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La revolución alfabetizadora que empodera a las mujeres

Gracias al Proyecto Alfa, que nació en 2004 para ofrecer una oportunidad educativa a quienes nunca la habían tenido

Halima Salmi tiene 51 años y la palabra que más repite es ‘gracias’, con una sonrisa y gesto sincero. Lo hace porque su vida cambió hace un lustro, cuando dio el paso de aprender a escribir y a hablar español gracias a una revolución silenciosa que ha ayudado a cientos de mujeres a empoderarse en Melilla.

Muchas de ellas, como Halima, ni siquiera sabían coger un lápiz para escribir sus primeras letras cuando empezaron a participar en el Proyecto Alfa, un programa que nació en 2004 para ofrecer una oportunidad educativa a mujeres que nunca la habían tenido, clave, entre otras, de su gran vulnerabilidad.

Su puesta en marcha hace más de 20 años “marcó un antes y un después en la vida de estas mujeres”, prácticamente todas de origen marroquí y muchas no solo analfabetas, sino también desconocedoras del idioma español pese a llevar años viviendo y trabajando en Melilla, la mayoría como empleadas de hogar o cuidadoras.

Estas carencias educativas las hacían también víctimas de una exclusión social a la que un grupo de hermanos y seglares de La Salle decidieron plantar cara con el Proyecto Alfa, que en estas dos décadas de vida ha ayudado a 1.400 mujeres, jóvenes y mayores, abriéndoles “una puerta hacia el conocimiento y la integración”.

Quien habla para EFE es Farida El Messaoudi, una de las responsables de este programa que nació para “responder a una necesidad social y urgente” que había en Melilla a principios del milenio, y que con el paso del tiempo ha ido ampliando sus horizontes porque “el empoderamiento va más allá de la educación formal”.

Ahora, además de la alfabetización y el aprendizaje del idioma, el Proyecto Alfa también se empeña en que estas mujeres puedan acceder a “un empleo digno” abriéndoles nuevos caminos formativos para que puedan mejorar su empleabilidad y prepararse para obtener el título de la ESO e incluso la nacionalidad. Todo ello haciendo piña, “como una familia”, y sin desatender el aspecto social.

La llave del cambio

Fadela, de 29 años, lleva ya varios acudiendo a clase gracias a este programa. Cuando era niña no pudo hacerlo porque la educación pública reglada le fue vetada por la situación administrativa irregular en la que se encontraba su familia. Ella llegó a Melilla siendo muy pequeña y siente que ha perdido mucho tiempo por no haber tenido abiertas las puertas del colegio en aquel momento.

“Aquello estaba fuera de mi control. Pero ahora que puedo y tengo el poder de cambiarlo, decido seguir lo que me hubiera gustado hacer hace tiempo”, afirma en un español perfecto sentada en uno de los pupitres de La Salle, donde el Proyecto Alfa da sus clases todas las tardes a unas 200 mujeres de todas las edades y alrededor de 60 niños de familias vulnerables que necesitan apoyo educativo.

Fadela está preparándose para obtener el título de la ESO. Se examina en abril. Si consigue su objetivo, el siguiente paso será intentar un grado medio de FP. Cuando se le pregunta a qué le gustaría dedicarse en un futuro, lo tiene claro: “Me gustaría trabajar en algo social porque me encanta ayudar a gente como me han ayudado a mí”.

“Yo he pasado por momentos muy difíciles en mi vida personal y la verdad es que si no fuera por el apoyo que he recibido aquí, no sé qué sería de mí”, admite Fadela, que ha ido notando cómo el Proyecto Alfa ha supuesto para ella un punto de inflexión no solo a nivel profesional y académico, sino también personal, con una mayor confianza, fortaleza y “la mente más abierta”.

Incluso ha conseguido romper con la timidez que le impedía hablar con los demás “por estar encerrada en una burbuja donde te sientes incapaz, que no vales nada y no eres nadie”. “Por eso me gustaría hacer ver a esas personas que no están solas, que pueden hacerlo y que no depende de la sociedad que las rodea, las señala y las aparta del ambiente social”, agrega rotunda.

A Halima le pasó algo parecido. “Gracias a Alfa me he vuelto una mujer fuerte”, asegura esta mujer, que no falta ningún día a clase, consciente de que esa ha sido la clave de su cambio. “Yo antes no sabía nada”, resume. Ahora, además de manejarse con el lápiz y el papel, se siente más segura de sí misma, lo que ha mejorado su vida y le ha devuelto una ilusión que lleva reflejada en el rostro.

“Para mí es una cosa muy grande”, sentencia esta empleada de hogar y cuidadora que lleva viviendo en Melilla más de tres décadas, pero es ahora cuando de verdad se siente parte de su sociedad, gracias también a las actividades sociales que organiza este programa, respaldado por la Ciudad Autónoma de Melilla y la Fundación La Caixa.

 

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