Hay cosas que nos indican con cierta peculiaridad, que ya vamos teniendo unos años. Sentarse en un banco de uno de estos parques de los que gozamos los ciudadanos melillenses de a pie y tener ciertos recuerdos. Recuerdos de antaño, de nuestros abuelos y familiares que ya no están, y para ello la celebración del día de los Difuntos es ideal.
Recuerdo cuando era un niño y no tan niño, la ilusión que me hacía tener en mi balcón unas pañochas, (mazorcas) de maíz tostonero en la barandilla metálica de mi balcón, ya que la señalada tarde la merienda sería con tostones de azúcar y anís dulce. Hasta la fecha en casa eran tostones de sal. Algunos años, mi abuelo traía a casa una cajita de la confitería con los típicos huesos de santo. Aquel Don Juan Tenorio en la primera televisión de color que adquirimos, las palomillas encendidas sobre un recipiente de aceite, una por cada ser que estuvo y dejó de estar.
El cementerio estaba precioso. Mi familia iba a limpiar la fosa dos días antes y y el día señalado llevaba un ramo de flores precioso a la tumba de mis bisabuelos. Luego, todos juntos dábamos una vuelta viendo a ciertos amigos bajo la sepultura…Yo simplemente me recreaba viendo aquel festival floral…El Día de los Difuntos más que una fiesta era una efeméride ceremoniosa, familiar y elegante, dentro de la tristeza que implicaba la festividad.
Ahora, me siento un rato a tomarme una tónica para rebajar el calor en un banco de la plaza de las Culturas y no he dejado de ver personas disfrazadas de esqueleto, brujas y seres maléficos del ultramundo. Se trata de la celebración de Halloween. Una fiesta estadounidense que originaron los celtas de los estados actuales de Irlanda y Escocia.
Estos pueblos celtas celebraban el 31 de octubre y el 1 de noviembre el final de sus cosechas, para dar inicio a la estación oscura del año. En las creencias de aquellos pueblos, estaba muy presente que en esa noche, la del uno de noviembre, se debilitaba la frontera entre el mundo de los vivos y de los muertos, se encendían hogueras y se utilizaban disfraces para confundirse con los espíritus y así protegerse de ellos. En la puerta e interior de las casa, se ponían nabos huecos con luz y calabazas para que los espíritus pasasen de largo.
La conmemoración del Día de los Difuntos, es muy antigua. Los cristianos ya tenían costumbre de rezar por los difuntos desde el mismo nacimiento del cristianismo, incluso celebrar una Eucaristía por su memoria. En el año 998, Odilón, el abad de Cluny, estableció la conmemoración de los Difuntos el 2 de noviembre en los monasterios vinculados a su orden y dicha práctica se extendió a toda la iglesia católica occidental con mucha facilidad.
En la actualidad, lo oficial es que el 1 de noviembre sea la celebración de Todos los Santos: dedicada a honrar a todos los santos conocidos y desconocidos y el día 2 de noviembre el Día de los Fieles Difuntos, dedicada a recordad a quienes han fallecido y son más allegados.
En lo referente a Halloween, fueron los irlandeses que emigraron en el siglo XIX a Estados Unidos quienes fueron configurando para el futuro que hoy conocemos, su festividad con calabazas encendidas, disfraces y fiestas. En el siglo XX la industria cultural estadounidense contribuyo a su expansión internacional.
Sentado en aquel banco, me pregunté: ¿por qué no veo nada de lo que veía cuando era niño el día 1 de noviembre y si percibo con claridad la celebración de Halloween? ¿Por qué sólo escucho ecos del Día de los Difuntos y Halloween es algo claramente perceptible a los ojos de cualquier viandante? Y lo más curioso de todo: ¿por qué siento ganas de escribir este artículo si soy musulmán? Bastaron pocos segundos para conocer la respuesta: primero, porque la religión genera un tipo de comportamiento que se transforma en cultura, dependiendo del contexto en el que se desarrolle, y ese matiz fructifica en una identidad propia. Yo puedo creer en lo que quiera, pero no me gusta que mi país sea tan receptivo en importar culturas que no nos pertenecen y relegar las nuestras, que al fin y al cabo, forman parte de nuestra historia y nuestras raíces como pueblo.
No veo nada de lo que veía de niño simplemente porque la ciudadanía en su conjunto ha olvidado el origen de su cultura y lo ha relevado por otra que quizás sea más atractiva. Cuando la atracción implica sustitución se delata una ausencia de fe; me explico: no se cree en nada y entonces se es libre de elegir lo que se quiera. Y eso es lo más grave.
Yo personalmente no estoy en contra de Halloween, pero creo que sólo debería de enriquecer la conmemoración del Día de los Difuntos. Y presento un ejemplo:
Durante la Edad Media se desarrollaron costumbres como el Souling, personas pobres que recorrían las casas solicitando alimentos o dulces llamados “Soul Cakes”, a cambio de rezar por los difuntos. Pues sería fácil poner caramelos en la entrada de las casas o ciertos pasteles artesanales y recoger los citados dulces como dádiva en memoria a un difunto, y que estas personas vayan disfrazadas de lo típico de Halloween, y los hogares que tengan ofrendas que dar a los disfrazados, que pongan una calabaza en la puerta con una luz encendida como señal de que los disfrazados son bien allegados.
Escribo estas cosas como podría escribir otras. Una idea espontánea, si tiene cierta aceptación social, puede hacer que su práctica sea centenaria. Sin embargo, a lo que yo me vengo a referir, es que si los españoles importamos cosas de culturas extranjeras, desde mi perspectiva, bienvenidas sean, pero siempre sobre la base de lo nuestro, de lo que nuestro pueblo ha creado de por sí. Otras cosas, invalidan y quitan el mérito no solo lo que tenemos ahora, sino de lo que hicimos con anterioridad que por desgracia, forman parte de nuestros recuerdos.
"Si a un policía, a un guardia civil o a un bombero le quitas el…
Son fechas de recuerdo de difuntos en nuestra vida de costumbre, en el ámbito coloquial,…
El Área de Consumo de la Dirección General de Salud Pública de la Consejería de…
La secretaria General de Juventudes Socialistas de Melilla (JSME), Lucía Rubio, ha criticado la decisión…
La presencia del presidente del Senado, Pedro Rollán, a Melilla ha dejado algo más que…
Para hoy en Melilla, se esperan cielos poco nubosos, tendiendo a muy nubosos con nubes…