La madrugada se ha convertido en el momento más temido del día para la melillense Estefanía M.C. Dormir junto a sus dos hijos pequeños en el patio de su vivienda, ubicada en el barrio Monte María Cristina, era hasta hace menos de un mes una rutina más del verano para combatir el calor. Sin embargo, ha terminado convirtiéndose en una experiencia aterradora por los incendios en los contenedores de residuos.
Fue el pasado mes de julio, en plena madrugada, cuando la suegra de Estefanía despertó a la familia, al grito de "¡fuego!". En cuestión de segundos, el descanso dio paso al pánico. Estefanía cogió en brazos a sus hijos, una niña de 4 años y un niño de 2 y salió apresuradamente al exterior mientras las llamas avanzaban desde los contenedores situados frente a su domicilio.
Recuerda que el fuego se encontraba prácticamente sobre el patio donde, minutos antes, dormían ella y sus hijos. Una escena angustiosa que podría haber tenido consecuencias muy graves de no haber despertado a tiempo. Desde entonces, su tranquilidad ha desaparecido y cada noche vive con el temor de que la historia vuelva a repetirse.
Según ha relatado a El Faro, la quema de contenedores no es un hecho aislado en esta zona del barrio. Afirma que llevaba tiempo solicitando que estos recipientes que se encontraban frente a su domicilio fueran retirados o reubicados, debido al riesgo que suponían por la acumulación de residuos y enseres depositados junto a ellos.
"Los contenedores están vacíos, pero las Maderas, puertas y otros objetos grandes están siempre alrededor, aumentando el peligro de incendio".
No fue hasta después del primer fuego cuando los contenedores fueron trasladados a la acera de enfrente. Sin embargo, el problema, lejos de solucionarse, volvió a repetirse 3 días después, ya que fueron incendiados nuevamente a plena mañana, a las 10:30 horas.
La situación volvió a darse el pasado jueves 6 de agosto, de madrugada y de nuevo frente a su vivienda. Una sucesión de incendios que ha terminado por generar una profunda sensación de inseguridad tanto en Estefanía como en su familia.
Denuncia
Si bien ha reconocido no poder identificar con certeza a los autores materiales de los incendios, Estefanía sostiene que ha observado a varios jóvenes del barrio en las inmediaciones cada vez que se producen estos actos. Una falta de pruebas que le ha impedido formalizar una denuncia en la Policía Nacional. No obstante, ha lamentado que las fuerzas de seguridad no se personaran en su calle durante el último incendio. Una circunstancia que, a su juicio, ha incrementado su sensación de desprotección.
Su preocupación ya no gira únicamente en torno a los daños materiales. Lo que más le inquieta son las consecuencias que esta situación está teniendo sobre sus hijos. Cuenta que ambos permanecen asustados desde el primer incendio y que cualquier episodio relacionado con los contenedores les genera miedo.
Ella misma reconoce que vive en un estado constante de alerta, pendiente de cualquier ruido durante la madrugada y con la incertidumbre de si volverá a despertarse sobresaltada por otro incendio.
La situación también ha tenido repercusiones en su salud. Estefanía padece asma y asegura que la inhalación del humo ha agravado sus problemas respiratorios. De hecho, tras el último incendio tuvo que acudir al Servicio de Urgencias del Hospital Universitario, donde estuvo varias horas recibiendo tratamiento con aerosoles para aliviar la dificultad respiratoria provocada por el humo.
Inseguridad
A sus 35 años y tras llevar prácticamente toda su vida en el monte María Cristina, asegura que nunca había presenciado una situación similar a la actual. Ha destacado como la convivencia se ha deteriorado de manera notable, lamentando que unos actos vandálicos reiterados estén condicionando la vida diaria de quienes simplemente quieren vivir con tranquilidad.
Por lo pronto, su principal petición es que los contenedores sean retirados definitivamente de la puerta de su casa o trasladados a otro punto donde no supongan un riesgo para las viviendas próximas. Explica que también ha solicitado en distintas ocasiones una alternativa habitacional, aunque asegura que desde la Administración le han comunicado que no existen viviendas disponibles.
No se olvida de exigir mayor seguridad en las calles del barrio, para que situaciones de este tipo no vuelvan a repetirse. Y es que esta vecina insiste en desvincular lo que está ocurriendo en el Monte María Cristina de cualquier confrontación o disputa política. Sostiene que los incendios responden únicamente a actos de vandalismo que están alterando la convivencia y la tranquilidad de los vecinos.
Mientras tanto, reconoce que cada noche vuelve a acostarse con el mismo temor: Que las llamas regresen frente a su domicilio y pongan de nuevo en peligro a su familia.
"Es un sinvivir. No puedo aguantar más esta situación. Ya no pienso en mí, pienso en mis hijos. Van a conseguir que me vaya porque en mi propio barrio no tengo seguridad".
Ese miedo, afirma, se ha instalado en su hogar y, de momento, no encuentra una solución que le permita recuperar la tranquilidad.








