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La lectura

por Antonio Ramírez
27/07/2025 11:31 CEST
La lectura

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Visto y sentido en lo que se ha convertido en exceso esa noble característica de la condición humana, como lo es la discusión, y que tiene más parecido hoy en día lo selvático que a lo racional, leer puede convertirse en uno de esos antídotos para que el veneno del enfrentamiento no alcance términos de dislocación. Entre otras bondades, la lectura arrastra hacia la introspección y la calma, a la intimidad y que, una vez fuera de ellas, puede por lo general preparar para la tolerancia.

Que la mala educación y la peor forma de expresarla se ha generalizado tanto como signo de falsa legitimidad puede que sea una consecuencia de la falta de dedicación en lo posible a la lectura por parte de muchos y muchas de quienes ocupan la proyección en la plaza pública. La política ha perdido oratoria y negociación y ha ganado estruendo y vituperio. Leer no sustituye puede que a nada, pero sana mucho cuando el relato de la vida que se ofrece desde tantos púlpitos busca únicamente seguidismo, adhesión inquebrantable en perjuicio de la incitación a reflexionar y, como no, al sano discrepar.

Leer es rentable, es ese espacio de autodeterminación frente al pensamiento único que alienta no solo el conocimiento y entendimiento, sino el pensamiento y la crítica fomentando su expresión, alimentando el parlamento y ayudando a socializar con respeto. Incentivar la lectura es impulsar la cultura de la diversidad, la tolerancia hacia ella y el respeto por la opinión y visión diferentes. Visión y opinión que cuestionan y aportan, no destruyen y por el contrario edifican espacios aislando muros, edificando el humanismo.

No hay inversión que devuelva mayores dividendos que la enseñanza y en ella mucho tiene que ver la lectura como factor decisivo.

Libreras y libreros son héroes del comercio y de la resistencia a la uniformidad. Bibliotecarios y bibliotecarias se funden cada día en el reto de ofrecer, desde su vocación, su nómina o simple voluntad, un catálogo de vida real o imaginario desde el mérito de agrandar, sin más ambición, el número de acudientes. Dolor, desesperación o el simple aburrimiento; la fractura del éxito y la consiguiente victoria del fracaso, tantas veces, encuentran su remedio en la liturgia de leer.

Leer es una especie de empirismo, realidad o ficción, traslada a experiencias ajenas vividas o imaginadas que, relatadas se abren al conocimiento general desde el entretenimiento, el análisis o la reflexión, o todo a la vez, propiciando la creación interior pero también la conversación, el debate y la disputa de las ideas. Leer talla a contendientes, en el mérito o la excelencia, o simple y fundamentalmente en la formación humana, un espacio para el dominio propio.

Y ante esa injustificada confusión entre la igualdad y la mediocridad en plena tormenta de meritocracia por la falsedad de en los currículos de algunos ejemplares políticos nada ejemplarizantes, la lectura vitamina ante las oportunidades, más allá de la filiación partidista de turno, que siempre, también, conlleva la preparación y la actitud ante ellas. Por ello y seguramente por más, la educación, la formación, y el hábito de leer no se entenderían disociados.

Ahora que de nuevo o quizás desde hace ya demasiado tiempo, la educación en algunas Comunidades va por siglas y no tanto por necesidades sociales, los libros y su libertad hacia ellos siguen siendo, además, una alternativa a lo impuesto y que a veces es cuasi doctrinal. La lectura palia la prepotencia, sobre todo la rancia que escupe la incompetencia, inutilidad e ignominia.

Tags: ignonimialibreras

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