La magia no se ha ido de Melilla. Apenas unas horas después de que Papá Noel completara su recorrido por los hogares de la ciudad, desde la tarde del 25 de diciembre, la Calle General Prim vuelve a llenarse de ilusión con la llegada de una figura muy especial: la paje Real enviada desde Oriente para recoger los deseos de los más pequeños y asegurar que cada uno llegue a las manos de Sus Majestades: Melchor, Gaspar y Baltasar.
Desde entonces, su caseta —ubicada junto al Tren del Polar Express— vuelve un año más a convertirse en un punto de encuentro para familias enteras que, a pesar de la lluvia o el frío, no quieren dejar pasar la oportunidad de vivir este momento único y especial. Allí, entre luces tenues, adornos navideños y una calidez que nada tiene que ver con la meteorología, los niños entregan sus cartas o comparten sus deseos con la paje Real, reciben caramelos con sabor a infancia y se llevan una fotografía que conservarán como un pequeño tesoro navideño.
La paje, Abigail Carmona, conoce bien su misión: “Los niños vienen a echarle la carta a los Reyes y yo estoy aquí para recogerlas y llevarlas a Oriente”, explica con la naturalidad de quien se ha ganado la confianza de los pequeños y mayores desde hace muchísimo tiempo, pues Carmona lleva desde los 16 años dedicándose a la mágica tarea de recibir a las familias y sus deseos navideños. “Todos los años vengo con mucha ilusión, porque me encanta”, cuenta la paje Real. “Ves la cara de los niños cuando te ven y te dicen ‘yo quiero esto’ con muchísima ilusión… a mí me encanta estar aquí”, destaca.
Aunque colabora estrechamente con Melchor, Gaspar y Baltasar, entre sonrisas la paje Real confiesa que siente una especial debilidad por Baltasar. Cada día, desde las 11:00 hasta las 14:00 por la mañana y de 17:30 a 20:30 por la tarde, Abigail Carmona recibe con dedicación a todas las familias que se acercan a su caseta. No importa si la carta viene escrita con letras grandes y dibujos de colores, si ha sido dictada por papá o escrita con ayuda de mamá: todas tienen un lugar asegurado en el gran buzón de los deseos. Algunos prefieren contárselo directamente a la paje, susurrando con emoción sus peticiones; otros colocan su carta con cuidado, como si depositaran un tesoro. Sea por escrito o de viva voz, cada mensaje queda recogido y listo para llegar a tiempo a Sus Majestades de Oriente.
El ambiente en la caseta lo envuelve todo. Desde el primer paso que se da sobre la alfombra, los niños miran alrededor con los ojos bien abiertos y se adentran para acercarse con cierta timidez a Carmona, quien espera con ternura y complicidad. Cada visita es diferente, cada niño trae su historia. Algunos entran despacio, aferrados a la mano de su madre o de su padre; Otros lo hacen con paso decidido, carta en mano o la lista memorizada. No hay un formato único; la contemplación, la sorpresa, la curiosidad tienen cabida en este pequeño espacio de la ciudad.
Lo importante no es solo lo que piden, sino la emoción con la que lo hacen, las caras con las que se adentran en la caseta y observan todo lo que les rodea. “Hay niños que vienen pidiéndote desde un móvil a una caja registradora. Otros que vienen con el hermano y te dicen ‘dile que a mi hermano no le traiga esto’”, relata entre risas Abigail. “Pero todos vienen con mucha ilusión”, destaca.
Y es precisamente esa ilusión la que hace que las familias repitan año tras año. Este año, la pantalla instalada dentro de la caseta añade un toque de modernidad sin romper con lo clásico. Los niños la observan con atención mientras esperan que se imprima la imagen con Abigail Carmona. En muchas casas, esa imagen ocupará un lugar especial durante todo el año.
La paje estará en Melilla hasta el 4 de enero, como ella misma cuenta: “Aquí estamos hasta el día cuatro… yo ya me voy ese día para preparar los regalitos”, confiesa detallando su calendario de actividad. Y aunque lo dice con una sonrisa, sabe bien que ese trabajo no es menor: coordinar, ordenar, comprobar y asegurar que cada deseo llegue a tiempo es una responsabilidad grande. Pero también es un honor.
La ciudad, mientras tanto, se prepara para recibir a los Reyes Magos en su tradicional Cabalgata del 5 de enero. Un desfile de color, música, carrozas y alegría que cada año recorre las calles de Melilla y despierta aún más emoción. Será entonces cuando Sus Majestades aparezcan por fin y saluden a todos los niños que, días antes, pasaron por la caseta de la paje para dejar su carta. Hasta entonces, la caseta seguirá abierta, recogiendo ilusiones y cumpliendo sueños.
Cada carta entregada es una historia escrita a puño y letra, con dibujos, con pegatinas. Algunas piden juguetes, otras algo de paz. Unas escriben para ellos, para sus hermanos y hermanas, primos y primas, abuelos, abuelas, padres y madres. Pero todas tienen en común el deseo de creer, de vivir la Navidad como solo los niños saben hacerlo.
Y eso también lo siente Abigail Carmona, que se despide de cada niño con una palabra amable y una promesa silenciosa de hacer llegar su mensaje: “Yo estoy aquí para llevarlas a Oriente”, explica la paje Real, mientras hace entrega de los caramelos -de fresa, limón, naranja... - a los más pequeños quienes abren sus manos y se llenan sus bolsillos, esperando a los Reyes Magos un año más.







