Asturias reúne en un territorio relativamente pequeño algunos de los paisajes más reconocibles del norte de España. La costa cantábrica, los valles verdes, los bosques, los pueblos marineros y las montañas de los Picos de Europa forman parte de un territorio donde naturaleza y tradición se encuentran prácticamente a cada paso.
Viajar por el Principado permite alternar visitas a ciudades con recorridos por pequeños pueblos, playas, espacios naturales y enclaves rurales. A ello se suma una gastronomía con identidad propia, en la que la sidra ocupa un lugar destacado y comparte protagonismo con platos como la fabada, el cachopo o los quesos asturianos.
Oviedo, el corazón de Asturias
La capital del Principado es uno de los principales puntos de partida para conocer la región. Oviedo combina un casco histórico de calles peatonales, plazas y edificios monumentales con una importante presencia de arquitectura prerrománica.
La catedral de El Salvador es uno de los edificios más representativos de la ciudad. En torno a ella se extiende el casco antiguo, donde se encuentran algunas de las plazas más conocidas de Oviedo. La plaza del Fontán, por ejemplo, conserva el ambiente tradicional de la ciudad y constituye uno de los espacios más reconocibles para pasear.
El prerrománico asturiano es uno de los grandes elementos patrimoniales de la región. Cerca de Oviedo se encuentran Santa María del Naranco y San Miguel de Lillo, dos construcciones vinculadas al periodo del Reino de Asturias y declaradas Patrimonio Mundial por la UNESCO junto con otros monumentos prerrománicos asturianos.
Gijón, una ciudad abierta al Cantábrico
La costa adquiere protagonismo en Gijón, una de las ciudades más importantes del Principado. Su relación con el mar se aprecia especialmente en la playa de San Lorenzo, que se extiende junto a buena parte del centro urbano.
El paseo marítimo permite recorrer la bahía mientras se disfruta de una de las estampas más características de la ciudad. En el extremo occidental se encuentra Cimavilla, el antiguo barrio de pescadores, donde las calles estrechas recuerdan el pasado marinero de Gijón.
El cerro de Santa Catalina ofrece además una panorámica sobre el Cantábrico y la ciudad. Allí se encuentra la conocida escultura Elogio del Horizonte, obra de Eduardo Chillida, convertida con el paso del tiempo en uno de los símbolos de Gijón.
Llanes y la costa oriental
El litoral asturiano ofrece numerosos pueblos que conservan una estrecha relación con el mar. Entre ellos destaca Llanes, cuyo casco histórico y puerto forman parte de uno de los conjuntos urbanos más visitados del oriente asturiano.
Uno de sus elementos más reconocibles son los Cubos de la Memoria, intervención artística de Agustín Ibarrola sobre los bloques de hormigón que protegen el puerto. El municipio también cuenta con numerosas playas y acantilados, además de los conocidos bufones, formaciones costeras por las que el agua y el aire pueden salir con fuerza cuando las condiciones del mar son adecuadas.
Muy cerca se encuentran otros enclaves costeros como Ribadesella, situada en la desembocadura del río Sella. La localidad combina playa, patrimonio y paisaje y es también uno de los lugares vinculados al descenso del Sella.
Los Picos de Europa
El paisaje cambia radicalmente al adentrarse en las zonas montañosas. Los Picos de Europa constituyen uno de los grandes atractivos naturales de Asturias y ofrecen numerosas posibilidades para quienes buscan rutas y contacto directo con la naturaleza.
En este entorno se encuentra Covadonga, uno de los lugares de mayor importancia histórica y religiosa del Principado. El Santuario de Covadonga se encuentra en un entorno montañoso dominado por la basílica y la Santa Cueva.
Desde allí parte la carretera que conduce a los lagos de Covadonga, uno de los paisajes más conocidos de Asturias. Los lagos Enol y Ercina se encuentran rodeados de montañas y praderas, y forman parte del Parque Nacional de los Picos de Europa.
La montaña asturiana también está marcada por pequeños pueblos, caminos tradicionales y valles donde todavía se mantienen actividades ganaderas que forman parte de la identidad rural del Principado.
Cudillero, una postal marinera
En la costa occidental, Cudillero es uno de los pueblos más característicos de Asturias. Sus casas de colores se distribuyen por las laderas que rodean el puerto, creando un paisaje urbano muy reconocible.
El pueblo puede recorrerse a pie a través de sus calles y miradores. Desde las zonas altas se obtiene una perspectiva diferente del puerto y de las viviendas escalonadas sobre la montaña.
La cercanía del mar también se refleja en su gastronomía, con presencia de pescados y mariscos entre los productos habituales de la cocina local.
Una gastronomía ligada al territorio
La gastronomía asturiana es otro de los grandes atractivos de la región. La fabada es probablemente el plato más conocido y se elabora tradicionalmente con fabes y productos cárnicos. También destaca el cachopo, preparado habitualmente con filetes de ternera rellenos y empanados.
Los quesos ocupan igualmente un lugar importante. Asturias cuenta con una amplia tradición quesera y entre sus variedades más conocidas se encuentran el Cabrales, el Gamonéu, el Afuega'l Pitu y el Casín.
La sidra completa buena parte de la experiencia gastronómica. Su elaboración y consumo forman parte de la cultura asturiana y las sidrerías son espacios habituales para disfrutarla acompañada de platos tradicionales.
Una tierra para recorrer sin prisa
Una de las características que hacen de Asturias un destino especialmente atractivo es la diversidad de paisajes que pueden encontrarse en distancias relativamente cortas. En un mismo viaje es posible pasar de una ciudad costera a un pueblo marinero y, poco después, adentrarse en valles y montañas.
La variedad también permite plantear el viaje de diferentes maneras. Las ciudades ofrecen patrimonio, museos y vida urbana; la costa permite descubrir playas, acantilados y puertos; y el interior abre la puerta a rutas, bosques y pueblos rurales.
Asturias es, en definitiva, un territorio para recorrer con calma. Sus paisajes verdes, su costa, sus montañas, sus pueblos y su gastronomía conforman una identidad propia que se descubre tanto en los grandes lugares turísticos como en los pequeños rincones que aparecen durante el camino.








