El barrio del Rastro vuelve a ser escenario de cultura, paseo y encuentro con la programación especial de Ramadán 2026 impulsada por Oxígeno Laboratorio Cultural en colaboración con la Consejería de Cultura, Patrimonio Cultural y del Mayor. Una propuesta que comenzó el pasado 21 de febrero con una nueva edición de ‘Explora’ y que continuará en las próximas semanas con una ruta poética y una caza del tesoro familiar, todas ellas con un denominador común: vivir el espacio público como lugar de memoria, descubrimiento y convivencia.
La primera cita reunió a más de medio centenar de personas en la Plaza Comandante Benítez, punto de partida de un recorrido por el Rastro que invitó a detenerse, observar y escuchar el barrio. De la mano de José Oña y del equipo de Oxígeno, los participantes fueron enlazando rincones, historias y detalles que forman parte del paisaje cotidiano pero que no siempre se miran con atención.
Para Francesco Bondanini, fundador de Oxígeno Laboratorio Cultural, caminar la ciudad no es solo trasladarse de un punto a otro. “Es una forma de conocerla, de leerla”, explica. El proyecto nació en 2015 y ‘Explora’ fue una de las primeras actividades que pusieron en marcha. Diez años después, la filosofía sigue intacta: sacar la cultura a la calle y, especialmente, a barrios que quedan fuera del circuito habitual del centro.
La apuesta por el espacio público no es casual. Oxígeno ha construido su trayectoria sobre la idea de que la cultura puede y debe desarrollarse en los barrios, en contacto directo con la vida cotidiana. No se trata de grandes escenarios ni de espacios cerrados, sino de recorrer calles, detenerse ante una fachada, compartir una lectura en medio del paseo o convertir una plaza en punto de encuentro.
“Somos un proyecto modesto, humilde”, reconoce Bondanini. Pero precisamente en esa sencillez reside su fuerza. El colectivo trabaja con una red de colaboradores que comparten la misma convicción: acercar la cultura a lugares donde habitualmente no se programan este tipo de actividades. José Oña es uno de los nombres que acompaña con frecuencia estas rutas, junto a otras personas que creen en esta manera de hacer, basada en la cercanía y el entendimiento común del proyecto.
Tras el ‘Explora’ inicial, la programación continuará el viernes 28 de febrero a las 11:00 horas con la ‘Ruta Poética: Recorrido literario por la poesía del Rif’. Esta propuesta conecta con una línea de trabajo que Oxígeno desarrolla desde hace años y que tiene su origen en el barrio de Ataque Seco. Allí, el callejero dedicado a escritores sirvió como punto de partida para crear recorridos literarios en los que el grupo se detenía en distintas calles para leer e interpretar versos vinculados a los autores que daban nombre a esas vías. Pasear por una calle dedicada a un poeta y detenerse a recitar sus palabras convertía el trayecto en una experiencia distinta, donde historia, memoria y literatura se entrelazaban.
Con motivo del Ramadán, ese formato se traslada otro año más al Rastro, adaptando la temática a la poesía del Rif. A lo largo del recorrido se realizarán paradas en las que se leerán e interpretarán poemas de autores vinculados a esta tradición literaria. Las lecturas serán en castellano y estarán integradas en el propio paseo, sin solemnidad excesiva, con un tono cercano que permita al público escuchar, participar y dejarse llevar por la experiencia.
El grupo previsto será más reducido, entre 20 y 30 personas, para favorecer la escucha y la interacción. Porque, como subraya Bondanini, cada ruta es distinta. El clima, el viento, la luz del día o la propia actitud del grupo influyen en el desarrollo del recorrido. Aunque los textos puedan repetirse, la vivencia nunca es exactamente la misma. Y eso forma parte de su esencia.
La programación se cerrará el sábado 7 de marzo a las 11:00 horas con ‘Caza del Tesoro para la Infancia — Tesoros escondidos en el Rastro’, una actividad que cambia el registro literario por el juego, pero que mantiene el espíritu del proyecto: vivir el barrio de forma activa y compartida.
En este caso, la propuesta se plantea como una yincana dirigida a familias. Los participantes se organizarán en pequeños equipos formados por dos o tres familias, aproximadamente seis personas por grupo. Padres, madres, hijos, abuelos o tíos colaborarán para resolver pistas y avanzar hasta encontrar el tesoro final. Durante el recorrido deberán resolver pistas y responder a preguntas de conocimiento básico relacionadas con el entorno: detalles arquitectónicos, elementos concretos de edificios o aspectos visibles del barrio que obligan a mirar con atención. El objetivo no es solo jugar, sino aprender mientras se camina, descubrir aspectos del Rastro que muchas veces pasan desapercibidos.
La actividad tiene un límite de participantes, no más de quince personas en total, para que el desarrollo sea manejable y dinámico. Pero más allá de la logística, la intención es generar recuerdos compartidos. Bondanini destaca que muchas veces el ritmo diario deja poco espacio para el juego en familia. La caza del tesoro propone precisamente eso: reservar una mañana para caminar juntos, colaborar, pensar en equipo y disfrutar. Crear memoria. Que, con el paso del tiempo, ese paseo por el Rastro quede asociado a una experiencia concreta, a un momento vivido con los hijos o con los nietos.
Esa construcción de recuerdos forma parte también del enfoque del proyecto. Caminar un barrio, recitar un poema en una esquina o buscar una pista en una fachada no son solo actividades puntuales, sino momentos que se integran en la memoria colectiva y personal.
Todas las actividades son gratuitas y requieren inscripción previa a través de la web de Oxígeno Laboratorio Cultural. La organización recomienda reservar con antelación debido al límite de plazas en algunas de las propuestas, resaltando que aún existen plazas disponibles para las actividades del 28 de febrero y 7 de marzo. Con algo más de diez años de trayectoria, Oxígeno Laboratorio Cultural mantiene así su apuesta por una cultura cercana, compartida y arraigada en el espacio público. En este Ramadán 2026, el Rastro se convierte nuevamente en escenario de literatura, juego y convivencia, demostrando que la ciudad también se descubre caminándola juntos.








