Este lunes lucía entre palabras, familiaridad y memoria a través de un encuentro con Laura García Lorca, sobrina del poeta Federico García Lorca, y Andrés Soria, catedrático emérito de la Universidad de Granada. El acto se convirtió en un espacio para “hablar sobre todo de lo que significa la presencia de la obra y de la figura de Federico García Lorca hoy”. La charla fue una reivindicación de la presencia viva del poeta, su contemporaneidad, así como un espacio de encuentro con su literatura, su pensamiento, su impacto universal y su papel como símbolo de memoria colectiva, pues la obra del poeta, como se destacó, continúa traspasando fronteras y generaciones, manteniéndose vigente en contextos culturales y sociales de todo el mundo en la actualidad.
Laura García Lorca, quien dirige la programación del Centro Federico García Lorca de Granada, actual sede de la Fundación, explicó que allí se conservan “todos los manuscritos, los dibujos, la correspondencia, en fin, todos los fondos de nuestro archivo”. Materiales que durante décadas permanecieron en la Residencia de Estudiantes de Madrid, “su primera casa”, y que hoy habitan un espacio pensado no solo como archivo, sino como plataforma viva de creación e investigación. “Federico está en artistas, investigadores, públicos y estudiosos de todas las disciplinas”, subrayó. Su obra sigue inspirando nuevas miradas, nuevas lecturas, nuevos lenguajes. Así lo expresó también Andrés Soria, quien ha dedicado buena parte de su carrera académica a estudiar la literatura española del siglo XX y la obra de Lorca concretamente.
La historia reconfigura los textos, no es que los poemas cambien, pero nosotros los leemos de otra manera según el momento histórico, se resaltó durante la conversación. Un ejemplo citado fue Poeta en Nueva York, escrito en 1929-1930 y publicado póstumamente, cuya interpretación se transformó radicalmente tras acontecimientos como el 11-S. “La literatura la mueve la historia, los poemas estaban ahí, quietos y la historia se encarga de recombinarlos”, explicó Soria. La obra de arte siempre es una transformación, y aunque la literatura no refleja una copia directa de la realidad, los textos del poeta granadino sí presenta una profunda enraización en la vida que lo rodeaba y configura un imaginario reconocible.
A lo largo de la conversación, se destacó también el carácter escénico y cercano del poeta. Lorca era un autor que entendía la importancia del contacto con el público, de la palabra dicha, del gesto vivo. “Era, en cierto modo, un precursor de la performance”, señaló su sobrina, refiriéndose a sus presentaciones, conferencias y lecturas públicas, en las que buscaba romper la distancia con el espectador, algo que provoca la cercanía y el sentimiento enraizado hacia el poeta y su obra.
El encuentro fue también una oportunidad para reflexionar sobre el exilio, la censura, la supervivencia y el dolor que aún permanece. Su asesinato en 1936, en el inicio de la Guerra Civil, lo convirtió en una de las víctimas más emblemáticas del franquismo. Y, como señalaron, no solo él, sino también su cuñado, el alcalde republicano Manuel Fernández-Montesinos, asesinado días antes, marcaron con su muerte el inicio de un largo silencio impuesto. “La memoria viva es importantísima. Aunque no creo del todo en la reparación, las heridas siguen ahí”, sostuvo Laura García Lorca, remarcando que la verdadera forma de honrar a Lorca es mantener su obra en circulación y permitir nuevas lecturas, nuevas interpretaciones, siempre desde el presente.
En ese sentido, se puso de relieve cómo las obras de Lorca siguen encontrando eco en contextos diversos y actuales. “La casa de Bernarda Alba se ha montado en Marruecos, en Teherán", lugares donde la represión que refleja sigue siendo reconocible para muchas mujeres, apuntaron resaltando la actualidad de las obras. Lorca está vivo en artistas, investigadores, estudiosos del mundo. “Su obra sigue produciendo una conexión profundamente personal para muchas personas”, resaltó la sobrina del escritor.
Unos textos que se vieron durante años doblegados por un eco que los mantuvieron encerrados. “Ese silencio se quedó como subterráneo durante años, pero la corriente de amor que generaba Lorca volvió a brotar, primero en el exilio, y luego aquí, hasta hoy”, resaltaron. La familia del poeta, que vivió años de dolor, eligió no destacar sus restos sobre los de otras víctimas. “Pensamos que destacarlo por encima del resto no sería justo. Es una víctima más, entre tantas” resaltó su sobrina. “El hecho de que sus restos estén mezclados con otras víctimas los iguala a todos”, reseñó. García Lorca fue asesinado en 1936 en circunstancias todavía no del todo esclarecidas y su cuerpo nunca ha sido identificado.
Federico García Lorca sigue siendo, casi 90 años después de su muerte, una voz que resiste el paso del tiempo. Su obra, luminosa y trágica, continúa hablando desde el arte, la poesía, el teatro. Y lo hace no solo como legado literario, sino como conciencia ética, como símbolo de lo que nunca debe olvidarse. La figura de Lorca sigue iluminando zonas oscuras de la historia española, al tiempo que acompaña a quienes hoy, en todo el mundo, aún sufren persecución, exilio o silencio.







¡Que buen autor, para tan deficientes elementos!
Que buen autor, para tan deficientes elementos!
¡Que buen autor, para tan deficientes elementos!
Un actividad cultural con peso específico por fin en Melilla.De quién ha sido la iniciativa?,porque del gobierno local me extraña muchísimo.Me gustaría saberlo.De la UGR,de la UNED?