Editorial

La tradición se cumplió

Los melillenses vuelven a llenar el cementerio en el Día de Todos los Santos después de dos años de restricciones

El cementerio cristiano de Melilla recibió la visita de cientos de ciudadanos decididos a honrar a sus seres queridos, que reposan en el camposanto melillense lleno ayer de colorido por las innumerables flores que se depositaron en tumbas y nichos.

La Purísima llevaba días en un constante ir y venir de personas, afanadas en limpiar y adecentar los lugares donde descansan por toda la eternidad sus familiares y amigos, pero la jornada central de esta festividad de Todos los Santos fue especialmente llamativa por la alta participación de melillenses en esta tradición, que nuevamente se cumple en todo su esplendor.

De hecho, hacía dos años que con motivo de la pandemia, las visitas se habían recortado bastante en comparación a años anteriores. Por ejemplo, no venían familiares de la península para visitar las tumbas y no se produjo tampoco un lleno como el que se vio este martes en el cementerio.

Entre las personas que viajaron a la ciudad para cumplir con la tradición están los familiares de Benito López Franco, conocido en Melilla como el ‘soldado de los milagros’, posiblemente la tumba con más ofrendas florales de cuantas se hallan en La Purísima. Después de la prohibición de viajar por el covid, estas personas han vuelto a lo que siempre venían haciendo: recordar a Benito, algo que ininterrumpidamente se producía cada 1 de noviembre desde hace décadas.

La tradición de celebrar el Día de Todos los Santos se viene mezclando desde hace unos años con la fiesta de Halloween, importada desde los Estados Unidos y que ha echado fuertes raíces en toda España y Melilla no iba a ser menos. La imagen del “truco o trato” puede verse ya en los edificios y las calles melillenses con decenas de niños disfrazados, principalmente de personajes que infundan miedo.

Y es Halloween lo que ha organizado con notable éxito la asociación Zona Centro. Talleres, juegos, actuaciones…, las calles más céntricas se vieron a rebosar por la gran cantidad de personas que quisieron participar en los eventos, especialmente dirigidos a los más pequeños. Coincidió, además, con la llegada del último crucero que ha recibido la ciudad, lo cual permitió que los visitantes se encontraran con el centro lleno y especialmente animado. Eso siempre es un dato positivo de cara al turismo porque los cruceristas destacaron, precisamente, la alegría que habían encontrado en Melilla y, por supuesto también, la belleza del patrimonio modernista, uno de nuestras fortalezas más interesante para los ojos nuevos que vienen de fuera.

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