Los agentes de la Guardia Civil que intentan evitar la entrada de inmigrantes a través del vallado fronterizo no tienen nada fácil su tarea. Efectivos del Instituto Armado detallaron ayer a El Faro que acometen esta labor con menos equipo del que les gustaría y haciendo frente a riesgos en los que nadie repara.
El primero se ellos se da cuando los inmigrantes arrojan piedras a los agentes desde Marruecos, antes de saltar, para dispersar a los guardias civiles . Los agentes de la Benemérita, que salvo un casco carecen de cualquier protección, tienen entonces dos opciones: Esquivar la trayectoria de las piedras como puedan o guarecerse al pie de la valla en busca de cobertura. Esta última puede parecer la decisión más idónea, pues los inmigrantes carecen de ángulo para lanzar objetos e impactar sobre los agentes.
No obstante, el riesgo de situarse a los pies de la valla es que los subsaharianos se tiran encima de los agentes desde lo alto. “La valla tiene unos seis metros de altura y los inmigrantes no dudan en saltar. Si ven que hay un guardia civil debajo, se arrojan sobre él. Así amortiguan la caída y lo dejan fuera de combate. A mí me ha pasado”, narra uno de los agentes del Instituto Armado que presta servicio en el perímetro.
Otro de los peligros, al margen del enfrentamiento cuerpo a cuerpo con los subsaharianos, es perseguir a los inmigrantes que logran acceder a Melilla por la noche. Los alrededores de la valla están totalmente a oscuras y llenos de vegetación, zanjas y desniveles. Los agentes siguen a los subsaharianos que han logrado colarse con la única ayuda de sus linternas, que habitualmente utilizan para alumbrar el terreno sobre el que están corriendo. “Los subsaharianos empiezan a huir y les da igual por dónde. Saben que si lesionan lograrán su objetivo, que es quedarse en la ciudad. No dudan en escapar por el terreno más abrupto sin mirar por dónde pisan”, señaló la fuente de El Faro a este periódico.








