La temporada estival ha llegado a su fin y el balance que hacen desde el sector hostelero melillense es, en líneas generales, de estabilidad respecto al verano anterior. Así lo asegura Chakib Mohamed, presidente de la Asociación de Hosteleros de Melilla, en declaraciones a El Faro de Melilla, quien matiza que este verano “ha sido igual que otros años”, aunque con “un poquito menos de actividad”, especialmente durante el mes de agosto.
El comportamiento del sector no ha sido homogéneo en todos sus ámbitos. Las cafeterías, por ejemplo, han experimentado un descenso de clientela habitual debido a las vacaciones de sus clientes regulares. En cambio, las terrazas destinadas al tapeo y el aperitivo han estado “completitas”, especialmente en fines de semana. Las zonas de ocio, aunque limitadas en número, también han funcionado “perfectamente” en capacidad durante días clave.
Mohamed subraya que no se ha producido un incremento de nuevos negocios, sino más bien una “reubicación” de los existentes, lo que ha contribuido a mantener el dinamismo en determinadas áreas de la ciudad.
El junio más fuerte, un agosto más flojo
Al preguntar por el mes con mayor afluencia, el presidente no duda en señalar junio como el mejor del verano. “Todavía no habían empezado las vacaciones y la gente estaba prácticamente aquí”, explica. En cambio, agosto ha sido “más flojito” que el año anterior. ¿El motivo? “La gente ha viajado muchísimo más este año”, afirma.
Uno de los factores que podría haber influido en este descenso es el retraso en la Operación Paso del Estrecho, que tradicionalmente aporta visitantes y genera movimiento en el sector. Según Chakib Mohamed, esta ralentización impacta directamente en taxis, hoteles y restaurantes. “Si antes pasaban 150.000 personas y ahora solo 50.000 o 60.000, eso se nota”, remarca.
Tipo de cliente
El perfil del cliente ha sido diverso, aunque con una fuerte presencia local. “Los melillenses han seguido saliendo, sobre todo los que no se han ido de vacaciones”, señala el representante hostelero. Además, ha habido un buen flujo de turismo nacional y visitas provenientes de otras partes de España.
El conocido bono turístico ha tenido también su peso en el balance. Aunque su impacto fue más notable el año pasado, cuando se implantó por primera vez, este verano ha mantenido su efecto positivo. “Este año ha ido en la misma línea que el anterior, con un buen resultado”, añade.
Las zonas con mejor y peor rendimiento
En cuanto al comportamiento por zonas, Mohamed destaca el centro de la ciudad como el gran beneficiado del verano. “Ha tenido un buen resultado, cada vez hay más locales y se está centrando la actividad allí, lo que da más color y ambiente”, comenta. Por el contrario, el puerto no ha gozado del mismo dinamismo, quedando rezagado respecto al resto de la ciudad.
Zonas como el barrio del Real, que en el pasado tenía una oferta hostelera más abundante, han perdido protagonismo. “Si somos los mismos, lo único que hay es un cambio en el tema de los usos”, comenta Mohamed, aludiendo a la redistribución del consumo en la ciudad.
Falta de personal, una asignatura pendiente
Uno de los principales retos que arrastra el sector, y que este verano se ha vuelto a evidenciar, es la falta de personal cualificado. “No tenemos personal en Melilla, ni a nivel nacional”, lamenta Mohamed. Los pocos trabajadores disponibles no siempre cuentan con la formación ni la vocación necesarias.
“Hay gente que quiere trabajar, pero solo los fines de semana, y eso es un problema a nivel nacional”, explica, apuntando también a un cambio de mentalidad: la búsqueda de la conciliación laboral ha pasado a primer plano frente a la dedicación total que exige la hostelería. “No es malo, pero es una dificultad más”, concluye.
Otoño e invierno: expectativas moderadamente optimistas
Pese a las dificultades, las previsiones de cara al otoño e invierno no son negativas. Aunque la frontera con Marruecos sigue cerrada, lo que limita las visitas, los usos han cambiado y el sector se ha ido adaptando. “Antes la frontera marcaba muchas cosas, pero ahora no contamos ni con mercancías de ahí, ni con personal, ni con visitantes”, señala el presidente.
La estrategia para los próximos meses pasa por atraer a más visitantes nacionales, fomentar las visitas de amigos y familiares de residentes y aprovechar los recursos que la ciudad ofrece, incluyendo las promociones que puedan organizarse a través de bonos turísticos o eventos locales. También se espera un repunte con la vuelta a la rutina escolar y administrativa, que suele animar a cafeterías y locales de comida rápida.
En definitiva, el sector hostelero melillense ha demostrado este verano una notable capacidad de resiliencia. A pesar de un agosto menos rentable, la tendencia general ha sido de mantenimiento, y se observa un esfuerzo por adaptarse a las nuevas dinámicas de consumo y movilidad.
No obstante, el futuro inmediato no está exento de desafíos: la escasez de personal cualificado, el peso de la economía local sin refuerzo exterior y la necesidad de reinventarse constantemente son realidades que siguen condicionando la evolución del sector. Aun así, los hosteleros de Melilla mantienen la esperanza de que el otoño traiga consigo una reactivación sostenida y nuevas oportunidades para seguir consolidando su papel en la economía de la ciudad.







