La Ley de Memoria Histórica (2007) y su sucesora, la Ley de Memoria Democrática (2022), define como elementos contrarios a la memoria democrática las edificaciones, construcciones, escudos, insignias, placas y cualesquiera otros elementos u objetos adosados a edificios públicos o situados en la vía pública en los que se realicen menciones conmemorativas en exaltación, personal o colectiva de la sublevación militar y del régimen franquista. También se incluyen “las referencias realizadas en topónimos, y el callejero o en las denominaciones de centros públicos”. La Comisión de Cultura de Melilla aprobó cambios en el callejero para cumplir con la memoria histórica: la calle del falangista Pedro Avellaneda pasó a llamarse Carlos Esquembri y el pasaje teniente coronel Emperador se cambió por el de Miguel Ángel Blanco.
Para ahondar en este tema y analizar las consecuencias de la aplicación de esta ley entrevistamos al profesor de Historia Contemporánea del CEU San Pablo y director de la Cátedra de Historia, Memoria e Identidad en la misma universidad, José Luis Orella.
-El artículo 1 de la Ley de Memoria democrática tiene por objeto la salvaguardia de la memoria democrática entendida ésta como conocimiento de la reivindicación y defensa de los valores democrácticos y los derechos y libertades fundamentales a lo lago de la historia contemporánea de España. Explíque el origen de estas leyes y cuál era la finalidad que perseguían...
-Las Leyes de las Memorias surgieron a finales del siglo XX y tienen varios objetivos: restablecer la verdad histórica después de la caída del muro en la Europa del Este y de las dictaduras militares en el mundo hispanoamericano. A nivel académico, lo que persigue, es restablecer la verdad, a nivel social, unir a la sociedad y evitar la división entre vencedores y víctimas. A nivel de justicia había que llevar a criminales ante la justicia para que cumpliesen sus penas, así como restablecer los daños que hubieran sufrido las víctimas para que no se volvieran a repetir.
-¿La aplicación de la Ley de Memoria Democrática en 2022 en España remodeló la del 2007, que era de Memoria Histórica?
-Sí y rompe o cambia la dirección de la leyes de memoria que a nivel universal se estaban planteando. Después de más de treinta decretos y leyes que los gobiernos de la UCD, PSOE y PP desarrollaron, no dejaban hueco a una ley de memoria porque ya se habían cumplido los objetivos de dignificación de las víctimas, que es lo que prevé una Ley de Memoria. La Ley de Memoria Democrática pretende un objetivo diferente (con Sanchez en el poder en el 2022): el de dar una versión oficial que idealiza el proceso de la Segunda República y que negativiza e intenta igualar el franquismo con regímenes de tipo criminal como el nazismo. Tiene, pues, un objetivo claramente político y, desde luego, no social. La ley de Memoria Histórica de Zapatero el 2007 estaba de sobra y era ideológica (no era buena ni necesaria después de los decretos se habían hecho previamente) y mucho menos la de Memoria Democrática del 2022 con Sánchez, con un objetivo político más potente en este aspecto. Ambas quieren lo mismo pero van a diferentes velocidades.
-Entre los casos que encontramos de aplicación de la Ley de Memoria Democrática es conocido “el caso Pemán”. ¿Podría sintetizar este caso tan significativo para esclarecer lo que está siendo la aplicación de la Ley de la Memoria Histórica en este país?
-Es uno de los casos de aplicación más característicos. Pemán fue un poeta, un escritor que forma parte del patrimonio cultural español y que, durante el conflicto de la guerra civil, por sus ideales derechistas y monárquicos estuvo del lado nacional y participó en los niveles de apoyo de prensa y de propaganda durante el conflicto. Posteriormente, con la aplicación de la Ley de Memoria Democrática, se le eliminaron títulos como el de Hijo Predilecto de la Ciudad de Cádiz por el gobierno municipal de izquierdas de esa ciudad. Posteriormente, el Tribunal de Justicia de Andalucía le ha restablecido esos títulos. Es un caso en el cual vemos que la Ley de Memoria Democrática, lo que está pretendiendo es la eliminación de todas aquellas personas que se significaron en su afinidad con uno de los bandos de la guerra civil y, por lo tanto, se está dividiendo a la sociedad.
-Paradójicamente, entonces, se está consiguiendo lo contrario a lo que persigue dado que esta ley tenía como fin el fomentar la cohesión y solidaridad entre las diversas generaciones en torno a los principios constitucionales. El caso Simancas, sería otro caso paradigmático. ¿Podría explicarlo sintéticamente?
