Categorías: Sociedad

La música sube enteros bajo la batuta de Josep Herman Alapont

Sí, todo ha cambiado desde que Josep Enric Herman agarró con determinación la batuta de la Orquesta Sinfónica, Banda de Música y Coros ‘Ciudad de Melilla’. Hay otro aire. Las agrupaciones musicales pueden tronar pero también trinar, esto es, cuando la música se hace poesía mimosa, cuando la música acaricia y se convierte en bálsamo de las mejores sensaciones.
Herman ha recibido el legado de otro buen –pero controvertido director– Vicente Romero, hombre de impulsos. A Herman no le faltan impulsos, pero todo en su momento. Es lo de las crestas y los valles, ergo, cuando hay que tronar, se trona y, cuando hay que trinar, se escribe una página de elegancia y tacto en el pentagrama.
Muy bien el concierto de los ‘juveniles’ de la asociación del pasado fin de semana en el PEC. ¿Gente? Bueno, la justa, la de los verdaderos melómanos de Melilla que quedaron –eso sí– impresionados por la calidad de artista de este ramillete de intérpretes magníficamente bien dirigidos por Josep.
Arrancó la sesión con uno de los temas más divertidos de Sparke, Las trompetas de Tijuana. Lo tenía bien pensado Herman: Hay que romper el hielo por las buenas o por las malas. Si es por las buenas, mejor. Llegó al Palacio de Congreso el no menos divertido Caracol Mifasol para dar paso a Convergence de Clark. Y, luego una combinación perfecta de encanto musical.
A veces el milagro de la buena música se escribe en clave de contrastes. Quien es capaz de darle con fiereza al instrumento en un tema de Beethoven tiene que ser capaz de acariciarlo con uno de Juan Sebastián Bach. Estos chavales de Herman son capaces de justo lo comentado, tronar y trinar. Estando como estamos en tiempos navideños no podían faltar dos clásicos, ergo We wish you a Merry Christmas (Te deseamos feliz Navidad) y Jingle Bells (Campanas al vuelo).
Emocionante momento musical el que brindó la banda de Herman y, lo más importante: Hay cantera, sí. La música melillense cobra personalidad propia, la de la versatilidad de sus protagonista, la de la preparación cuidada para mayores compromisos y la de una actividad formativa que, viendo lo que vimos, sería recomendable institucionalizarla como disciplina obligatoria porque esas cuerdas, esos vientos y esas percusiones destilan buen gusto y cultura, y porque estos chavales han emprendido la senda de la distinción y el buen hacer.
Señor Herman Alapont: Estamos felices de su trabajo, estamos seguros de su éxito y estamos agradecidos por su magisterio al frente de quienes están llamados a erigirse en protagonista del futuro de todos.

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