Entre el café de media mañana y la cola del supermercado, los melillenses han convertido el futuro político de su ciudad en el tema estrella de conversación. Una reciente encuesta sobre si prefieren mantener el estatus de Ciudad Autónoma o dar el salto a Comunidad Autónoma revela lo que ya se intuía en las tertulias callejeras: que el "más vale malo conocido" compite a la par con el "es hora de crecer". Mientras unos temen perder lo poco que tienen, otros sueñan con competencias propias y ese abrazo europeo que, según prometen, blindaría por fin la seguridad local. El dilema está servido, y como buen melillense que se precie, la ciudad sigue debatiéndolo... entre sorbo y sorbo







