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Ignacio Aldecoa

El sábado 20 de diciembre la escritora Julia Sáez-Angulo envía un correo con un artículo que ha publicado en La mirada actual y que dedica a la exposición de Carmen Martín Gaite en la Biblioteca Nacional de España. Se inauguró el 18 de diciembre y estará hasta junio de 2026. Le reenvío este artículo a María Luisa Samaranch. Le digo que le hablé ya de esta exposición un día que nos vimos pero quizá le interese tener esta información con más detalle ahora que se ha inaugurado. Me decía estos días que lo que escribí sobre Carmen Martín Gaite y se va a publicar en libro en la colección Les Plaquettes de su editorial SD Edicions se imprimirá y constará en los créditos diciembre de 2025, y en ellos se refería también que se realiza esta publicación dentro del centenario de la escritora. Que es, ha sido exactamente -pues es el día en que nació- el 8 de diciembre. Pero, claro está, el libro andará su camino ya en 2026. No pasa nada. Puede así hacerse perfectamente. Y así se hace con la exposición que le dedican en la Biblioteca Nacional, en Madrid, y de igual modo lo hacemos con este libro que publicamos sobre ella en Barcelona.

Entre los organizadores de esta exposición está la Fundación Carmen Martín Gaite. Busqué su página web y leí en ella que en primer lugar era la Fundación Centro de Estudios de las Años Cincuenta, pues era voluntad de su hermana Ana María que la creó y es de pensar que también de la escritora el destacar el valor y que se estudiara y dedicara atención a lo que aportaron los escritores y artistas de su generación. Me agrada esta voluntad, y concuerdo con ella, y concuerda mi escribir. Porque este último tiempo he escrito sobre otros escritores de su generación, como Miguel Delibes o Juan Goytisolo. En lo que escribí acerca de Delibes recordaba el ¡Viva Delibes! que exclamó Carmen Martín Gaite cuando recibió el Premio Cervantes. De Juan Goytisolo leí y acompañé la lectura de su novela Duelo en El Paraíso, que siempre he tenido presente pues define a los escritores de su generación por una experiencia crucial que compartieron y por la que se les ha designado, y así se les ha llamado “los niños de la guerra”. Además de Duelo en El Paraíso leí la novela El circo, que estaba junto a ella en la biblioteca y era también de mi padre. Hojeé la web de la Fundación Carmen Martín Gaite y vi consta en ella que Juan Goytisolo les envió esta novela, El circo, y se anota está dedicada a Carmen Martín Gaite y a Rafael Sánchez Ferlosio.

El domingo 21 de diciembre de 2025 leo en el periódico El Faro de Melilla, en el que colaboro, una entrevista con un crítico literario en la que nos habla de Ignacio Aldecoa. Siempre es oportuno hablar de Ignacio Aldecoa. Pero este crítico nos dice que ese año 2025 ha sido el de su centenario, y que ha pasado mucho más desapercibido que el de Carmen Martín Gaite. La verdad es que yo ni había caído en ello. La verdad es también que no me hace falta para tenerlo presente y recordarlo siempre. Como es verdad que el texto que escribí sobre Carmen Martín Gaite es un diálogo con ella y está escrito de manera no conmemorativa ni con pretensión de ser un estudio ni ambición de ponderación completa de su obra. Es un diálogo personal. A sugerencia de la editora -que me pareció acertada-, le busqué un título que más lo identificara. Encontré éste que me llegó desde sus palabras: Carmen Martín Gaite, el encuentro de dos manos tendidas. Es algo que Carmen Martín Gaite dice de la conversación, y pienso que puede entenderse lo que sobre ella escribo como testimonio de mi conversación con ella, el diálogo entre nuestros libros, y también como la conversación que su obra es para todos y en la que a todos invita a participar.

Sin ánimo particular, quiero decir sin una voluntad previa de así hacerlo, esta conversación con Carmen Martín Gaite lo es también a través de ella con su época y sus compañeros de generación, y expresamente entre ellos con Ignacio Aldecoa. Que tiene una presencia muy importante en este libro que ahora sale sobre su amiga, que siempre lo recordó y ponderó en su independencia y su libertad y su valor. Lo recuerdo y pienso que me agrada que en este libro que se publica ahora sobre Carmen Martín Gaite esté también Ignacio Aldecoa. Lo está, como digo, de manera espontánea y naturalísima. Creo que es el nombre que menos puede faltar si se habla de esa época. Creo que así lo considera Carmen Martín Gaite. No sólo ella. En la edición en dos volúmenes de sus cuentos en Alianza Editorial se encuentran estas palabras de Ana María Matute: “A través de los días y de los años, en alguna parte habrá un hombre que, leyéndole, sienta dignificada su soledad o su miseria”. Fuente extraordinaria estos cuentos. Río, mar. Logro en su redondez y en su altura, en su riqueza, su valor todo para el que no encontraríamos comparación en la literatura española, y que constituye una aportación que no sólo significa y representa a su generación sino que lo hace quizá como casi ninguna otra sentimos lo hace. Está en el testimonio que le dedica Carmen Martín Gaite cuando su muerte y al que voy en lo que sobre ella escribo, y reaparece de manera constante en sus reflexiones y pensamientos, en sus juicios de valor y sus recuerdos. Lo vemos en lo que sobre ella escribo. Está presente también siempre para mí Ignacio Aldecoa, y es referencia constante. No puedo no acordarme de él cuando pienso en la riqueza de perspectivas sobre el mundo, de horizontes y matices que aporta para quien lo lee un gran corpus cuentístico, tal es el que él creó y en cuanto a riqueza en esa variedad y hondura quizá no encontraríamos otro en nuestro país para que pudiera equiparársele. Lo recuerdo siempre al pensar qué son los cuentos -y así lo hacía el otro día al escribir unas palabras que eran una invitación a los cuentos de Guy de Maupassant y en ella sobre esto otra vez pensar- o qué ha sido su generación. Así, con este valor de símbolo es como está en las palabras que le dedica Carmen Martín Gaite y están en las que sobre ella escribo. Pienso que a Carmen Martín Gaite le gustaría especialmente la presencia de este amigo extraordinario en este libro, una presencia que no busqué y que salió así, de manera natural, pero que pienso que también a mí me agrada especialmente. Más lo pienso y siento al caer en este detalle de que este año 2025 ha sido también el de su centenario. Que no hemos de necesitar para volver a los escritores que queremos, pero que pueden servir para propiciar la edición de libros -al que se suma este mío que publica María Luisa Samaranch en Les Plaquettes de SD Edicions- o destacadas exposiciones -la que acaba de inaugurarse en la Biblioteca Nacional. Leía el otro día también en la prensa que un investigador ha descubierto una novela de Ignacio Aldecoa en los archivos de la censura. Nutrió en parte algunos otros escritos, pero es obra distinta, y pensé que debería publicarse de manera inmediata. Para mí sería un placer inmenso leerla. Para mí y para todo el que quiera a Ignacio Aldecoa. Referencia y recuerdo para mí constantes, mención obligada, que así siento si de algo pienso, hablo o escribo -lo que son los cuentos, lo que pueden ser,  y su generación o su tiempo-, ejemplo máximo de libertad y de independencia, de valor, para todo esto señalar y significar escribo estas palabras dedicadas a Ignacio Aldecoa y que titulo con su nombre, que es como una fuente o río o mar del agua más clara y más brava y que puede calmar la mejor sed de quien la abreve en lo que se ha escrito en nuestro idioma.

 

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