El amazige es una lengua afroasiática que forma parte de la familia camítico-semítica. Se habla en diversas regiones del norte de África, como Marruecos, Argelia, Libia, Túnez, Mauritania, Níger, Mali y Egipto. En la actualidad, presenta una notable diversidad interna, con múltiples variedades lingüísticas que difieren entre sí en pronunciación, vocabulario y estructura gramatical. Una de estas variantes es el amazige rifeño, presente en Melilla y en zonas del Rif marroquí.
A pesar de su extensión geográfica y del número de hablantes, el amazige ha sido una lengua escasamente institucionalizada. Su transmisión se ha producido mayoritariamente por vía oral, lo que ha limitado su estandarización, documentación histórica y uso en contextos formales. En Melilla, la variante presente es el rifeño, que forma parte de una constelación de hablas con grandes similitudes pero también con diferencias significativas entre ellas. “Por ejemplo, el rifeño del norte de Marruecos se parece más al que se habla en la zona argelina del norte, por ejemplo el cabilo, que al del sur del mismo Marruecos. Hay una continuidad más horizontal que vertical”, explica Salma Halifa Elidrissi, filóloga, antropóloga y coordinadora de la Cátedra Amazige de Melilla.
La historia de esta lengua refleja la evolución de las comunidades autóctonas del norte de África. Durante la época de la romanización, la lengua se mantuvo en uso en muchas zonas rurales y montañosas que conservaron autonomía cultural. Con la posterior expansión del islam y la arabización, se produjo un proceso de sustitución lingüística en muchos núcleos urbanos, aunque el amazige continuó hablándose en regiones más aisladas, especialmente en áreas montañosas como el Atlas y el Rif. Estudios arqueológicos y fuentes documentales también indican la presencia de comunidades cristianas amaziges en los siglos anteriores a la islamización, lo que sugiere una continuidad lingüística a lo largo de diferentes contextos religiosos y políticos. “Lo interesante es que, a pesar de que el islam entró con fuerza, y también el cristianismo antes de él, la lengua no desapareció. Hay un sincretismo religioso, pero la lengua se ha mantenido. Y eso tiene mucho que ver con el contexto rural y montañoso donde se conservó”, reflexiona Halifa.
El aislamiento geográfico jugó, en este caso, a favor de la pervivencia lingüística. Las poblaciones situadas en entornos montañosos, alejadas de los centros urbanos y administrativos, fueron menos permeables a los cambios impuestos desde el poder. “La dificultad de acceso, las condiciones de vida autosuficientes y la escasa penetración de las instituciones permitieron que muchas comunidades mantuvieran su lengua, sus costumbres y sus relatos intactos durante generaciones”, explica Halifa. En estos contextos, la lengua se convirtió no solo en vehículo de comunicación, sino en refugio identitario.
Desde el punto de vista lingüístico, el amazige presenta características fonológicas y gramaticales que lo diferencian notablemente de las lenguas romances o germánicas. “Fonológicamente, destaca por una gran riqueza de sonidos guturales, que no existen en lenguas como el español". En el plano gramatical, una de las principales diferencias con respecto al español está en la forma de conjugación verbal. “Mientras que en español mantenemos una raíz verbal a la que añadimos afijos, en amazige la raíz misma puede cambiar”, indica Halifa.
Las variedades lingüísticas y la falta de estandarización provoca que "una misma palabra pueda escribirse de formas distintas" dependiendo del sistema empleado o la zona en la que se escriba, señala Halifa. Esta situación representa un obstáculo para la elaboración de materiales didácticos, gramáticas o diccionarios unificados. Pese a esta riqueza lingüística, el amazige es una lengua minorizada, es decir, una lengua que no ha contado con un respaldo institucional sólido, lo cual ha frenado su estandarización. “Estamos aún en debates que otras lenguas resolvieron hace mucho, como la elección del alfabeto”, lamenta Halifa. En este momento, existen tres grandes opciones gráficas: el tifinagh —alfabeto tradicional y oficial en Marruecos—, el alfabeto latino —más usado por la diáspora y en entornos digitales—, y el alfabeto árabe —empleado en algunos contextos históricos, aunque menos extendido hoy día—. “Cada uno tiene su carga simbólica, pero también sus limitaciones. El tifinagh, por ejemplo, tiene una gran fuerza identitaria, pero menos presencia en el sistema educativo o en la tecnología”.
En este contexto, la Cátedra Amazige de Melilla se propone como un punto de partida necesario. Su primer gran proyecto es la elaboración de un curso de nivel A1 de amazige rifeño, inspirado en el Marco Común Europeo de Referencia para las Lenguas. “La idea es crear una base sólida para la enseñanza de la lengua, adaptada a la realidad sociolingüística de Melilla, donde hay mucha interferencia del español y del árabe. Estamos discutiendo, por ejemplo, qué hacer con los préstamos: ¿los integramos? ¿los evitamos? Es una decisión difícil, porque no queremos que la lengua pierda autenticidad, pero tampoco podemos construir un estándar irreal”, afirma Halifa.