-Existe un monumento en recuerdo de aquellos soldados de recluta que, a través de sus oficiales, se sublevaron y se pusieron del lado nacional el 18 de julio y, después de unos días de asedio, fueron asaltados por milicias anarquistas y del partido comunista y socialista y fueron eliminados rociándolos con gasolina y tiros…, en definitiva fueron aniquilados. Asociaciones nostálgicas del Frente Popular con petición al gobierno autonómico de Asturias, que está en manos del partido socialista y de formaciones de izquierda, pretenden la eliminación de este monumento con la aplicación de la Ley de Memoria Histórica. Este hecho tiene dos contradicciones: la primera, es un monumentos erigido por un escultor que estuvo en la Junta de Defensa del Patrimonio cultural de Madrid, es un monumento protegido y eso dificulta su eliminación; y, en segundo lugar, este monumento no elogia al franquismo sino que fue erigido a unos caídos que fueron eliminados de manera sangrienta por otro bando que no era democrático (tenía cariz totalitario y pertenecían a formaciones revolucionarias que habían provocado masacres como la del 34) y que no puede ser exaltado como defensor de la democracia sino de régimenes totalitarios ya condenados por el parlamento europeo).
-Se vuelve, una vez más, a demostrar el intento de reescribir la historia a favor de un discurso político. ¿Es así?
-Exacto y el objetivo es la defensa del discurso totalitario de izquierda que dejó de gobernar en 1989 en la mitad de Europa y que fue condenado por el Parlamento Europeo.
Por tanto, si el objetivo de la Ley de Memoria Democrática se plantea fomentar la cohesión y solidaridad entre las distintas generaciones en torno a los principios, valores y libertades constitucionales, está claro que la erradicación del monumento, protegido por su singular valor artístico, solo tiene un cariz político que no duda en eliminar el patrimonio artístico, como ha demostrado en ocasiones previas, y, lo más grave, enaltecer las matanzas y acciones contra los derechos humanos que fueron realizadas por fuerzas contrarias a la democracia y que constituyeron en la mitad de Europa regímenes criminales que fueron condenados por el Parlamento Europeo.
-La resolución del 2 de abril de 2009 consideró que “deben mantenerse vivos los recuerdos del trágico pasado de Europa, con el fin de honrar la memoria de las víctimas, condenar a los autores y establecer las bases para una reconciliación basada en la verdad y la memoria”. El 23 de agosto fue establecido como Día Europeo Conmemorativo de las Víctimas del Estalinismo y del Nazismo en la Unión Europea.
-En la antigua Europa Central y del Este, donde los partidos comunistas se arrogaron el monopolio de la memoria y ejercieron un estricto control sobre la interpretación de la historia, el fin de los sistemas comunistas, primero en Europa central y oriental y luego en la propia URSS, provocó el fin del monopolio comunista de la memoria.
-No procede el olvido (Volviendo al caso Simancas)… ¿No?
-En este aspecto, el monumento, por su valor artístico e incluso por quienes murieron en el conflicto de manera inhumana, no procede su olvido, porque solamente se ensalzarían los principios antidemocráticos de quienes instauraron regímenes totalitarios criminales en la parte oriental de Europa. Cuando en esos países se prohíbe la participación de esos partidos políticos en la actividad parlamentaria y, en otros, la exhibición de símbolos y propaganda de los fenecidos regímenes, en España forman parte del Ejecutivo, desde donde gangrenan la libertad política y la verdad histórica.
-¿Por qué los regímenes totalitarios siempre han tenido la necesidad de dar una visión única de la historia?
-Forma parte de su visión, un movimiento político totalitario merma la dignidad humana, recorta las libertades porque quieren dirigir la vida de la persona para convertirla en un autómata, Por lo tanto, y de la misma manera, la visión de la historia se convierte en una construcción que forma parte del discurso oficial político de ese régimen. Igual que el régimen comunista en Polonia dió una visión falsa y contraditoria de las matanzas de Katyn acusando a los alemanes cuando en este caso los culpables eran los soviéticos, cualquier régimen totalitario intenta prostituir la historia a su favor para sacar beneficio y justificar su presencia en el poder manipulando la historia.
-Entiendo lo que quiere decir. El ministro de la Presidencia, Relaciones con las Cortes y Memoria Democrática, Félix Bolaños, declaró tras la aprobación definitiva de la ley por el Senado: “Hoy es un día inolvidable para la democracia española porque la hacemos mejor, pasamos definitivamente página de la etapa más negra de nuestra historia y abrazamos lo mejor”. Por su parte Feijóo anunció que en cuanto llegara al gobierno derogaría la ley «mal llamada» de Memoria Democrática...
-En este país, por desgracia, noto un poco lo que ocurrió en los países comunistas. El ejecutivo actual está formado por un partido socialista en una vía de radicalización importante en coalición con formaciones extremistas de izquierdas que tienen como modelo político y a nivel nostálgico regímenes totalmente alejados de la democracia parlamentaria. La Ley de Memoria debe cabalgar sobre la libertad y lo que se está consiguiendo es lo contrario a lo que ha sucedido en Europa, en la que se ha intentado ayudar a los profesionales de la historia e investigadores a trasmitir la verdad histórica a su población sobre lo que fue la falsedad y la mentira de un régimen totalitario comunista. Aquí se está intentando hacer lo contrario, es decir, vender una falsedad histórica idealizando un periodo de la historia de España y esencialmente justificando un discurso político de signo radical que propugne y favorezca un objetivo político que sería el cambio del régimen, el de 1978 (el constitucional que estamos disfrutando hoy) por otro manejado por estas fuerzas políticas.








