La Real Cofradía y Hermandad Franciscana de Nuestro Padre Jesús Nazareno y María Santísima de los Dolores se enfrentó este sábado a una decisión difícil, pero necesaria. Su III Ensayo Solidario, una cita esperada por cofrades y vecinos de Melilla, tuvo que ser suspendido apenas minutos después de su inicio por culpa de la lluvia. Sin embargo, aunque el paso no pudo completar su recorrido, la solidaridad sí llegó a su destino: los alimentos recolectados fueron entregados a Cáritas.
La jornada comenzó con ilusión. A las 11:00 de la mañana estaba previsto que los costaleros salieran desde la Plaza de Toros cargando el paso vacío, sin imágenes, como ya habían hecho en años anteriores. La idea era recorrer parte del centro de Melilla para sensibilizar a la ciudadanía y recoger alimentos para los más necesitados. Aunque las previsiones meteorológicas no eran alentadoras, la cofradía decidió esperar una mejora que finalmente pareció llegar.
“Hemos venido con ilusión, como cada año. Este era ya el tercero. El tiempo no acompañaba, pero parecía que iba a mejorar. Estaba chispeando, pero paraba. Así que decidimos salir aprovechando esa pequeña tregua”, explicó Antonio José Guerrero, Hermano Mayor de la cofradía, en declaraciones tras el intento de salida.
Con esperanza y ánimo, los costaleros comenzaron a avanzar. Sin embargo, al llegar a la altura del Colegio de Abogados, el cielo volvió a cerrarse y la lluvia empezó a apretar con fuerza. Fue entonces cuando, ante la incertidumbre de las condiciones y priorizando la seguridad de todos, la hermandad tomó una decisión firme y responsable: regresar.
“No sabíamos qué hacer. La previsión era mala y ya por la integridad de la banda, de los propios costaleros y toda la gente que nos acompañaba, decidimos dar la vuelta”, relató Guerrero. “Te queda un sabor amargo, claro. Porque luego abrió el cielo y no volvió a llover más en todo el día. Pero hay que ser consecuentes”.
Pese al revés, el objetivo social del ensayo se mantuvo intacto. Todo lo recogido hasta el momento fue llevado a la Vicaría del Sagrado Corazón, donde fueron entregados al vicario Eduardo, en representación de Cáritas. “Con los alimentos recogidos hasta ese momento los hemos llevado directamente allí, al alzador del Corazón, y les hicimos entrega”, comentó el Hermano Mayor.
La Cofradía quiso aprovechar también para animar a quienes tuvieran intención de donar alimentos a que lo hagan igualmente, aunque el evento se suspendiera. “Aunque se haya suspendido por motivos meteorológicos, quien quiera donar puede acudir directamente a Cáritas. Allí se puede seguir colaborando”, recordó Guerrero con un mensaje directo a la ciudadanía.
La suspensión, aunque frustrante, no apagó el espíritu de hermandad. La organización decidió mantener algunas de las actividades previstas, como la barra instalada en la Plaza de Toros, para que los asistentes pudieran compartir un rato juntos, reforzando los lazos que unen a los miembros de la cofradía y a su entorno más cercano. “Estamos aquí con la barra abierta y, bueno, a pasar el día en hermandad”, añadió Guerrero, mostrando que el ánimo, pese a todo, no decayó.
La experiencia deja un sabor agridulce, pero también la promesa de seguir trabajando por los demás. “Los dos años anteriores salieron bastante bien y este queríamos superar las expectativas. Pero hay cosas que no dependen de nosotros. Para el año que viene vendremos con más ilusión, con más ganas, y con la esperanza de que nos respete la meteorología”, afirmó el Hermano Mayor con optimismo.








