En un contexto en el que la descarbonización avanza a distinta velocidad según sectores y territorios, el papel de las energías de transición se vuelve clave. GASIB, comercializadora de productos y servicios GLP bajo la marca Cepsa, ha construido su propuesta sobre tres ejes con impacto ambiental directo: reducción de emisiones, innovación aplicada a la seguridad y la eficiencia y un modelo operativo basado en economía circular.
Con más de 3,5 millones de clientes de envasado y más de 16.000 clientes de granel, GASIB es la segunda compañía por cuota de mercado a nivel nacional. Gracias a esta situación y a una red logística apoyada en ocho plantas de almacenamiento y llenado, tiene la capacidad de llevar soluciones energéticas a hogares, pymes e industrias.
Una de las contribuciones ambientales más relevantes de GASIB proviene del propio desempeño del GLP frente a otros combustibles. El GLP es más limpio que otras alternativas tradicionales, permite reducir las emisiones de CO₂. hasta un 20% frente a los combustibles líquidos tradicionales, disminuye hasta un hasta un 99% otras partículas contaminantes y reduce las emisiones de los óxidos de nitrógeno (NOx) hasta un 96% frente al diésel y hasta un 68% frente a la gasolina. A ello se suma una mejora acústica: reduce las emisiones sonoras en un 50% respecto a vehículos diésel y gasolina. No es casual que las directivas europeas y la Ley de Movilidad Sostenible lo reconozcan como combustible alternativo, facilitando la etiqueta ECO de la DGT y el acceso a zonas de bajas emisiones (ZBE).
Además, ofrece un repostaje rápido, sin limitar el uso del vehículo por el tiempo de recarga, y proporciona una alta autonomía que puede superar los 1.000 km. Más allá del GLP convencional, GASIB incorpora alternativas renovables como el biopropano, químicamente idéntico al propano tradicional, pero de origen renovable. Este tipo de soluciones resulta especialmente útil en segmentos difíciles de electrificar a corto plazo o donde se requiere un suministro continuo y de alto rendimiento, como pueden ser ciertos procesos industriales o instalaciones remotas. En el caso del Bioautogás, molecularmente equivalente al autogás, la compañía lo posiciona como una opción alineada con los objetivos de descarbonización de la agenda 2050 al ser 100% renovable. Otro pilar ambiental es su modelo circular.
Las botellas de GASIB, de acero reciclable, pueden alcanzar hasta 50 años de vida útil, con ciclos de uso y revisión. Al final de su vida útil, el material se reintegra: las botellas se funden y reutilizan en acerías; las asas se reciclan para una segunda vida; y las válvulas se devuelven al fabricante para su recuperación como materia prima.
En granel, el enfoque es similar: los depósitos se retiran y reutilizan. En distribución, GASIB exige a sus empresas colaboradoras criterios de eficiencia para reducir consumo de combustible, incluyendo optimización de rutas y sistemas a bordo que analizan la conducción. A ello suma formación en seguridad y conducción sostenible, integrando prevención de riesgos y responsabilidad ambiental. En conjunto, la labor ambiental de GASIB se expresa en una idea clara: hacer más sostenible una energía ya eficiente, impulsando renovables y aplicando circularidad e innovación para reducir impacto en toda la cadena de valor.
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