El párroco de la iglesia Santa María Micaela se marcha a Valladolid tras once años en la ciudad. El sacerdote, que regresó a su ciudad natal en el año 2001, recibió el cariño de un grupo de feligreses antes de su partida.
Después de once años en la parroquia de Santa María Micaela, Fernando Almansa Delgado recibía el jueves por la noche una cena de despedida por parte de algunos de sus feligreses. Este párroco, melillense de nacimiento, pero que abandonó la ciudad a los 14 años para irse a estudiar al seminario de Andújar, volvió más de cuatro décadas después para redescubrir Melilla. Desde entonces, y hasta ayer, ha trabajado junto a los vecinos del barrio La Victoria para tratar de mejorar su parroquia y ayudar a aquellos que lo han necesitado. El párroco señaló que regresó a la ciudad junto a su madre, y que tras el fallecimiento de ésta hace un año comenzó a plantearse la posibilidad de cambiar de destino. Y es que para Almansa estar en una misma parroquia demasiado tiempo no es bueno ni para el sacerdote ni para los feligreses. Ahora afronta su nueva etapa con ilusión, aunque no sin cierta inquietud ante lo desconocido. A sus 59 años, y después de haber estado en varias iglesias de Andalucía, el párroco se traslada a un lugar muy alejado de donde normalmente se ha movido. Allí compartirá la parroquia de la Milagrosa y el Dulce Nombre de María, junto a otros tres sacerdotes. Pero antes de eso, el jueves por la noche, un grupo de feligreses quisieron compartir con él una sencilla cena y ofrecerle algunos obsequios de recuerdo. El párroco aseguró que fue un encuentro bonito pero que “no era necesario”. Almansa asegura que durante estos años ha vivido todo tipo de momentos, buenos y malos y que ha tratado de acompañar a los miembros de la parroquia en todos ellos. El párroco reconoce que no todas sus acciones habrán sido adecuadas y que muchas veces también habrá cometido errores, por los que pide disculpas a sus feligreses. De hecho durante su última homilía quiso agradecer a los feligreses toda su dedicación a mejorar la parroquia durante estos años, y les animó a que continúen en la misma línea ahora que él se va. Almansa destacó que la parroquia de Santa María Micaela cuenta con una comunidad muy importante, tanto de niños y familias como de personas mayores. El párroco señaló que ha aprovechado estos años para conocer su ciudad desde una perspectiva diferente a la que recordaba de niño y que se ha encontrado con una Melilla diferente y al mismo tiempo mejor. Por otro lado, el párroco dice que se va tranquilo porque deja frente a su parroquia a un nuevo sacerdote, que ya lleva un año junto a él y que conoce perfectamente a los feligreses y su iglesia. “Cuando yo llegué no conocía nada y fue mucho más difícil ponerme al día de todo, sin embargo yo he estado junto al nuevo párroco durante un año y sé que conoce perfectamente cómo funciona todo”. Fernando Almansa hace ahora sus maletas para partir hacia su nuevo destino, una nueva iglesia, una nueva ciudad y una nueva comunidad. Pero al igual que ha hecho durante todos estos años continuará volviendo a su ciudad natal para recorrer las calles en las que creció y reencontrarse con amigos y familiares que aún continúan viviendo en Melilla. El párroco se despidió llevándose gratos recuerdos, el cariño de su comunidad y muchos nuevos amigos que estarán encantados de volverlo a ver a su vuelta.
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