El desafío no es solo técnico, sino también político y cultural. ¿Se puede unificar una lengua que no ha sido unificada históricamente? ¿Es mejor preservar las variedades locales o apostar por una estandarización global? ¿Cómo se consigue enseñar una lengua que, hasta hace poco, no tenía presencia académica? Para responder a estas preguntas, la cátedra organiza el próximo mes unas jornadas internacionales con académicos de Alemania Francia, Italia y otras regiones donde se estudia el amazige. “Queremos aprender, compartir y construir redes. Melilla puede ser un puente entre Europa y el norte de África, entre la investigación y la comunidad”, sostiene Halifa.
Pero si hay un motor real que ha sostenido el amazige durante siglos, ese ha sido la tradición oral. Y dentro de ella, el papel de las mujeres ha sido crucial. “Han sido ellas las que han transmitido la lengua, a través de cuentos, canciones, nanas, rituales. Incluso cuando no sabían leer ni escribir, eran bibliotecas vivas”, destaca. Para Halifa, reconocer ese legado es también una forma de justicia histórica. “Durante mucho tiempo se ha despreciado lo oral, como si fuera menos valioso que lo escrito. Pero esa oralidad ha sido el pilar que ha permitido que hoy podamos hablar de recuperación lingüística”.
Aunque la oralidad ha sido un elemento central en la pervivencia de la lengua. Según Halifa, “no existen registros escritos suficientes como para trazar una evolución clara del amazige desde la antigüedad”. Los documentos más antiguos conocidos están vinculados al alfabeto líbico-bereber, del que deriva el actual tifinagh, utilizado aún hoy en algunas comunidades amaziges y reconocido en Marruecos como sistema oficial para escribir la lengua. No obstante, el uso generalizado de este alfabeto no está consolidado, y existen corrientes académicas que proponen el empleo del alfabeto latino o del alfabeto árabe adaptado, lo que ha abierto un debate aún no resuelto.
En este sentido, la Cátedra Amazige trabaja con el objetivo de establecer criterios normativos adecuados para el contexto de Melilla, priorizando el uso real del rifeño que se habla en la ciudad, pero considerando también otras experiencias de estandarización en el ámbito amazige. La lengua no cuenta con una forma estándar unificada que sea aceptada por todas las comunidades. Algunas voces en el ámbito académico han planteado que, dadas las diferencias existentes entre las variedades habladas en distintas regiones, podría considerarse que no se trata de una sola lengua con variantes, sino de un conjunto de lenguas emparentadas como ocurriese con las lenguas romances y su derivación del latín. Otras propuestas apuntan hacia la creación de una lengua estándar común, como sucede con el árabe clásico, empleado como lengua vehicular en contextos formales a pesar de las diferencias entre los dialectos regionales. Diferentes opciones para un desafío respecto a esta lengua ancestral que lleva siglos sobreviviendo fuera de los entornos formales e institucionales.
En Marruecos, el amazige fue reconocido como lengua oficial en la Constitución de 2011, lo que ha permitido su inclusión en el sistema educativo y en medios de comunicación públicos. En España, su reconocimiento se produjo en 2001 mediante la ratificación de la Carta Europea de las Lenguas Regionales o Minoritarias, que incluye al amazige entre las lenguas que deben ser protegidas y promovidas en el territorio nacional. A pesar de ello, su presencia institucional sigue siendo limitada.
En Melilla, el rifeño ha experimentado una disminución de uso entre las nuevas generaciones, debido a la preeminencia del español como lengua de escolarización, comunicación administrativa y acceso laboral. En este sentido, la juventud, asegura, está empezando a reclamar ese legado. “Veo cada vez más interés por la lengua, por los cuentos, por la poesía, por la música. La lengua ya no se ve como algo del pasado, sino como una herramienta para expresar quiénes somos”, dice. Ese movimiento se nutre también de nuevas formas de activismo: arte, literatura, música, creación audiovisual en amazige.
La cátedra busca introducir programas educativos, culturales y de investigación científica que permitan reforzar el conocimiento y el uso de la lengua en contextos diversos. Melilla presenta también una particularidad para poder afrontar este desafío. Además de su estructura social y la contribución del amazige al enriquecimiento del espacio lingüístico en la ciudad, se trata de una localidad situada en el Rif que conecta Europa y África; un nodo significativo para el estudio científico. La Cátedra Amazige de Melilla establece, además, relaciones con otros centros de investigación en Europa y el norte de África que trabajan en el campo de los estudios amaziges. Según su coordinadora, existe un interés creciente en generar redes académicas que permitan compartir recursos, experiencias metodológicas y enfoques pedagógicos. Algunos de los centros de referencia se encuentran en universidades de París y Nápoles, donde ya existen departamentos dedicados a esta área.
Más allá del ámbito lingüístico, el proyecto de la cátedra incorpora también líneas de investigación en historia, antropología, arte y cultura amazige. La intención es ofrecer un enfoque integral que permita documentar, comprender y difundir los diferentes aspectos que configuran la identidad cultural amazige. La Cátedra Amazige representa un paso significativo en la visibilización de la lengua como parte del patrimonio lingüístico y cultural de la ciudad, y establece una base institucional para su estudio, enseñanza y transmisión en el contexto actual.









El idioma es el Tamazight.
Tamazight es en la propia lengua, al igual que no decimos “english” cuando ya existe “inglés”. En español se escribe amazige 😊