La Fundación Franz Weber ha criticado con dureza al Gobierno de Melilla por su participación en el nuevo Premio Nacional de Tauromaquia impulsado por una entidad madrileña. Según la organización, esta colaboración supone una desconexión evidente entre el Ejecutivo local y la realidad cultural de su ciudadanía, que muestra un escaso interés por este tipo de espectáculos.
La crítica llega tras conocerse que el Ejecutivo melillense figura como colaborador institucional del galardón taurino, creado para sustituir al Premio Nacional de Tauromaquia que fue eliminado en 2023 por el Ministerio de Cultura tras una consulta pública. Esta información no fue difundida por la propia Ciudad Autónoma, sino que fue revelada por los organizadores del evento a través de una nota de prensa.
La Fundación Franz Weber ha denunciado la falta de transparencia en torno a este apoyo. No se ha especificado si implica financiación pública, ni qué tipo de colaboración se ha establecido, ni si ha habido deliberación política previa en la Asamblea. Para la organización, esto evidencia que se trata de una “decisión opaca” que no responde al interés general, sino a una motivación ideológica.
Según la Encuesta de Hábitos y Prácticas Culturales 2024-2025, elaborada por el Ministerio de Cultura, más del 95% de la población de Melilla y Ceuta no asistió a ninguna corrida de toros durante el último año. Aunque no se ofrece un desglose específico por ciudad, los datos reflejan una tendencia clara en ambas autonomías: la tauromaquia no forma parte del consumo cultural habitual de su ciudadanía.
A pesar de este panorama, el Gobierno melillense ha sumado su apoyo institucional a un galardón que, según la Fundación Franz Weber, responde más a una estrategia de confrontación política con el Gobierno central que a una verdadera promoción cultural. “Se impone una actividad minoritaria como si la ciudad debiera entregar un premio por el ínfimo peso de la tauromaquia en Melilla”, han señalado desde la entidad.
Actualmente, Melilla solo alberga una corrida de toros al año, organizada directamente por la Ciudad Autónoma mediante distintos contratos públicos. La asistencia a este evento, además, ha disminuido en los últimos años, lo que refuerza, según la fundación, que se trata de una actividad con escasa demanda. No obstante, el Ejecutivo local continúa destinando fondos públicos tanto a la celebración de la corrida como a la subvención de asociaciones taurinas, algo que la organización califica de “injustificado”.
La fundación también recuerda que esta actuación institucional se produce sin haber sido consultada con la Asamblea de Melilla, lo que constituye, en su opinión, un desprecio al procedimiento democrático. “No se puede seguir promoviendo la tauromaquia con recursos públicos sin un debate político abierto ni una evaluación real del interés ciudadano”, añaden.
La eliminación del antiguo Premio Nacional de Tauromaquia por parte del Ministerio de Cultura se produjo tras una consulta pública en la que la mayoría de las aportaciones respaldaron su supresión. La creación del nuevo premio por parte de una fundación madrileña surge como respuesta directa a esa decisión estatal, y busca visibilizar apoyos institucionales simbólicos como el de Melilla.
Para la Fundación Franz Weber, el respaldo melillense a esta iniciativa responde a intereses políticos y no culturales, y exige al Ejecutivo local que aclare los términos de su colaboración. “Es necesario saber si se ha comprometido dinero público, qué papel desempeña Melilla en la organización del evento, y por qué se toma una decisión así cuando la ciudadanía está dando la espalda a estas prácticas”, concluyen.








En Melilla, una Ciudad tan étnicamente dividida, es difícil, prefijar el tanto por ciento, de aficionados existentes, así como de asociaciones allegadas a este fin, aunque se ha de suponer, qué, por prohibir las corridas, no va a aumentar proporcionalmente, ni de ninguna otra forma, la cultura de un pueblo, porque ahora que lo han prohibido en muchos sitios, en esos lugares, no ha aumentado proporcionalmente la cultura de sus pobladores. ¿Porqué, será?
Yo también lo critico.
En Melilla, una Ciudad tan étnicamente dividida, es difícil, prefijar el tanto por ciento, de aficionados existentes, así como de asociaciones allegadas a este fin, aunque se ha de suponer, que por prohibir las corridas, no va a aumentar proporcionalmente, ni de ninguna otra forma, la cultura de un pueblo, porque ahora que lo han prohibido en muchos sitios, en esos lugares, no ha aumentado proporcionalmente la cultura de sus pobladores. ¿Porqué, será?