La crisis y la delicada situación por la que atraviesa el país están dando pie a continuos llamamientos a la unidad y a la cooperación. El último fue ayer, en la sede del PP en la calle Génova. Allí se reunieron los principales dirigentes del partido que Gobierna en casi toda España para escenificar el compromiso evidente de que están de acuerdo en asumir el esfuerzo compartido como única solución para dar la vuelta a la situación económica. Cada vez cala más el mensaje de que cuando el país deje atrás la crisis será porque ha habido un impulso conjunto en la misma dirección.
Sin embargo, hay inercias que son difíciles de cambiar con independencia de que el dinero fluya con más o menos fuerza de las arcas del Estado. Ahí están, por ejemplo, los nacionalistas de CiU, dispuestos a ‘vender’ lo que ahora definen como “complicidad” a cambio de 219 millones que consideran que les corresponden por el Estatut. Su voto no es el único que tiene ‘precio’, también valen su peso en oro los diputados del PNV y los acomodadizos nacionalistas canarios.
Frente a esos pactos superfluos, siempre al alcance de la mano de quien pueda pagar por ellos y los necesite en determinadas circunstancias políticas, está el que en situaciones como las actuales deberían insistir en alcanzar el PP y PSOE. El acuerdo que verdaderamente necesita el país es al que deberían estar dispuestos a llegar Mariano Rajoy y Alfredo Pérez-Rubalcaba. El primero, presidente de un Gobierno que se apoya en una mayoría parlamentaria absoluta, no necesita el respaldo del principal líder de la oposición para sostenerse en el poder durante los próximos cuatro años y desarrollar las políticas que considere oportunas. Pero en estos momentos un pacto de estado sí daría solidez a sus medidas, permitiría verlas como un plan a largo plazo con independencia de quién esté en el Gobierno y aportaría calma a quienes permanente examinan la evolución económica del país.