La playa de los Galápagos ha recuperado este fin de semana una imagen que muchos melillenses esperaban desde hace semanas. Sombrillas abiertas, familias instaladas junto al mar y un constante ir y venir de bañistas disfrutando de uno de los rincones más singulares del litoral de la ciudad autónoma.
La reapertura, que se produjo este sábado tras concluir los trabajos de acondicionamiento y recibir el visto bueno de los técnicos sobre la seguridad de la zona, ha tenido una respuesta inmediata. Este domingo, el arenal presentaba una gran afluencia de público, confirmando que Los Galápagos sigue siendo una de las playas favoritas de los melillenses.
Las ganas de regresar eran evidentes. Desde primera hora de la mañana comenzaron a llegar familias y grupos de amigos que eligen este espacio por diferentes motivos. Algunos destacan la cercanía al centro de la ciudad, otros valoran la tranquilidad que suele ofrecer respecto a otras playas y muchos coinciden en que el paisaje convierte a Los Galápagos en un lugar especial para pasar el día.
No es difícil entender ese atractivo. Rodeada por las históricas murallas y con unas vistas privilegiadas, la playa ofrece una imagen diferente al resto del litoral melillense. Esa combinación entre patrimonio y naturaleza hace que muchos repitan verano tras verano.
La apertura de la playa llega después de varios meses marcados por las obras de rehabilitación de las murallas. El pasado 15 de abril, el presidente de la Ciudad, Juan José Imbroda, anunció el inicio de unos trabajos destinados a reparar los lienzos más deteriorados de la fortificación y evitar futuros desprendimientos.
La actuación, adjudicada a la empresa Doranjo por alrededor de 1,5 millones de euros, contemplaba un plazo de ejecución de aproximadamente cuatro meses. Desde el primer momento, el Ejecutivo local insistió en trasladar un mensaje de tranquilidad, asegurando que las obras serían compatibles con el uso de la playa.
Antes de su reapertura fue necesario asegurar parte de los cortados que rodean la ensenada. Una vez emitido el informe favorable por parte de los técnicos, comenzaron los trabajos para instalar sombrillas, aseos, la torre de vigilancia y el resto del mobiliario urbano, además de realizar una limpieza intensiva para retirar la gran cantidad de algas acumuladas.
Ese esfuerzo permitió que Los Galápagos pudiera abrir sus puertas al público con los servicios esenciales de vigilancia, socorrismo y limpieza.
Sin embargo, la reapertura también ha dejado algunas observaciones entre los usuarios habituales. La principal hace referencia al propio estado de la arena. Muchos consideran que el mar ha ido ganando terreno durante los últimos meses, reduciendo la superficie útil disponible para colocar sombrillas y toallas. Con la elevada afluencia registrada este domingo, esa sensación de falta de espacio resultaba aún más evidente.
También ha llamado la atención la forma que presenta actualmente el arenal. En algunos puntos se ha creado una especie de elevación de arena que rompe la uniformidad de la playa y dificulta el acceso, especialmente para las personas mayores o quienes tienen problemas de movilidad. Aunque no impide disfrutar del baño, sí obliga a extremar las precauciones al entrar y salir.
Pese a esas pequeñas incomodidades, el balance general del primer fin de semana es claramente positivo. La playa lucía limpia, los servicios estaban funcionando y el ambiente era el propio de un inicio de temporada estival.
La imagen de Los Galápagos completamente ocupada confirma que los melillenses tenían muchas ganas de recuperar este rincón del litoral. Todo apunta a que, un verano más, volverá a convertirse en uno de los lugares de encuentro preferidos para quienes buscan disfrutar del mar.








