mejoran la percepción del cliente.
El papel clave de los empleados
El informe también subraya un elemento fundamental en la experiencia de compra: el factor humano. Un 36% de los encuestados afirma que hablar con los empleados es el principal motivo para recorrer una tienda con calma. La atención personalizada se convierte así en un valor diferencial del comercio físico frente al digital.
Paradójicamente, la ausencia de personal cuando se necesita ayuda es una de las razones que más desmotiva a los consumidores: un 36,4% señala este aspecto como motivo para no volver a un establecimiento. Otras causas relevantes son políticas de devolución poco convenientes (55,4%) y la falta de servicio de entrega gratuita (43,7%).
En este punto, el comercio local podría tener una ventaja competitiva clara. La cercanía, el trato personalizado y el conocimiento del cliente son activos difíciles de replicar en grandes cadenas. Sin embargo, la percepción juvenil recogida en Melilla sugiere que ese valor añadido no siempre es determinante en la decisión final.
Innovación y nuevas experiencias de compra
El estudio también apunta a nuevas fórmulas para atraer al consumidor. Un 29% se sentiría más inclinado a pasar tiempo en una tienda si pudiera utilizar realidad aumentada para probar artículos. Un 23,3% valora experiencias sin contacto mediante códigos QR que aporten información adicional, mientras que un 19,7% destaca la realidad virtual para conocer el origen o proceso de fabricación de los productos.
Estas cifras muestran que la innovación tecnológica puede ser un puente entre tradición y modernidad. Tanto franquicias como comercios locales tienen margen para integrar estas herramientas y enriquecer la experiencia de compra.
Otras opiniones
No todos los melillenses comparten la misma postura. Daniel ofrece una visión distinta: “Intento comprar en tiendas locales cuando puedo, porque sé que el dinero se queda aquí y ayuda a familias de la ciudad”.
Por su parte, Laura aporta un matiz intermedio: “En franquicias encuentro más variedad y precios más claros, pero en las tiendas locales me siento mejor atendida. Depende mucho de lo que necesite en ese momento”.
Estas declaraciones reflejan que la decisión de compra no es uniforme ni definitiva. Existe una tensión constante entre conveniencia y compromiso, entre precio y cercanía.
La preferencia de muchos jóvenes por franquicias podría explicarse por varios factores: la influencia de las redes sociales, la homogeneización de tendencias globales y la facilidad de encontrar las mismas prendas o productos que ven en internet. Las franquicias ofrecen colecciones actualizadas con rapidez y una imagen reconocible que genera confianza inmediata.
El comercio local, en cambio, suele apostar por la diferenciación y el trato personalizado. No compite necesariamente en volumen o rapidez, sino en singularidad y proximidad.
El reto para el pequeño comercio pasa por conectar con las nuevas generaciones sin perder su identidad. La incorporación de métodos de pago modernos, políticas de devolución flexibles y estrategias de comunicación digital pueden resultar determinantes.
El panorama actual muestra una dualidad clara. A nivel nacional, el discurso y los datos apuntan a un renovado apoyo al comercio local. En la práctica cotidiana de muchos jóvenes melillenses, la franquicia continúa siendo la opción predominante, especialmente en sectores como la moda y la belleza.
Lejos de ser una confrontación absoluta, la convivencia entre ambos modelos parece inevitable. Las franquicias aportan estandarización, variedad y precios competitivos; el comercio local ofrece cercanía, identidad y trato personalizado.
El futuro dependerá de la capacidad de adaptación de cada modelo y de la evolución de los hábitos de consumo. Mientras tanto, en las calles de Melilla, la decisión de compra sigue oscilando entre lo fácil y lo cercano, entre lo global y lo local.







