Unos dos mil electores, 1.950 para ser exactos, podrán votar por primera vez en Melilla el próximo 22 de Mayo. La cifra no es pequeña cosa en un censo de poco más de 50.000 electores y da cuenta de que la renovación censal no se corresponde en la medida que se desearía con la renovación de nuestra clase política.
Melilla adolece de un enconamiento extremo y personal en todo lo que guarda relación con los asuntos públicos. Afortunadamente, no se suceden enfrentamientos violentos, pero sí existe un clima espeso, demasiado larvado por los enfrentamientos personales.
Un mal, el que apuntamos, que viene caracterizando nuestra vida pública desde hace años, que entorpece las relaciones normales entre los melillenses pero no los necesarios pactos políticos que acaban forzándose cuando las urnas apuestan por la atomización del voto.
El 22 de Mayo nos jugamos mucho todos los melillenses y especialmente los candidatos de la oposición al Gobierno Imbroda, que prácticamente tienen en la misma cita con las urnas una última oportunidad para extinguirse o salvarse políticamente.
En ese clima extremo no es de extrañar que las distintas formaciones activen todos los recursos, incluso los menos aconsejables, para intentar sacar rédito electoral.
Estamos inmersos de pleno en la cuenta atrás y es preciso demandar lo que debe ser una obligación para todas las candidaturas en liza: Por el bien de la Democracia, hagamos en la medida de lo posible una campaña electoral limpia, sana y constructiva.
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