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Diez ventanas para contemplar a Van Gogh; diez frases para entender un vínculo

La exposición de la Casa del Gobernador propone un recorrido por la obra del artista y la estrecha relación que mantuvo con su hermano Theo

por Alejandra Gutiérrez
26/07/2026 14:59 CEST
Diez ventanas para contemplar a Van Gogh; diez frases para entender un vínculo

La muestra estará hasta septiembre. -AGC-


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Existe una magia especial en el observar sin necesidad de buscar, en el interaccionar con el arte desde la propia vía pública. Allá donde los caminos se cruzan, donde los viandantes pasean, de repente emergen mundos artísticos insinuados e historias del arte. Las calles se convierten así en un escaparate de obras plásticas, de intencionalidad, de cultura, de expresión y de reconocimiento de trayectorias de artistas que han hecho historia.

Es el caso de las ventanas de la Casa del Gobernador. Cuando una persona recorre Melilla la Vieja, entre su propia historia y su valor patrimonial, también encuentra pequeños recovecos museísticos, exposiciones y colecciones que rememoran las distintas culturas de la ciudad, su evolución histórica o dejan espacio para el arte y la expresión artística. Sobre los aljibes del Pueblo, entrando por la Plaza de Estopiñán, donde confluyen las calles San Miguel y de la Concepción, el edificio presidido por la fecha de 1885, junto al Museo Casa del Reloj, vuelve a convertir sus diez ventanas en un museo al aire libre. Cada cierto tiempo, la escena cambia. Si uno se acerca, contempla un pedazo de la historia del arte sostenida por los muros de la fachada del edificio.

Desde este mes de julio y hasta septiembre, ese recorrido está dedicado a Vincent van Gogh. Si el visitante observa con detenimiento, descubre que la muestra no solo reúne algunas de las obras más reconocidas del pintor neerlandés. También deja hablar al hombre que existía detrás del artista. Bajo cada reproducción aparecen frases inspiradas en la correspondencia que mantuvo durante años con su hermano Theo, un diálogo íntimo que convirtió la pintura en confesión y que hoy sigue siendo una de las fuentes más valiosas para comprender su vida.

"Sueño mis pinturas y luego pinto mis sueños" recibe al visitante al inicio del recorrido. Es una declaración que resume la existencia de un creador que transformó el dolor en color y la emoción en pinceladas vibrantes. Nacido en Zundert en 1853 y fallecido en Auvers-sur-Oise en 1890, Van Gogh produjo más de novecientas pinturas y alrededor de un millar de dibujos en apenas diez años. Nunca llegó a disfrutar del reconocimiento que hoy despierta su nombre. Apenas vendió una obra en vida. Sin embargo, su forma de entender el color, la luz y la naturaleza acabaría cambiando para siempre la historia de la pintura.

Sus primeros trabajos, inspirados por la vida de campesinos y obreros, estaban dominados por los ocres y los tonos oscuros, influido por artistas como Jean-François Millet y por su deseo de reflejar la dignidad de la vida cotidiana. Todo cambió cuando se instaló en París junto a Theo. Allí descubrió el impresionismo, las estampas japonesas de Hiroshige y Hokusai y el ambiente artístico de finales del siglo XIX. Poco a poco, su paleta se iluminó. Los amarillos encendidos, los azules profundos y los verdes vibrantes sustituyeron a los colores terrosos. La luz dejó de ser únicamente un elemento natural para convertirse en emoción, y el color comenzó a expresar estados de ánimo más que a reproducir fielmente la realidad.

Aquella evolución culminó en Arlés, donde soñó con crear una comunidad de artistas en la Casa Amarilla. Bajo el intenso sol de la Provenza pintó algunos de sus cuadros más célebres. El paisaje, los campos de trigo, los cipreses, los cafés iluminados o los girasoles dejaron de ser simples escenarios para convertirse en símbolos de esperanza, soledad, serenidad o inquietud. La naturaleza era para Van Gogh mucho más que un motivo pictórico: era un reflejo de su mundo interior.

Pero la exposición de Melilla recuerda que detrás de ese artista existía otra historia inseparable: la de Theo van Gogh. Cuatro años menor que Vincent, compartió con él la infancia en Zundert, donde ambos aprendieron a observar la naturaleza y pasaron horas recorriendo el campo. Cuando Vincent abandonó el hogar familiar para estudiar, comenzaron una correspondencia que se prolongaría durante casi veinte años. Theo conservó aquellas cartas y gracias a ellas hoy conocemos no solo la evolución artística de su hermano, sino también sus miedos, sus dudas, sus ilusiones y su manera de entender la pintura.

