A la vista de las actuaciones que se van a realizar en distintos centros escolares de Melilla, las quejas de sindicatos, profesorado, padres de alumnos o del Gobierno local, eran más que razonables. El Ministerio, que siempre ha querido vender otra cosa, parece que ahora recula y realmente se da cuenta de cuál es la situación.
Nuevas aulas para tratar de paliar la altísima ratio de alumnos por clase, mejoras en gimnasios o bibliotecas o la eliminación de barreras arquitectónicas con ramplas y ascensores son algunos de los proyectos a los que Madrid ha dado el visto bueno .
También se ha pensado en el programa 2,0, una iniciativa desde luego de vanguardia –ordenadores para todos los alumnos y pizarras digitales–, pero que sin las condiciones mínimas de infraestructura no se podía lleva a cabo.
Parece que para todo ello se está poniendo remedio y habrá que confiar en que esa inercia de mejora continúe en otros muchos aspectos que desde diversos colectivos relacionados con la Educación se llevan años demandando.
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