Manuel Azuaga participará en un cinefórum de 'Menudas piezas' con estudiantes y presentará su nuevo libro en La Librería. -Cedida por Azuaga-
El ajedrez entendido no solo como juego, sino como herramienta educativa, recurso social y lenguaje cultural, centrará la visita de Manuel Azuaga a Melilla los próximos miércoles 6 y jueves 7. El divulgador participará en el cinefórum de Menudas piezas, dentro de la programación de la Semana de Cine, y presentará ese mismo miércoles, a las 20:00 horas en La Librería, su último libro, Últimos cuentos, jaques y leyendas. Historias dentro y fuera del tablero, con el que cierra su trilogía dedicada a este ámbito.
Lejos de plantear un cinefórum al uso, Azuaga propone un espacio que evolucione en función del público. La actividad combinará el análisis de la película con el uso de ajedrez multimedia y la interacción directa con los asistentes, pudiendo derivar en una dinámica de taller. La intención es que el alumnado no solo observe, sino que participe activamente, trasladando lo que ocurre en la pantalla a su propia experiencia.
La película sobre la que girará esta propuesta, Menudas piezas, dirigida por Nacho G. Velilla, se inspira en la historia real del profesor Enrique Sánchez en el colegio Marcos Frechín de Zaragoza, donde desde los años 80 utilizó el ajedrez para transformar la convivencia en el aula. El relato sigue a Candela, interpretada por Alexandra Jiménez, una docente que regresa a su barrio tras un revés personal y profesional y que encuentra en un grupo de estudiantes con dificultades un reto que acaba transformando tanto al grupo como a ella misma.
Azuaga subraya que la película destaca por su fidelidad a esa experiencia real, también en los detalles. En ese proceso fue clave el trabajo de la maestra internacional María Rodrigo Yanguas, que preparó a los actores para que los gestos y movimientos sobre el tablero resultaran naturales. Este tipo de precisión, explica, marca la diferencia en un ámbito como el cinematográfico, donde el ajedrez ha sido utilizado con frecuencia como recurso visual, pero no siempre con rigor.
Esa presencia del ajedrez en el cine responde, en parte, a su propia historia. Tal y como explica Azuaga, se trata de un juego con más de 1.500 años de trayectoria documentada, con raíces en Persia y difundido posteriormente a través del mundo árabe hasta llegar a la península ibérica durante Al-Ándalus. Desde ese momento, el ajedrez se integró en la cultura europea, evolucionando hasta adquirir la forma actual a partir del siglo XV en España, en el contexto del reinado de Isabel la Católica, cuando se consolidaron reglas fundamentales como el movimiento de la dama o la promoción de los peones.
A lo largo de ese recorrido, el ajedrez ha mantenido una presencia constante en las manifestaciones culturales. Desde los mansuba árabes, problemas de ajedrez con valor estético, hasta su incorporación en el arte contemporáneo, el juego ha servido como una herramienta simbólica para representar el conflicto, la estrategia o la toma de decisiones. Azuaga sitúa en este contexto la figura de Marcel Duchamp, quien integró el ajedrez en su obra y llegó a abandonar la pintura para dedicarse al juego, evidenciando la estrecha relación entre creación artística y pensamiento estratégico.
En el ámbito audiovisual, esa dimensión simbólica ha encontrado un espacio especialmente fértil. El ajedrez aparece en el cine y en las series como un recurso narrativo capaz de condensar tensiones, construir personajes o sugerir procesos internos complejos. En los últimos años, producciones como Gambito de dama han contribuido a renovar ese interés, acercando el juego a nuevos públicos y generando referentes que han tenido un impacto directo en el ámbito educativo, donde, según la experiencia de Azuaga, se ha percibido un aumento del interés, especialmente entre jóvenes que se identifican con este tipo de relatos.
Sin embargo, más allá de su dimensión cultural, el ajedrez mantiene un papel central en el ámbito educativo y social, donde Azuaga ha desarrollado buena parte de su trayectoria durante los últimos quince años. Su experiencia le ha permitido trabajar en contextos muy diversos, desde aulas ordinarias hasta entornos con necesidades específicas o en riesgo de exclusión, donde el juego adquiere una dimensión especialmente significativa. En estos espacios, el ajedrez funciona como un espejo en el que cada persona se enfrenta a sus propias decisiones: no hay factores externos a los que atribuir un error, sino que cada movimiento obliga a asumir responsabilidades de forma directa.
Esa característica convierte al tablero en un escenario privilegiado para trabajar procesos internos como la gestión emocional, la tolerancia a la frustración o la capacidad de análisis. Habilidades como la anticipación —prever lo que hará el otro—, la planificación —trazar una estrategia— o el control de impulsos —evitar decisiones precipitadas— emergen de manera natural durante la partida, generando un aprendizaje que se construye desde la experiencia directa.
Además, en contextos más complejos, ese impacto se vuelve aún más evidente. Cuanto mayores son las dificultades del entorno, más directa resulta la conexión entre lo que ocurre en el tablero y la realidad personal de quienes participan. En estos casos, el ajedrez no solo actúa como una herramienta pedagógica, sino también como un espacio de encuentro, donde se generan dinámicas que favorecen la convivencia y el entendimiento.
Este enfoque ha ido consolidándose con el tiempo hasta materializarse en programas educativos de gran alcance. En Andalucía, donde coordina una de las iniciativas más extensas en este ámbito, el ajedrez está presente en más de 830 centros, con la implicación de cerca de 11.800 docentes y una comunidad que ronda los 200.000 alumnos, reflejando su integración progresiva como recurso educativo transversal.
La visita a Melilla se completa con la presentación de Últimos cuentos, jaques y leyendas, una obra que recoge esa misma mirada cultural. El libro, con prólogo del magistrado Joaquim Bosch, se aleja del formato técnico para ofrecer relatos en los que el ajedrez aparece como elemento narrativo y simbólico, con especial atención al Renacimiento.
De este modo, la presencia de Azuaga en la Semana de Cine se sitúa en una intersección entre educación, cultura y divulgación. A través del cinefórum y la presentación literaria, el ajedrez se plantea como una herramienta capaz de generar diálogo, conectar disciplinas y abrir nuevas formas de interpretar la realidad dentro y fuera del tablero.
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