AL observar la apretada agenda de Ignacio Cosidó y ‘el visto y no visto’ de su visita a la ciudad, surge la duda de si el director general de la Policía Nacional habrá sido capaz de asimilar la esencia del problema del tránsito de personas y vehículos entre Melilla y Marruecos. Y la incertidumbre crece cuando el alto responsable del Ministerio del Interior presenta su proyecto de ‘frontera inteligente’. Sin duda, todo equipamiento tecnológico que se instale en los pasos fronterizos puede contribuir a mejorar la fluidez, pero nunca traerá por sí solo la solución definitiva que estamos esperando los melillenses. Por desgracia, el problema no está en los pasaportes de nuestros vecinos, en las matrículas de sus coches ni en sus huellas dactilares. No es necesario venir personalmente a Melilla a buscar el verdadero ‘quid de la cuestión’ porque no está en nuestra ciudad. La esencia del problema hay que abordarla en el ámbito diplomático porque mientras Marruecos no esté por la labor de participar en el diseño de remedio, no servirán de nada las soluciones tecnológicas ni de ningún otro tipo. Valdrá poco contar con lectores de pasaportes si los Cuerpos policiales de uno y otro lado de la frontera no tienen un intercambio sincero y fluido de información. No tendrá sentido la comprobación electrónica de matrículas si un vehículo puede saltarse los controles en Melilla y saber que cuando llegue a Marruecos o ponga una rueda en ‘tierra de nadie’ los policías nacionales y guardias civiles se van a encontrar con las manos atadas. Y la eficacia del lector de huellas será mínimo si no existe una colaboración real de las unidades de criminalística de ambos países.
Los últimos sucesos ocurridos en Melilla y Marruecos son un buen ejemplo de lo poco que vale la tecnología si no hay ánimo de colaborar. ¿Qué hubiera ocurrido si el supuesto autor de la muerte de la joven marroquí en nuestra ciudad hubiera decidido trasladar el cuerpo al otro lado de la frontera y dejarlo allí abandonado? Ninguno de los aparatos que anunció ayer Cosidó lo habría impedido, la desconfianza policial entre ambos países habría hecho casi imposible la resolución del caso y las trabas judiciales habrían dificultado impartir justicia.
Son unos problemas parecidos a los que tendrán que sortear los abogados de las familias de Pisly y Emin para conseguir esclarecer qué ocurrió el pasado 27 de octubre en aguas marroquíes y exigir las responsabilidades que correspondan.
Las soluciones presentadas por Ignacio Cosidó no son malas en escenarios como el de hace años en los pasos entre España y Francia o entre España y Portugal, antes de la supresión de las fronteras interiores de la UE. Entonces ya había una colaboración sincera entre estos países a nivel diplomático, policial y judicial. Y la instalación de cualquier elemento tecnológico, sin duda, contribuía ha hacerla aún mejor. No es el caso de los pasos de Melilla con Marruecos.
La ‘inteligencia’ nunca está de más, siempre viene bien, pero no hay que desperdiciarla en la ‘frontera’ cuando tanta falta hace para buscar soluciones con los pies en el suelo a los problemas reales.
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