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José Azulay, el millonario salido de un bazar en Melilla

Su empresa de joyas UNOde50 cuenta actualmente con 2.500 puntos de venta en más de 40 países.

Ahora, que está "acostumbrado a tener éxito en el mundo empresarial", para José Azulay han quedado lejos los días en que era un niño que jugaba en un bazar de Melilla con piezas de relojes. A sus 64 años, el fundador, presidente y director creativo de UNOde50, "la empresa de joyería española con más proyección internacional", resume su fórmula secreta en la "curiosidad para aprender", la "ilusión para avanzar" y la "intuición para decidir".

Criado en la trastienda del comercio que sus padres manejaban en la ciudad autónoma, este empresario le cambiaba la estética a un reloj con solo ocho años y, con 18, ya hacía los bocetos de los suyos propios. Creció alejado de la glamourosa vida de las grandes urbes pero, en no mucho más de dos décadas, su marca de joyería ("muy reconocible" y "con personalidad") se ha extendido físicamente a 48 países y, a través del canal online, a más de 80 mercados.

Creada en 1996 en Madrid, UNOde50 logra facturar unos 60 millones de euros anuales con un ADN 100% español, mediante una red de 130 tiendas propias en las principales ciudades del orbe, y unos 2500 puntos de venta. De hecho, Azulay reconoce que, si bien fabricar sus productos fuera del país sería más rentable, mantener el proceso manual en España es lo que garantiza que UNOde50 tenga un "sello único".

Después de haberse decidido a recoger sus experiencias en el libro "Un universo creativo. Historia y alma de UNOde50", este melillense recuerda en una entrevista a El Mundo que comenzó a triunfar con los relojes "de una forma que no esperaba". Diseñaba y luego vendía sus diseños. Así hizo triunfar antes a su empresa Select de relojería.

Claro que se cuenta fácil, pero no lo fue. Nada más llegar a la capital española, Azulay fue a aprender de relojes a China, donde se las arregló para armar sus primeras piezas y vender 6.000 en apenas dos meses. Sin embargo, aunque en lo económico lo de la relojería iba viento en popa, no lo satisfacía espiritualmente.

Así, poco a poco fue pasando el peso del negocio de los relojes a un hermano y un cuñado, para terminar completamente metido en el diseño de joyas, que era "muy complicado", porque esta vez no se trataba de vender un producto ensamblado en Hong Kong, sino de empezar de cero una idea artística en España.

Por ende, los inicios de UNOde50 fueron desgastantes para este melillense porque se encargaba de todo: desde la contratación del personal y el manejo de cada departamento hasta la publicidad. Pero estaba feliz porque era lo que había soñado: un proyecto que no deja de sorprenderlo. Todavía, tras adquirir UNOde50 y convertirla en un concepto que permite moldear piezas irrepetibles, se preocupa por saber lo que piensa su público.

Según ha confesado a El Mundo, una de las grandes revelaciones para UNOde50 (cuyo nombre responde al hecho de que surgió para hacer 50 piezas de cada modelo) fue el difícil mercado canadiense, donde abrió dos tiendas que en seis meses eran las que más vendían a nivel mundial.

Sin olvidar el dicho que asegura que la sangre que no circula se coagula, este melillense sabe que, como en todos los sectores, lo importante es aportar al mercado algo diferente. De acuerdo con lo que ha afirmado en otro diálogo, con El País, "siempre hay que reinventarse para hacer crecer a las empresas" porque "no se puede vivir en los laureles ni en el pasado".

Sin embargo, amén de que haya tenido que "bajar" a esa realidad, su negocio funciona como un hogar donde la invitada mejor recibida siempre es la creatividad. "La calidad, el precio y el posicionamiento no son suficientes para ser el número uno", ha recalcado. Dicho en otras palabras, no ha renunciado a su "fuerte", que es el universo creativo, y lo ha sabido hacer coexistir con el empresarial, que "no es lo que más" le "gusta"

UNOde50 está actualmente en manos de ejecutivos externos, pero Azulay, que permanece como el único dueño, mantiene su esencia familiar. Dicen quienes han visitado sus oficinas en el polígono industrial de Alcobendas que allí se respira un profundo desenfado.

Autor de relojes y de joyas, incluso de esculturas (que también le "apasionan"), Azulay prepara una nueva colección que saldrá a la venta en julio y cuenta a la marca Zara entre los referentes que lo enorgullecen. Ni siquiera instalado cerca de Gran Vía en una especie de boutique joyería y galería de arte, rodeado de lujos, olvida el valor de la familia y la sonrisa que esbozó por primera vez en Melilla.

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