Melilla se moderniza. Tras años luchando contra los problemas de siempre —basura, encharcamientos, ruedas abandonadas—, ahora tenemos un problema nuevo y muy al día: el mosquito tigre. Porque, claro, lo que nos faltaba era un bichito más pequeño que el mosquito común pero con el ego de un león.
Según Manuel Tapia, experto en temas ambientales, estos diminutos "vecinos" llegaron a España escondidos en un cargamento de ruedas usadas procedentes de Italia. Porque hasta para viajar estos mosquitos tienen más estilo que nosotros: llegaron en business class camuflados entre neumáticos de segunda mano.
Sus credenciales son impresionantes:
- Pican de día (porque trabajar de noche ya no está de moda)
- Se especializan en piernas (tienen sus preferencias, como buenos gourmets)
- Dejan marca durante una semana (para que no te olvides de ellos)
- Son más pequeños que los mosquitos tradicionales pero con mucha más personalidad
¿Y por qué han elegido Melilla? Porque somos muy hospitalarios. Les hemos preparado el terreno perfecto:
- Encharcamientos con algas en zonas ajardinadas (agua putrefacta, como a ellos les gusta)
- Cientos de ruedas abandonadas en cauces y periferias (sus apartamentos favoritos)
- Lavadoras y neveras abandonadas por toda la ciudad (viviendas de lujo con piscina incluida)
- Sistemas de riego deficitarios que crean charcos permanentes (spas naturales)
Como explica Tapia: "En esos cientos de ruedas que están sacando del río, esas ruedas se mantienen en el agua. Y tienen una zona increíble para criar porque allí no hay depredadores, el agua está quieta, está a la sombra y no se seca".
La recomendación de los expertos es clara: si quieres ir al Parque de la Cañada este verano, prepárate como si fueras de safari. Repelente, pantalón largo, o las dos cosas. Porque nuestros nuevos vecinos han convertido las zonas verdes en su territorio particular.
"Ya hay que plantearse llevar en verano repelente o pantalón largo cuando vayamos a una zona jardinada", advierte Tapia. Vamos, que ir al parque ya requiere más equipamiento que una expedición al Ártico.
Estos mosquitos no han llegado solos. Son embajadores de la globalización. El problema, según Tapia, es esa movilidad de transporte que "no había antes". Porque antes los mosquitos eran más de turismo rural y ahora se han vuelto cosmopolitas.
Pero el verdadero riesgo no es que piquen —que también—, sino que hagan de mensajeros. Si alguien llega a Melilla con dengue, chikungunya o zika, estos pequeños colaboradores pueden convertirse en el servicio de reparto más eficiente de la ciudad.
¿Vienen para quedarse?
Más bien sí. El cambio climático ha puesto la alfombra roja: temperaturas más altas, menos frío extremo. "El mosquito no podría vivir con otra temperatura, no con el frío. El frío acaba con ellos. Y ahora ya no hace ese frío".
Así que bienvenidos a la nueva Melilla del siglo XXI: donde los problemas de siempre se visten de emergencia sanitaria y donde cada charco abandonado se ha convertido en un cinco estrellas para mosquitos con apellido.
La moraleja: después de años ignorando la basura, los encharcamientos y los vertidos ilegales, ahora resulta que todo eso importa. Porque ha llegado alguien más pequeño que nosotros, pero con mucha más capacidad para hacernos la vida imposible.









Los inútiles, Ventura y la menea trasero de Randa están esperando a que empiecen a ocurrir desgracias. Imbroda el primer interesado pa seguir echando la culpa a la herencia del anterior gobierno o directamente a Sanchez como de costumbre aunque cueste plagas o fiambres humanos como en Madrid con los 7291 de Ayuso o en Valencia con los 238 de Mazón.