Por primera vez en los últimos cuatro años, más de la mitad de las parejas que deciden romper su vínculo logran hacerlo mediante un pacto amistoso.
Melilla ha registrado el último ejercicio contabilizado una disminución en el número de las disoluciones legales de pareja, pero, además, también está experimentando un cambio en cómo afrontar el conflicto. Por primera vez en los últimos cuatro años, más de la mitad de las parejas que deciden romper su vínculo logran hacerlo mediante un pacto amistoso, evitando así un enfrentamiento judicial.
Durante el año 2025, se anotaron en los juzgados de la ciudad un total de 189 disoluciones matrimoniales. Esta cifra representa el punto más bajo de un cuatrienio marcado por un descenso progresivo, ya que en 2022 se registraron 199 casos; en 2023 la cifra fue de 195 y en 2024 se situó en 196. En términos globales, el volumen de divorcios y separaciones se ha reducido en un 16% durante los últimos cuatro años.
Un dato que recoge el informe del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) al que ha tenido acceso este periódico es el giro hacia el entendimiento. De las 189 rupturas formalizadas el pasado año, el 53% se rubricaron de forma consensuada. Este porcentaje supone un avance en la estadística local, superando los registros previos de 2024, cuando el acuerdo alcanzó el 46% de los procesos, en 2023 fue del 48,7% y en 2022 apenas llegaba al 39,2%.
En términos absolutos, el pasado año se cerró con 100 casos tramitados por la vía del pacto, una cifra que engloba 97 divorcios y tres separaciones de mutuo acuerdo. En el lado opuesto está la vía contenciosa, que es aquella en la que la falta de sintonía entre las partes obliga a un juez a dictar las condiciones de la ruptura, que fue la elegida en 89 ocasiones, repartidas en 87 divorcios y dos separaciones.
Sin embargo, este clima de entendimiento no se traslada con la misma intensidad a las uniones no matrimoniales. El escenario judicial en Melilla muestra una realidad más compleja cuando se trata de la guarda y custodia de los hijos en los que no hay una unión de pareja oficial. En este apartado, la vía contenciosa supera con creces a la del acuerdo, lo que indica que las parejas de hecho tienen mayores dificultades para pactar el futuro de sus descendientes que quienes disuelven un matrimonio formal.
Los juzgados melillenses tramitaron a lo largo del año pasado un total de 63 procesos de custodia no consensuados, frente a solo 32 que se resolvieron por mutuo acuerdo. Es decir, por cada pareja de hecho que logra pactar la custodia, otras dos terminan enfrentadas ante el magistrado. Además, la conflictividad en este ámbito va en aumento, puesto que los 63 casos de 2025 superan las 51 situaciones producidas en 2024.
Otro punto que incluye la estadística del CGPJ es la modificación de medidas, o lo que es lo mismo, la revisión de las condiciones ya establecidas en una sentencia previa (pensiones, regímenes de visitas o uso de la vivienda). En Melilla, este es el ámbito donde la falta de entendimiento es más evidente. A lo largo de 2025, se registraron 71 cambio de medidas tramitadas sin acuerdo, frente a tan solo 35 que se resolvieron de forma consensuada.
La tendencia a la baja en Melilla se enmarca en un contexto nacional de similares características. En toda España, las 84.424 demandas de disolución matrimonial presentadas en 2025 supusieron un descenso del 11,7% respecto al año anterior. Este retroceso ha sido especialmente visible en las solicitudes no consensuadas, que cayeron un 24,7% en todo el país, mientras que los divorcios amistosos apenas bajaron un 3%.
Por otro lado, las nulidades matrimoniales sumaron 72 en toda España, un 14,3% más que en 2024. No obstante, los expertos y abogados de familia coinciden en que el descenso generalizado en el número de rupturas se debe a factores de índole económica.
El encarecimiento de la vida y, de forma muy señalada, los altos precios de los alquileres, actúan como un freno para muchas parejas que desean romper su relación. Iniciar una nueva etapa vital en solitario, con la necesidad de encontrar una vivienda independiente, resulta inasumible para muchas familias. Señalan en este sentido que cada vez más frecuente encontrar parejas que deciden seguir compartiendo el mismo hogar a pesar de la ruptura emocional, a la espera de reunir los medios necesarios para poder vivir separadas.
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