Theo fue mucho más que un hermano. Mientras desarrollaba una brillante carrera como marchante de arte en París, comprendió que Vincent necesitaba tiempo para convertirse en el artista que aspiraba a ser. Fue él quien lo animó a dedicarse plenamente a la pintura cuando atravesaba una profunda crisis personal y quien, durante años, le envió una asignación mensual para que pudiera vivir y trabajar sin otra preocupación que la de pintar. "Espero poder ayudarte en todo lo que esté a mi alcance", le escribió, una promesa que cumplió hasta el final de la vida de Vincent.

Ese apoyo nunca fue únicamente económico. Theo fue su primer crítico, su confidente y la persona en quien más confiaba. Cuando Vincent dudaba de su talento, era a Theo a quien escribía. Cuando terminaba un cuadro, quería conocer su opinión. Cuando atravesaba una crisis, buscaba consuelo en sus cartas. El propio Vincent llegó a considerar que todas las obras que realizaba pertenecían moralmente a su hermano, como una forma de agradecer el sacrificio que hacía por él.

Las ventanas de la Casa del Gobernador reproducen ese diálogo a través de las frases que acompañan las pinturas. Bajo el Autorretrato con oreja vendada puede leerse: "Prefiero morir de pasión que de aburrimiento". En La iglesia de Auvers-sur-Oise aparece "El arte es infinito, como la vida misma". Terraza de café por la noche recuerda que "Las grandes cosas se hacen con una serie de pequeñas cosas unidas", mientras que el Retrato del doctor Gachet afirma que "El arte es para consolar a los que están rotos en vida". En La noche estrellada sobre el Ródano el artista confiesa: "Miro las estrellas y sueño"; Campo de trigo con cipreses recoge "Pinto con todo mi corazón"; La habitación de Arlés invita a preguntarse "¿Qué sería la vida si no tuviéramos el valor de intentar cosas nuevas?"; Los girasoles proclaman que "El color es el lenguaje de las emociones", y La silla de Van Gogh resume una de las ideas más íntimas del pintor: "Busco en la pintura lo que no encuentro en la vida".

 

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Tras los años de Arlés llegaron las crisis de salud mental y el ingreso voluntario en el hospital psiquiátrico de Saint-Rémy. Allí continuó pintando porque entendía la creación como una forma de mantenerse vivo. En sus cartas reconocía que la pintura era el mejor remedio para su enfermedad. Un año después se trasladó a Auvers-sur-Oise para estar más cerca de Theo, de su esposa Jo y de su pequeño sobrino, Vincent Willem, para quien pintó el célebre Almendro en flor, símbolo de una nueva vida.

En apenas setenta días realizó alrededor de setenta y cinco pinturas. Era una actividad frenética, casi desesperada. Sin embargo, seguía sintiendo que representaba una carga para su hermano. El 29 de julio de 1890 murió acompañado por Theo, que recorrió cientos de kilómetros para permanecer a su lado hasta el último instante. Seis meses después, incapaz de superar la pérdida, Theo también fallecía. Hoy ambos descansan juntos en el cementerio de Auvers-sur-Oise. Sería Jo van Gogh-Bonger quien conservaría las cartas y las pinturas, organizando exposiciones y difundiendo la obra de Vincent hasta convertirlo en uno de los artistas más admirados del mundo.

Quizá esa sea la historia que realmente cuentan las ventanas de la Casa del Gobernador. No solo la de un pintor que revolucionó el uso del color y convirtió la luz en emoción, sino también la de dos hermanos unidos por una confianza inquebrantable. Uno pintó sin descanso porque necesitaba hacerlo; el otro nunca dejó de creer que aquel talento terminaría siendo reconocido. Gracias a ese vínculo fraternal, el visitante que hoy pasea por el Pueblo no contempla únicamente algunas de las obras más célebres de Vincent van Gogh. Descubre también la historia de un hombre que encontró en el arte su forma de entender el mundo y de un hermano que lo acompañó.

Tags: arteVentanas Casa del GobernadorVicent van Gogh

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